¿Para qué tantos bolsillos falsos
si hemos reunido agallas para recoger la tierra y su dolor?
Me detengo a escuchar, no por valentía
sino porque al abrir la puerta
puede haber una tristeza adentro
con mi voz prestada,
que al verse sorprendida
sudará de vergüenza hasta evaporarse.

Ojalá me acepten aquellos que recogen plátanos de los cirros
o quienes voluntariamente anuncian
la ausencia de la carne por la radio.
están cansados y suenan como vestigios,
ecos de aplausos futuros.
Son animales devorados por el mañana y su cielo
que suelen caminar con la ternura de la mano

Miro al hombre con una serpiente sobre el ojo
Y no lloro, porque (no sé cómo) he aprendido
a soportar con los dientes
las insinuaciones del destrozo,
pero sucede que, poco a poco,
hasta los hábitos que me han dejado
reconocer (apenas) los paraísos ajenos
se van arrugando en estos espacios vencidos

Hasta la lengua, que solo humedecimos para quejarnos
nos ha dejado en posición fetal junto a bejucos dibujados:
pobres pájaros con su médula perdida
pobre mueca dispersa entre tus labios

no sé ustedes
pero si me quedo en una esquina
no me crean
incluso si sonrío entre las piedras,
incluso si al recogerme,
planean en futuro dejarme como resto
flotando entre la espuma.
No me crean
Porque me he rendido

Escrito por Salenka Chinchin

Salenka Chinchin (Quito,1998). Estudiante de Artes Liberales/ Humanidades. Universidad San Francisco de Quito