Cuando surge una nueva propuesta editorial surge también una nueva expectativa, una que se relaciona con la innovación o la identidad en materia de publicaciones.
Al enterarme del nacimiento de Surdavoz y ver lo fluido de sus lanzamientos, el armado de su catálogo, comprendí que estábamos no frente a una editorial con pretensiones pasajeras sino frente a una con verdaderas intenciones de aporte. Siempre se agradecen este tipo de proyectos, y más cuando en años recientes diversos y pequeños grupos editoriales han aparecido y desaparecido en el mismo acto.
Por ello, decidí entrevistar a Fabián Rivera, a quien agradezco el tiempo, responsable de la editorial Surdavoz cuya sede se encuentra en Chiapas.

Es interesante este tránsito del poeta que decide convertirse en editor. A lo largo de los años han surgido varias editoriales independientes lideradas, como es natural, por un poeta. Ser ambas cosas es para muchos el único camino. ¿Cómo se da en ti este tránsito? ¿Es Surdavoz tu primer acercamiento a la labor editorial?

Así es, Surdavoz es mi acercamiento inaugural a la figura del editor. Tengo ya más de 10 años de experiencia editorial en diferentes ramas de la escritura. La elaboración de textos académicos, la redacción de notas periodísticas y la corrección ortográfica y precisión de estilo, que a mi parecer podría ser una definición cercana a quien se dedica a navegar en tan oscuras aguas.
Inicié como editor el mes de abril pasado. Pero me atreví a publicar un libro bajo este, mi propio sello, el día 19 de ese mes. Digo me atreví porque fue una obra mía la que lancé como primer título. ¿Por qué una obra mía? Porque nadie más apostaría por mí, de eso estoy seguro. Y no lo hago con el afán de victimizarme ni de demostrar superioridad moral alguna, vicio tan frecuente de quienes pretenden hacer de la cultura una forma de vida, de auténtica sobrevivencia.
Elegí esta obra porque, como el Doctor Lagarto de Spiderman, no me quedó de otra más que experimentar conmigo mismo. Y ahora puedo decirlo con toda franqueza: No salí tan mal.
Nunca creí posible pasar de ser el lector lego que me considero, a editar un libro en forma. Los impresores que he consultado dicen que no hago libros. Más bien hago folletos. Yo los llamo elegantemente plaquettes. Al día de hoy, los autores que han confiado su obra en mí no han hecho un solo conato de huelga. (Lo cual bien podría responder a que, para formar un sindicato, necesitas más de 10 personas.)
Fue la necesidad de hacerme de un espacio propio lo que me llevó a elegir un imaginario pedazo de terreno y sembrar las primeras semillas de esta casa a la que llamé Surdavoz. Desde siempre me he dedicado a trabajar los proyectos ajenos. Y siempre por alguna otra razón me ha ido mal. Doy mi fe completa, mi confianza, pero, por alguna razón algo sucede mal y termino como el Cruz Azul: perdiendo en los últimos cinco segundos, o bien, pegándole al poste.
Siempre creí en otras personas, pero nunca en mí mismo. Un buen amigo llamado Hugo me dijo que a él un maestro suyo le dijo también que, si una idea le importaba realmente, tenía que defenderla y aprender a quererla con todas las de la ley. Yo, en estos momentos, no estoy en ninguna suerte de luna de miel con Ella, la Editorial. Más bien estamos pensando en una primera cita, quizás arreglando los detalles para tomarnos un café y llegar a ciertos acuerdos.
Por supuesto que todo esto me entusiasma, pero, si bien esto se trata de generar espacios para la literatura, no deja de ser un frío negocio donde no puedes apostar fichas ciegamente. De ser así esto terminaría en un fracaso rotundo, lo cual sucede muy a menudo en cuestiones artísticas. El artista no está preparado para ser un negociante, y creo también que no le interesa.
Pero, en el siglo XXI, es necesario conocer varios terrenos. De otro modo terminaremos siendo como los deportistas que dejan todo en manos de su mánager.

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Ser editor es muchas cosas. Hagamos de la cuestión algo más específico: ¿qué es ser editor independiente en Chiapas?

