Ansiedad postal.

1.

Incendia las transparencias y vuelve tuya mi piel.
Estaremos juntos el día en que los hijos nazcan a pocos minutos de los padres.
Mientras tanto las luciérnagas de mis piernas habrán deslumbrado al incendio que representan las tuyas.
Porqué no tienen cura la locura de tus rastros.
En ésta galaxia seremos un dios fragmentado en muchas almas.
Quiero ser otra y amanecer con el mismo.
Quizá quiero ser la misma y amanecer con otros.
No quiero abandonar a nadie.
Quiero hacer el amor muchas veces,
porqué después de todo,
hacer el amor,
es al acto más bonito que he hecho por mi.

 

2.

Pues bien,
¿Listo?
Si me preguntan diré de ti que gustan los cigarrillos sin filtro, el vodka, el brandy, el whisky, y en general todo aquello que sirve para aligerar el pensamiento.
Siempre estás listo para saducir un cuerpecito como si fuera una caja llena de cuchillas de afeitar, flotando entre alcohol,sangre, y melancolía, pero por alguna razón te difuminas mejor sobre mi cuerpo.
Es como si llevara dentro una flor hambrienta en un jardín lleno de animalistos amargos.
No sé como empezó todo esto de el extraño sentimiento de extrañar.
No sé.
Pasaron muchas cosas, una o dos fechas semi importantes, regalitos envueltos en papel, verde y rojo, pasaron un par de helados de vainilla, el parque, tú siempre bajo efectos químicos en columpios, y pronto me quedé frente al vacío.
El tiempo contigo estaba envuelto en papel de regalo.
La vida se convirtió en eso, en el vidrio de una vitrina que estalla con un disparo y entonces los pulmones rojos, y entonces la geografía de tus manos disfrazando mis manías acompañadas de pólvora.
Solo quedaron un par de videos, uno o dos condones de baja calidad sin usarse, cuatro fotos y el olor de tus calzones.
El día estaba hermoso.
La luz amarilla, la copa de los árboles y los pajaritos paseaban encima de mi cabeza.
No recordaba casi nada de la noche anterior al exterminio de la ciudad que fué tu partida, el whisky y el opio me dejaron sin memoria, no recordaba nada, pero estaba seguro de haber escuchado tu voz, diciendo amor.

3.

Miro por la ventana y espero
la noche transparente asciende por encima de los edificios,
traspasando mi propio resplandor colorido,
dejando atrás las calles y las ventanas todavía encendidas,
dejando atrás las caras de los muchachos que me gustaron,

Perdí para siempre la cuenta de esos besos,
porque las luces eternas se apagan de pronto
mientras volvemos a insistir en hablar a través de ese corto circuito,
de esa saliva con semen a lo largo de aquello que llamamos cuerpo
y el deseo de tener la luz encendida,
mis ojos son el reflejo de la nada,
pero la nada tiene que ser algo

vivo con todo lo que me busca,
que sin siquiera yo buscarlo me encuentra
somos un fuego rebelde que guarda una promesa entre sus llamas,
yo sabía que de alguna forma soy más lo que pierdo que lo conservo.
pero también sé
que cualquier lugar en el mundo es mi hogar,
si eres tú quién me espera en la puerta.

 

Escrito por Tania Mendoza

México 1996. Licenciada en Estudios Latinoamericanos. CDMX.