Sonaba la canción Lets get it on, de Marvin Gaye, yo estaba de pie en medio del estudio, comencé a bailar, él me miraba desde el sillón sin saber dónde acomodar las manos. Tres paredes repletas de libros nos rodeaban. Yo me sabía dueña del escenario. Llevaba dos meses ensayando esa canción frente al espejo, y no es que de principio pensara en actuar para alguien, pero esta fue la oportunidad perfecta para comprobar si mis gestos sensuales en esa canción tenían un efecto más allá de mí. Él comenzó a sonreír coquetamente a mitad de la canción. Yo me detuve, levanté la cabeza y cerré los ojos, me moví lentamente al ritmo de la canción; sabía que me observaba fijamente. Bajé la cabeza y aún con los ojos cerrados me contoneé despacio, fascinante; mordí mi labio. Lo vi, dos lunas oscuras se posaron sobre él. Llegué hasta su puerto. Dos muelles firmes rodearon mis muslos. Lo tumbé hacia atrás, atraqué detenidamente. La canción seguía repitiéndose. Él me tomó por la cintura; sus ojos, su boca inquieta, sus dientes que me presentían infinita. Lo besé. No pude resistirme y le metí la lengua, le chupé los labios, quise recostarme en ellos. Le di minúsculos besos a su boca, a sus alrededores, espacio diminuto tras diminuto espacio dentro.

Amé durante varios minutos a ese hombre.

“Qué bueno que quisiste venir. Me gusta recibir extraños”, le dije, mientras que él acarició mi rostro con su dedo y alegó que ya no éramos tan ajenos, que a veces una presentación basta para conocerse.  Seguimos cruzando palabras y miradas, manos y olores. Arqueamos la espalda para acercarnos. Él me sintió dulce, me reconoció sensual.

“¿No me tienes miedo?” le pregunté; él sólo sonrió. Hasta entonces no comprendía que yo era diferente, que a muchas personas les parezco peligrosa, que tengo distintas formas de relacionarme, que me dedico compulsivamente a buscar placer. Él se enderezó para hablarme desde su ser valiente, “¿por qué habría de temerte?”, “Soy egoísta y hedonista” le dije con voz sexy, “Como todo humano que puede reconocerse. Además me gustan las mujeres que buscan satisfacerse” contestó.

La música se detuvo, salté del sillón para poner el disco nuevamente. De regreso a su lado otra vez me situé en el escenario de medio salón: “tengo algo que decirte”, mojé mis labios con detenimiento, solté pasos pequeños, traviesos.

“Poseo una especie de “condición existencial” o “carencia insaciable” “defecto” “virtud”, depende cómo quieras llamarle, que debes tomar en cuenta antes de seguir esta reunión”

Estaba cada vez más cerca, de nuevo mis manos creaban figuras en el aire al ritmo de Marvin Gaye. Me acomodé sobre él; inicié sin titubeos la historia, el inicio de mi nuevo mundo, de la vida sorprendente:

“Después de muchos duelos amorosos, después de grandes tragedias en mi vida, me vi sola. Pero realmente sola, en el asunto existencial y en el planeta.
Puede parecer absurdo, pero me refiero a que no tengo familia que me sobreviva.

Desde que me di cuenta de que estaba sola y únicamente trataba de evadirlo, negocié conmigo; algunos días del mes estoy encerrada intentando resolverme, encontrarme, descifrarme, ayudándome en sobrellevar la náusea, y otros busco personas imparablemente, para encontrarnos, para acompañarnos de alguna forma. Las traigo a casa y les pido que se queden, y que desnuden la mente; a veces no es necesario mencionarlo, como contigo, tu cuerpo y tu actitud se acomodan sin problemas a mí. No creas que siempre tenemos sexo, no se trata de eso. Les pido que me abracen, los apapacho, nos reconocemos durante horas, nos contamos cosas, escuchamos e inventamos historias.

Me gusta que me bailen, que bailemos bajo la escalera. Que cocinen para mí, que me dejen peinarles, que juguemos a las escondidas, que me persigan, que compartamos el café,  que lean o actúen… me gusta que acepten que no serán las únicas personas que me acompañan, que lo mío es una necesidad tremenda de salvaguardarme en otras formas de experienciar, en otras temperaturas propias.

Me gusta que acepten venir a casa sólo un día al mes… ¿qué opinas?”

Él sonrió sin asomar los dientes, escondió la mirada entre mis muslos. Le dejé caer las piernas sobre las arrugas de su pantalón. Él estaba asombrado por la confesión, dijo que jamás imaginó así mis días o mis noches; y después de un silencio de minutos corrigió:

“¡Miento! Realmente no me sorprende, asumía que eras una mujer diferente, pero no imaginaba que de esa forma. No sé describir lo que provocaste.
Y no sé si lo que acabas de decirme es una especie de invitación, y tu baile algo como un ritual de iniciación, o qué… ¿Lo es? …”

El ambiente comenzó a espesarse, yo sólo quería seguir bailándole. Él se atrevió a lanzarme preguntas como flechas que adivinaron el ritmo:

“¿Cuántas personas forman parte de esto? ¿Desde cuándo? ¿Qué tipo de relaciones tienes con ellos entonces?”

“Son muchas preguntas”, le dije mientras mi falda caía. Proximidad y lejanía, las miradas marcaron el compás.

