Definir “lo poético” ha sido una tarea continuada por cada generación en un contrapunto entre teóricos y poetas. Más allá de las múltiples dislocaciones de ese par (poetas-teóricos, poetas anti-teóricos y teóricos a-poéticos), lo que siempre se ha buscado es la clausura positiva de un resto. En cada época algo no entra y alguien sella que ese descarte es el bien de la poesía. Entrar en esta discusión implica explorar una oscura zona de certezas que anida en la reproducción de ciertas certificaciones instaladas en las palabras “poeta”, “poema”, “literatura”, etc. Mientras que el análisis de ese resto habilita una resistencia al statu quo y una crítica que excede al canon y sus influjos. La posición del yo descartado no puede ser caracterizada por un molde estético en particular sino que su razón está en la incomodidad de permanecer en lo “indefinible”. Así ocurre en la escritura que sostiene una presencia del cuerpo como rasgo sustancial, vinculado al planteo que ha hecho Jean-Luc Nancy en tanto esencia política del pensamiento: “El cuerpo (…) es lo que la escritura escribe” (Nancy, 1992).
Tomo un caso concreto:

Lo que hacen los vivos

Johnny, hace días que el fregadero está tapado, algo debe haberse caído por ahí
y el Drano no funciona, huele peligroso, y los platos sucios se apilan

a la espera del plomero que no he llamado. De esas cosas hablábamos.
Invierno: el cielo, azul, obstinado, la luz derramándose

por las ventanas abiertas: la calefacción está muy fuerte y no la puedo apagar.
Hace semanas, mientras manejo, o cuando se me cae la bolsa de compras en plena calle,

que pienso: Esto es lo que hacen los vivos. Y ayer, apurada por
las veredas rotas de Cambridge, mientras se me derramaba el café por la manga,

lo pensé otra vez. Y otra vez después, mientras compraba un cepillo: Esto es.
Estacionar. Cerrar la puerta del auto en medio del frío. Lo que llamabas ese anhelo.

Lo que abandonaste al fin. Queremos que llegue la primavera y que pase el invierno. Queremos
que alguien llame o que no llame, una carta, un beso —queremos más y más y aún más de ello.

Pero hay momentos, al caminar, cuando me vislumbro fugazmente en la vidriera
de la tienda de la esquina, por ejemplo, que siento un amor tan profundo

por mi propio pelo en el viento, mi rostro cuarteado, mi abrigo, que me quedo sin palabras:
Estoy viva. Y te recuerdo.