Ser editor independiente (precisaría, autogestivo) en Chiapas, aunque suene a cliché, es el último oficio al que, en tu sano juicio, pensarías dedicar tiempo e invertir recursos. En un contexto como el nuestro, donde hemos aprendido a sobrevivir a pesar de los cataclismos naturales y la clase política (que tiene bien entendido que la única forma de sobrellevar la mísera situación es manteniendo la cadena de abusos, y la estructura de poder basada en los cacicazgos y las compadrerías); es más práctico tomar un coche no muy viejo y dedicarte a conocer las calles de esta urbe provinciana, con problemas de ciudad grande, para jugarte la vida siendo taxista, como bien dijera uno de los máximos exponentes de la lírica de finales del siglo XX: Ricardo Arjona.
A pesar de estas minucias tan poco alentadoras, hay autores en busca de un editor, escritores en ciernes que desean guarecerse de la lluvia ácida que nos procuran las instituciones dedicadas a la implementación de políticas públicas enfocadas en la cultura en el estado. La austeridad ha sido el gran tema de este sexenio. Todos dicen que no hay dinero. La clase política se ha encargado una y otra vez de dejar en claro que no hay recurso para nada, pero nuestro gobernador se encarga de demostrar una y otra vez que sí hay dinero, pero solo para llenar el mundo de publicidad institucional y de su maravilloso matrimonio. ¿Dinero para la cultura? Ja-ja-ja. Es como ese jefe de oficina que te dice que no tiene para pagarte, pero el día menos esperado lo ves llegar con una camioneta del año y pagándose los mejores tragos. Ese es el Chiapas de los últimos años. Creo que no hay ejemplo más claro de lo que hemos vivido.
¿Cómo demonios hacemos entonces para meterle un poco de oxígeno a esta cloaca? Hay que apostar lo poco que tenemos, pero hacerlo de verdad, convencidos de que va a funcionar. De otro modo, quienes nos ignoran desde su altura institucional habrán ganado esa batalla que no están dispuestos a pelear, porque les quitaría el tiempo para seguir saqueando las tres migajas que quedan en las arcas públicas.
Más que triunfos, yo la calificaría de satisfacciones. Tener publicados a tres autores con un quórum propio, producto de andanzas e insistencias, tal cual es el oficio de la literatura y el arte; pero que, más allá de esto, serán leídos y disfrutados. Por supuesto que editar libros es un negocio, frío en su numeralia, pero lleno de calor humano. No sólo trabajamos con autores: trabajamos con personas, trabajamos con amigos. Bien dicen que se conoce a los amigos en la enfermedad, en los velorios y en las presentaciones de libros. Y por supuesto, al volverte editor de literatura.
Al menos, al día de hoy, la inversión realizada en cada título publicado me ha permitido la reinversión para seguir lanzando nuevos títulos. Eso ya es ganancia.

El debut de Surdavoz se dio con el libro De vértebras y ocasos, libro del que eres autor. ¿Por qué decides inaugurar el catálogo editorial con esta publicación?, ¿cómo fue la experiencia de vivir un proceso como poeta y, posteriormente, vivirlo como editor de este libro?

Decidí iniciar la editorial con un libro mío porque no había la posibilidad de contar con material de otros autores. Surgió una propuesta con un narrador joven local, pero desgraciadamente no concretamos nada. (Acuso la falta de voluntad.) Así pues, mi necesidad de abrir camino para autoemplearme y generar proyectos, me impulsó a crear este sello y darle forma a mi tercer libro de poesía.
Editar tu propia obra es un proceso complejo. El escritor suele ser un personaje que se encariña de sus criaturas. Tuve que ser muy crítico con lo que yo venía haciendo. Me considero alguien indisciplinado, a quien todavía le cuesta decirse escritor. Porque en Chiapas es relativamente fácil ganarse este reconocimiento. Por ello mismo me he impuesto un nivel de exigencia alto. El hecho de vivir en el sur de México, alejado de los grandes espacios generadores de cultura no implica que las cosas se hagan mal o se hagan como Dios nos dé a entender. Es un error en el que caen muchos creadores locales. Piensan que por estar a 12 o 13 horas del centro del país, nadie vigilará ni tomará en cuenta su trabajo. Y están muy equivocados.
Un buen amigo me enseñó que siempre hay que estar a la altura de las circunstancias. Esa es parte de la filosofía de trabajo de Surdavoz. Por ello el nombre: hay que darle voz al sur. Editar mi libro me ayudó a entender que, a pesar de contar ya con un espacio en el vasto universo de poetas (similares y conexos) del estado, honestamente mi trabajo sigue dejando mucho que desear. Vuelvo al tema de la indisciplina y agrego la procrastinación.