“Digamos que este “vicio” está organizado apenas desde hace un año; le di orden justamente porque me estaba siendo muy complicado acordar y recordar citas; también me estaba exponiendo demasiado.
Digamos que desde el año pasado sostengo una relación de amistad al menos con quince personas; ocho hombres y siete mujeres. Un acompañamiento que intenta ser trascendente. Les veo una vez al mes, el tiempo varía, igual que las actividades con cada una de ellas.

En esta sociedad no hay mentiras, así que debo decirte que para mí, esa cantidad de personas son la suma perfecta de afecto y atenciones. Y por eso estás aquí…”

Él comenzó a modelar mi silueta desde su lugar presente, a tomarme fotos con los dedos como cámara invisible: “Sigue contándome, mi amorosa insaciable”

“Un amigo se cambiará de ciudad el próximo mes, así que desde hace tres sesiones he usado su tiempo para conocer a candidatos posibles de tomar su espacio. Eres mi tercer postulado. Y quiero que te quedes, que te quedes para siempre”

“¿Qué quieres de mí?”

Acorté la distancia, le besé la frente:

“No estoy pidiendo personas esclavas, sino todo lo contrario. Busco relaciones de una visita al mes, de total entrega. No estoy pidiendo algo sin ofrecerte nada. He apostado por esta forma de satisfacción porque creo que es lo menos complicado. Sé que las personas actualmente viven muy “ocupadas”, que poco tiempo tenemos para invertir en las relaciones erótico-amorosas, así que justamente considerando esa variable, y lo complicadísimo que es la convivencia diaria, así que por eso pensé en esta comunidad amorosa.

¿Quieres?”

“Quiero”

Llevé sus palmas hasta mi cintura, seguí danzando.

“We’re all sensitive people
With so much to give
Understand me, sugar
Since we got to be
Let’s live
I love you”

Me incliné, le susurré al oído: “se trata de conocernos, de darnos cariño, placer, compañía, escucha, atención, cuidados, aprendizaje, apoyo, pero sin que sea demasiado tiempo como para enamorarnos, herirnos o exigirnos algo.

No con todas las personas hay sexo, tampoco voy a negarte que al menos cuatro de ellos han sido mis amantes. Pero en general se trata de estar.”

Él parecía embriagado por mis secretos de juglar, su cabello se revolvía con mi aliento. Volvimos a besarnos, nuevamente me posé sobre su bello cuerpo. Hasta que despegué, nuevamente le miré desde mi cielo. Su voz entrecortada interrumpió el saxofón:

“¿Qué tipo de relación tendríamos tú y yo? ¿Qué estás buscando conmigo?”

“Cariño, siempre tomo en cuenta el primer encuentro; me gustaría que compartiéramos música y bailes. Quizá alguna comida, ¿tú qué propones? No me gusta imponer. Apuesto por la espontaneidad. Siempre puedes proponer, sorprenderme. No sé.
Pero tú no tienes que responder ahora. De hecho preparé una deliciosa cena para ambos, ese es mi plan esta noche.”

Antes de que pudiera responder salí de la cueva de su deseo, me alejé dándole la espalda, fui por el sobre que estaba en mi recámara sobre el colchón. Regresé hasta ese nuevo y hermoso marinero, le entregué la carta y le dije:

“Me he decidido por ti. A mí me gustaría que aceptaras. En este sobre está el resto de los términos y condiciones para formar parte de esta Sociedad de las satisfacciones. Allí mismo encontrarás puntos importantes, te pido que los leas con atención; por ejemplo, hay análisis que deberás realizarte en caso de que queramos seguir intercambiando otro tipo de pasiones. También está el calendario. Algunos otros beneficios y requisitos. Reglas. También aparecen algunas de las actividades, las diferentes cuotas, etc.”

Sus ojos se agradaron como girasoles, su mano apretó el sobre, me penetró el ombligo con su rostro sin expresiones.

“No lo abras aquí. Ahora mismo quiero que vengas a la mesa, porque te espera un manjar; te voy a consentir el paladar; vas a tener orgasmos papilares…”

Lo conduje hacia el comedor, moví las nalgas de manera exagerada con el fin de provocarle. Llegó hambriento hasta su lugar.

Esa cena fue un éxito, el caballero se despidió de la mesa suspirando. Bebimos vino, seguimos bailando. Nos desnudamos. Nos acariciamos. Nos observamos. Flotamos. Nos halagamos. Nos complacimos. Nos apapachamos. Hasta que llegó la hora de irse.

Ha pasado un mes y no ha llamado, ni ha aparecido por ningún lado. Realmente me agrada, le deseo. No me da miedo que no llame, regularmente tardan entre uno y cuatro meses para decidirse. Pero sin duda vuelven. Siempre quieren más. Siempre vuelven.

Escrito por MARISABEL MACÍAS

Nació en Los Mochis, Sinaloa (1986). Es sudcaliforniana por convicción, y ahora, habitante silenciosa y turbulenta de la Ciudad de México. Licenciada en Filosofía por la Universidad Autónoma de Baja California Sur (UABCS), exploradora eterna de la sabiduría. Feminista. Lectora. Amante de la docencia. Promotora de lectura. Ganadora del Premio Estatal de cuento Ciudad de La Paz, 2014, con el libro de relatos PENNY BLACK. Becaria de FESTIVAL INTERFAZ DE ISSSTE-CULTURA 2014 (Primera generación). Publica en su propio Blog y en algunas Revistas virtuales (RojoSiena, Liberoamérica, Sudcalifornios.com, ProyectoCascabel, Pez Banana, entre otras). También cuenta con publicaciones en revistas impresas de circulación nacional (CantaLetras, Grito Zine, Solar y Libélula nocturna)