Marie Howe
Traducción: Mori Ponsowi en Revista Fénix, N° 13, Abril 2003

Si bien la poesía de Marie Howe (Nueva York, 1950) ha tenido el reconocimiento de las instituciones tradicionales, expone ciertas tesis conflictivas en el campo contemporáneo: a) las expresiones domésticas pueden incrustarse en los poemas;
b) las expresiones domésticas habilitan una conflictividad del género en relación al lenguaje;
c) un yo en eclipse con el sujeto puede confrontar a otras poéticas (barroquismo, experimentalismo, etc.) desde una construcción del cuerpo como trazo/rasgadura intermitente en una forma despojada.
Esta última tesis es la que acerca la obra de Howe a los restos de lo no poético (uso con ironía este concepto que nos va quedando vacío). La propia autora ha dicho en una entrevista (Howe, 1997): “I wanted to take pictures without my thumb showing, without obscuring the lens. I didn’t want anyone to think I was taking the picture. I wanted them to say: Look at that. You know when you go out in the world after some time and you see” (“Quería tomar fotografías sin mostrar mi pulgar, sin oscurecer la lente. No quería que nadie pensara que yo estaba tomando la fotografía. Quería que dijeran: Mira eso. Como cuando sales al mundo exterior después de un tiempo y ves”). Hay una cuestión esencial en estas palabras: su plan creativo está fundamentado en una intención personal, y al mismo tiempo, esa intención implica un desplazamiento del yo; lo aclara de este modo: “What I wanted was that kind of transparency, without me in the way. And also without metaphors” (“Lo que quería era esa clase de transparencia, sin mí en el camino. Y además sin metáforas”). Notamos que el cuerpo no es un obstáculo entre el yo y la mirada sino todo lo contrario, es un punto de contacto que puede atravesarse de ida y vuelta.
Una forma posible de pensar esto es a partir de dos conjuntos. En uno lo definidamente poético y en el otro los restos, esas escrituras transparentes. En términos del poeta peruano Mario Montalbetti, en el conjunto 1 tendríamos una escritura que ha perdido la fe en el lenguaje y en el conjunto 2 una que todavía cree que puede “hacerlo decir lo que se quiere” (Montalbetti, 2016). El autor discípulo de Noam Chomsky afirma preferir la poesía del conjunto 1 poniendo como exponente a Arguedas. Ahora bien, lo que resulta necesario en este punto es pensar qué hay en esa transparencia que Howe y tantos otros cultivan hoy. ¿Habrá algo que trascienda la simplificación de Montalbetti? No intentaré una apología de esa línea, pero sería apropiado señalar los puntos de fuga que hacen a la incomodidad de quien reduce poesía a lenguaje.
La pérdida de la fe en la transparencia (que ha dado corrientes como la renombrada L=A=N=G=U=A=G=E Poetry) capitaliza su distancia con el lenguaje coloquial en tanto compone una novedad. En cambio, la escritura que borra las evidencias del acto creativo parece estar ofreciendo lo absurdamente gratuito: lo que ya estaba. ¿Es todo? Pues lo sería si concediéramos omitir un pequeño detalle: la lectura de esos textos. La forma del texto no garantiza ni inhibe un producto interesante. Decir esta obviedad en 2017 me da un poco de pudor, pero la vuelta extra que podemos darle sería la siguiente: no existe lo poético, sino una lectura de lo poético. En la parte inicial de este ensayo referíamos a “la experiencia de lo confesional” (bella síntesis de Fabián O. Iriarte), a la que pensamos como una co-construcción entre dos puntos de vista: uno enigmático, el del lector, y otro dado en la obra. Así también lo poético en, por ejemplo, el poema de Howe se revela en la lectura descubierta frente al texto. El lector no sabe algo, no sabe que ese resto de lenguaje (que dice “esto no es una foto, esto no es un poema”) puede convertirse en una experiencia que lo incluya.
Podríamos decir entonces que lo no poético es la plena sabiduría del lector. Aquel que no encuentra nada en el texto, en sí no encuentra su espacio (corporal) como co-constructor. Howe dice: “De esas cosas hablábamos”, como si desafiara así lo decible, como si esas “cosas” se irguieran contra la ley que anula espacios de encuentro y diferencia. Montalbetti sostiene que esa nada, ese desencuentro, es una posibilidad del lenguaje. Pero la manera de pensar la intervención humana en el proceso textual pareciera cerrarse, desde esa postura, a una imagen mecánica que ordena patrones y fuerzas consecutivas. Lo humano de lo que se descubre lo potencia y lo libera de pasar por la picadora cultural; lo que no encaja siempre tendrá un valor para quienes “fe” o “transparencia” son sólo variables, posiciones, de un yo nunca concluido. Ese aspecto del acto creativo es lo que con otros términos analiza Daniel Freidemberg en la poesía de Juan Gelman como una relación disruptiva con la literatura: “no tomar las cosas en serio no es desentenderse de ellas y sí puede ser hacerse cargo jubilosa y hasta amorosamente de la vasta disponibilidad que las cosas tienen cuando no están sacralizadas (…) De lo que Gelman se estaría desentendiendo es de la composición, para dejar paso a la escritura” (Freidemberg, 2017).
Veamos otras instancias del yo en Marie Howe:

Ayúdame. Incluso al escribir estas palabras estoy planeando
levantarme de la silla tan pronto como termine esta oración.
(Plegaria)

Quiero escribir un poema de amor para las chicas que besé en séptimo grado,
una canción por lo que hicimos en el piso del sótano
(Practicando)

Help me. Even as I write these words I am planning / to rise from the chair as soon as I finish this sentence. (Prayer)
I want to write a love poem for the girls I kissed in seventh grade, / a song for what we did on the floor in the basement (Practicing)