Además de De vértebras y ocasos, su catálogo cuenta con Vacaciones y otros cuentos, de Nelly Gallardo Borges; Bitácora del capitán Francisco de Ulloa, de César Trujillo y Apuntes de ventana para un muro, de Arbey Rivera. Háblanos de la selección de estos libros, su confección y recepción.

En el caso de Nelly Gallardo, surgió por una charla que tuvimos con Patricia Fonseca, amiga enfocada al ámbito de la narrativa quien me sugirió a esta autora. Ella me dijo que Nelly tenía mucho qué decir, y así es. Es una autora que comprende bien el oficio. Afortunadamente concluimos un proceso editorial exitoso desde las charlas iniciales, pasando por todo el proceso de la formación del libro, hasta la presentación realizada a finales de octubre pasado. Acoto lo siguiente: Nelly es una escritora que sabe ganarse el favor del público en sus presentaciones. A sus más de 70 años tiene una chispa envidiable para los autores de generaciones más recientes.
Ahora bien, en el caso de César Trujillo, ya existía la propuesta desde hacía algunos meses, pero, si algo hay que aprender a respetar (y es perfectamente entendible, si tú mismo te dedicas a la creación) son los tiempos escritura. Así pues, por fin llegó el día en el que el olvidado capitán que sirviera a Hernán Cortés diera su testimonio literario en Surdavoz. No está de más recordar que este libro cargaba una torta bajo el brazo: el día de la presentación, viernes 13 de octubre, César fue notificado como ganador del Premio Nacional de Poesía Rodulfo Figueroa 2017. Por supuesto que eso fue un plus para nosotros. Y esperamos que él nos permita seguir editando sus libros.
Por último, Apuntes de ventana para un muro, de Arbey Rivera, es un proyecto muy especial porque el autor decidió apostar por Surdavoz y solventar la impresión del tiraje de la plaquette, que también generó mucha expectativa entre quienes conocen a Arbey, decidido desde hace ya varios años a caminar por México, España, Centroamérica y particularmente en la región Llanos de Chiapas. Es un autor importante, digno de ser reconocido, que ha sabido ganarse a pulso cada proyecto que ha cincelado con una inestimable paciencia.
La recepción de estos tres títulos, hasta el momento, ha sido bastante notable. Buenos comentarios, mucho ruido en redes sociales. (Me muevo sobre todo en esos espacios electrónicos.) Sin embargo, hay que denotar que el material solo ha circulado al interior del estado y zonas aledañas. Nuestra visión se ubica más allá de las fronteras chiapanecas. Es ahí donde veremos cuál es nuestra situación real como editorial autogestiva.

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Los libros de los que conversamos fueron escritos por autores chiapanecos. En cuanto a geografías, ¿es esta la línea de Editorial Surdavoz, o existen planes de publicar obras escritas por autores de otras latitudes?

Surdavoz tiene tres ramas clave, literatura, política y filosofía, aterrizadas en tres líneas de trabajo: autores emergentes o poco conocidos, libros de escasa circulación o de tirajes agotados, y libros enfocados en la identidad latinoamericana.
Claro que existen planes de publicar autores fuera del país. No es mi intención ser una editorial netamente localista, ni mucho menos fomentar una suerte de Club de Toby literario. También quiero dejar claro que estoy abierto a realizar proyectos financiados, porque editar requiere de amor y paciencia, pero no sólo de amor vive el hombre. Hago hincapié en esto: la primera es mi madre y mi familia, la segunda es mi esposa y mi hija: Surdavoz es mi tercera casa. Alguien tiene que pagar las cuentas si se propone mantener en orden tantos lugares.
Por lo pronto, diré que autores argentinos han abrazado el proyecto y daremos más detalles en los meses próximos.

Me parece que con el surgimiento de una editorial surge también un nuevo espacio con sus propias dinámicas, sus propias búsquedas. Siendo así, ¿qué ofrece Surdavoz al panorama chiapaneco, mexicano y, por supuesto, centroamericano?

