Me conformo con tan poco

El bar estaba medio vacío,

la birra era mala

y vos tomabas sin parar.

Salí a fumar al patio

y me acordé cuando podía hacerlo

sin problemas adentro.

 

(nos prohíben todo, nos sacan lo mejor).

 

La música sonaba tan alta

que cada vez que me gritabas al oído

tu voz temblaba.

Sacaste un porro y nos fuimos

a fumar a la vuelta.

 

(antes los pibes tomaban en la mesada del baño).

 

Te miré el escote,

y te diste cuenta. Sabías que tenías todo controlado.

Me sacaste la tuca,

y los dedos se me quemaron con la brasa larga;

entonces sacaste un cartón del paquete de cigarrillos

armaste una tuquera.

 

(estábamos locos, los ojos nos sangraban).

 

Me preguntaste:

¿Por qué seguís con la escritura?

Te respondí:

No puedo dejarlo, como al escabio.

Te reíste con todos los dientes,

prendiste un pucho y me lo pasaste.

 

La complicidad era perfecta,

sin embargo, cuando te pedí que me ayudes

con unos versos, ideas sueltas y anotaciones que tenía,

me dijiste que el taller lo dabas los sábados,

de seis a nueve, en la zona de Congreso.

 

(todo tiene un precio, incluso cuando la chica que te gusta se

va con vos al telo).

 

Nunca pago el taxi,

pero esa noche lo hice porque estabas muy borracha.

Aunque me hubiese encantado

verte sobria en la ducha cantando,

con todo el jabón chorreando por la espalda

hasta la rejilla llena de pelos

donde todo se va a los caños;

o pasándote crema por las piernas,

con la toalla enroscada en el pelo

y las tetas como dos gotas

colgando hacia abajo.

 

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Cigarrillos y whisky con Foucault

Leer a Foucault de madrugada

después de una semana de laburo,

no sé si me produce placer

o confirma mi desazón que arrastro

desde chico

cuando decía que no quería ir a la escuela.

 

Nunca entendí bien

ese consejo que me daban

de no pensar tanto en las cosas.

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Todo en orden campeón

Los locos dopados en los neuropsiquiátricos

sufriendo,

los adictos tomando para

no bajar,

los borrachos de caravana por los bares,

o los solitarios

abrazados a la botella hasta perder

la noción,

gente muriendo en los hospitales,

familias durmiendo

en la calle;

yo acá, en la vereda fumando un cigarrillo,

acelerando mi muerte

y buscando vaya a saber que felicidad.

Todo está en orden,

mañana hay que madrugar.

 

Pasó el reviente (Editorial el ojo del mármol 2017)

Escrito por Jesús Iribarren

Nací en Coronel Pringles, Provincia de Buenos Aires, en 1985. Actualmente resido en Olavarria, Provincia de Buenos Aires. Soy abogado y escribo. Publiqué como finalista del III Premio Internacional de poesía Jovellanos el poema "Los fracasos llevan tiempo", incluido dentro de la antología de ediciones Nobel (2016, España). "Vergüenza", se editó en 2017 (Zindo & Gafuri Ediciones). "Pasó el reviente", se editó en 2017 (El ojo del mármol)