¿Desentenderse de la composición no es acaso inventarse esa indefinible zona donde ser un resto, una práctica? ¿No es allí donde “la escritura escribe” y no el lenguaje como anticuerpo del clarividente?
Estos fragmentos demuestran que el yo es una anotación de lo humano y no al revés. No se trata de una confesión de emociones sino de la incomodidad de acercarse a esa zona: ¿Qué ocurre al decir “Quiero escribir un poema de amor”? Esa posición del yo ¿implica un confort para la autora o todo lo contrario? ¿No es más fácil perder la fe, no como desacralización sino como pérdida de la dimensión política de la otredad que se ve subyugada a la ley (ya sea moral o de torre de marfil)? No es el planteo del género lo que hace incómoda a la poesía de Howe, sino su libertad como proyecto del cuerpo. El “Quiero escribir” es menos aceptable que el “para las chicas que besé en séptimo grado”. La escritura es, y no espera definiciones, pactos, discreciones; luego las afinidades del gusto y el tenor crítico podrán o no hacer sus juicios. Pero si la cuestión pasa por pensar ese tejido que es un poema, lo que no participa (y lo que elige no hacerlo) no tiene la menor relevancia.
Para concluir, vuelvo a Montalbetti (quien me da la sensación de estar esquivándose a sí mismo en algunos puntos):
“Los lenguajes son constelaciones que giran alrededor de nada, estructuras sincéntricas; o estructuras que giran alrededor de sí mismas. Eso permite que el lenguaje sirva tanto para producir sentido como para no hacerlo, para referir como para no referir, para comunicarnos como para no comunicarnos” (Montalbetti, 2014).
¿Basta el lenguaje/los lenguajes para escribir poesía? ¿Basta el lenguaje/los lenguajes para que nadie escriba el poema? Resulta paradójico que quien en el mismo artículo metaforiza con su pasión por los toros la relación entre el capitalismo y el sujeto alienado pueda sacar el cuerpo del medio tan rotundamente (señalando además la influencia de Lacan y Derrida en su propia obra párrafos después de jactarse de que su libro de ensayos es “antipsicologicista”). Cada uno tiene derecho a sus contradicciones, y posiblemente sea un camino digno para destrabar pensamientos heredados. Como coincido en la admiración hacia el filósofo argelino-francés voy a traer su respuesta a este problema de “lo poético”:
“Lo poético, digámoslo, sería eso que deseas aprender, pero de lo otro, gracias a lo otro y bajo su dictado, con el corazón: imparare a memoria(Derrida, 1988).
Derrida piensa en una memoria nueva, “conmemorar la amnesia” dice más adelante; ¿hasta dónde el corazón puede encontrarse en un lugar previo al lenguaje? A lo mejor, como hemos estado reflexionando, no sea necesaria una ordenación sintagmática de las cosas. Lo que el corazón (eje del cuerpo) aprende es a incrustarse en lo otro y entonces, lo que deviene escritura no es nunca un monólogo casto y suficiente.

 

Referencias

Derrida, Jacques (1988). “¿Qué cosa es la poesía?”, en: Poesia, I, 11, noviembre, traducción del francés: J. S. Perednik.
Freidemberg, Daniel (2017). “Poesía contra poema. Lo inaferrable y lo incompleto en Juan Gelman”, Transtierros, en línea: https://transtierros.org/2017/11/24/poesia-contra-poema-lo-inaferrable-y-lo-incompleto-en-juan-gelman-daniel-freidemberg/
Howe, Marie (1997). “Marie Howe by Victoria Redel”, Bomb Magazine, n° 61,  en línea: https://bombmagazine.org/articles/marie-howe/
Montalbetti, Mario (2014). “Respuestas a preguntas que no me han hecho”, La Mula, Perú, 20 de diciembre, en línea: https://redaccion.lamula.pe/2014/12/20/respuestas-a-preguntas-que-no-me-han-hecho/andreshare/
— (2016). “El poema no es una adivinanza (entrevista)”, El Comercio, Perú, 11 de noviembre, en línea: https://elcomercio.pe/eldominical/entrevista/mario-montalbetti-poema-adivinanza-entrevista-147930
Nancy, Jean-Luc (1992). Corpus. Madrid: Arena Libros.

 

 

Escrito por Diego L. García

Nací en Berazategui, Buenos Aires, en 1983. Soy Profesor en Letras, egresado de la Universidad Nacional de La Plata. Escribo poesía y crítica. Entre mis últimas publicaciones se encuentran los libros de poesía Esa trampa de ver (Añosluz editora, 2016), Una voz hervida (Jámpster ediciones, 2017), y el ensayo No es otro videoclip (2017). Colaboro en las revistas Transtierros y Jámpster, entre otras.