Nuestra casa editora está en un momento germinal, pero con una visión muy clara de sus metas. Somos conscientes de que, hoy en día, no representamos competencia ante ninguna editorial del centro y occidente del país, donde hay grandes editores de libros, e incluso hay un mercado editorial vigente que mueve una fuerte cantidad de recursos y el nivel de lectura es diametralmente opuesto. En Chiapas no es así. Comprar un libro es un lujo que no cualquiera se da. Por supuesto que editar, también. Ver a alguien interesado en el mundo de los libros es algo que no deja de maravillarnos.
¿Qué ofrecemos como editorial? Lo que todo autor pide: calidad, pero sobre todo amor por la literatura. Al interior de Chiapas, hay un interesante panorama de editoriales autogestivas que vienen trabajando desde hace algunos años. Destaco la labor de editorial Sophia, de Antonio Reyes Carrasco; el sello Espantapájaros editorial de Luis Enrike Moscoso; la editorial Fray Bartolomé de las Casas, en San Cristóbal; el proyecto Abriendo caminos, del novelista Alejandro Aldana Sellschopp. Hace poco, tras la presentación del libro Minucias filosóficas de Cynthia Alarcón, conocí el trabajo que el colectivo La Cosecha, en esta misma ciudad, ha impulsado para servir como un espacio alternativo a temas de política, sociología y antropología, lecturas tan necesarias para nuestra agitada realidad. Ellos manejan el concepto librería-espacio cultural-editorial autogestiva. Una auténtica maravilla.
Parte de nuestra visión se enfoca en la necesidad de tener claridad sobre lo que se produce en esta región de México, tan particular, tan olvidada, y tan poco comprendida. Dos preguntas clave serían por qué y para qué escribir. Hay mucho por hacer. En estos rumbos la labor del escritor va más allá de la simple vanidad y egolatría desmedida que se fomenta y celebra en otras partes del país, donde los escritores viven gozosamente del sistema y sólo sudan la camiseta cuando caminan en los aeropuertos. En un contexto como el nuestro, no es posible ser ajeno a la realidad social que, tan sólo con caminar unas calles, nos da un certero golpe que nos hace tener los pies bien plantados sobre la tierra.

Quizá es pronto para establecer juicios, pero en los títulos publicados figuran únicamente autores que llevan tras de sí una trayectoria importante. ¿Podemos esperar la inclusión de novísimos escritores en el catálogo de Editorial Surdavoz?

Claro que sí. Es parte esencial del espíritu de las editoriales autogestivas. Pero, en este aspecto, yo haría algunas precisiones para quien desee entrar a nuestra casa: que estén dispuestos al diálogo, que sepan atender la crítica y, sobre todo, que mantengan su palabra si deciden editar con nosotros.

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¿Qué se viene para esta editorial? [Háblanos de planes, futuras publicaciones, colecciones, proyectos…]

Tenemos muchos planes para el 2018. Iniciamos el mes de enero con la publicación de una breve antología de Iván Vergara, fundador del proyecto Plataforma Chilango-Andaluz, en la ciudad de Sevilla, España. Él visitará Chiapas a principios de ese mes, y en este marco decidimos ofrecerle una publicación de bienvenida. Guatemala será nuestro destino para el mes de febrero, y estamos en pláticas para que el mes de marzo una muy querida poeta chiapaneca (sí, estamos convencidos de la calidad de nuestro terruño) forme parte de nuestro catálogo.
Abril será un mes intenso pues daremos a conocer la publicación de los cuentos ganadores de un concurso universitario realizado en 2017. Además, el 19 de ese mes cumplimos un año como editorial. También hay una sorpresa que esperamos llegue desde Puerto Rico.

Contacto editorial:

Fabián Rivera / editor
Editorial Surdavoz (FB)
Surdavoz (Twitter)
surdavoz@gmail.com

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Fabián Rivera (Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, 1984). Poeta y editor. Autor de los libros En aras del silencio (2011), Para un altar en llamas (2013) y De vértebras y ocasos (2017). Fundador de la editorial Surdavoz y la Agencia Cultural de Chiapas.

Escrito por Daniel Medina

(Mérida, Yucatán, México; 1996) es autor de los libros de poemas Una extraña música [Sombrario Ediciones, 2018] y Médium [de próxima edición]. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Jorge Lara 2014 y el Premio Peninsular de Poesía José Díaz Bolio 2017. Becario del PECDA Jóvenes Creadores (2017-2018) y de verano de la Fundación para las Letras Mexicanas (2018). Dirige Ediciones O.