Con 104 años de edad, la poesía de Nicanor Parra sobrevivirá a esa persona llamada «Nicanor Parra». Una persona de carne y hueso cuya longevidad no se hace evidente solo en la voluntad de haber sobrevivido físicamente el promedio de vida humano sino en una obra que lo ha trascendido y lo trascenderá después de su desaparición física. Globalmente conocido como el irreverente y parco representante de una estirpe nacional de laureados poetas chilenos como Vicente Huidobro, Pablo Neruda o Gabriela Mistral, así como admirado por escritores de la relevancia de Roberto Bolaño, quien decía de él que «escribía como si fuera a ser electrocutado», Parra es un artista consciente de eso que llamamos «vida» más allá de la experiencia subjetiva y biográfica.

Luego de ampliar los límites del discurso poético con su irreverente antipoética, Parra  incursionó en otros terrenos de la lírica en sus discursos y también en la experimentación gráfica, con sus conocidos artefactos visuales. Pero en lo que seguramente nos contagiará de vitalismo más allá de la experiencia biológica es, sin duda, en sus ecopoemas.

Como afirma Nialls Binns, el antólogo de esta meticulosa recopilación, a diferencia de Neruda, Ernesto Cardenal o  Gioconda Belli que «exploran en sus obras un contraste emocional entre el deterioro ambiental del mundo industrializado y la pureza de un paraíso terrenal» concebido como la infancia o una edad dorada previa a la Conquista de América, «la ecopoesía es más cerebral que emotiva, es demasiado incrédula para construir poéticamente un Edén y funciona mejor cuando despliega su ingenio y su ironía para desenmascarar las contradicciones de los discursos oficiales –tanto capitalistas como comunistas– y para desvelar los peligros actuales e inminentes de la degradación ecológica».

Por eso la incredulidad es la experiencia que recorre estos ecopoemas, una toma de distancia irónica que descree del sentimentalismo ecologista y cuestiona la idea occidental del progreso ilimitado sin ceder al nihilismo negacionista ni restar urgencia a la degradación del planeta. «Nicanor Parra: Ni socialista ni capitalista/Ecologista»: así es como se define el antipoeta. Este  impulso cuestionador de los antipoemas también está presente aquí. Porque tanto el nombre de esta antología como el epígrafe que la encabeza corresponden a unos versos de un  antipoema de 1954 que indicaba la urgencia del problema ecológico en una ciudad como Santiago, cubierta habitualmente por el esmog donde «el cielo se está cayendo a pedazos».

–¿Y cuál sería el planteamiento de los ecólogos?

–Que el consumismo es sinónimo de convertir el planeta en chatarra. Los comunistas y liberalistas estaban buscando el paraíso en la tierra, pero los dos llegaron al infierno, a pesar de toda la buena voluntad y racionalidad. Hay que revisar la historia de la cultura y ver en qué momento la línea que iba al paraíso se desvía hacia el infierno. Esto requiere de una nueva ordenación, de un planteamiento general en que el lucro no sea la fuerza motriz de la comunidad. El planeta está en peligro. Algunos me califican de alarmista, pero yo digo que soy un alarmista moderado.

«Nicanor Parra: la antipoesía no es un juego…», 2000

Sin intención didáctico-moralizante pero con un sólido discurso que contagia con su honestidad la gravedad de la situación que denuncia, Ecopoemas. El cielo se está cayendo a pedazos es la primera antología completa de sus piezas de temática ecologista. Una edición ilustrada y aderezada con breves textos periodísticos de este imprescindible escritor que recibiera el premio Cervantes en 2011. Como queda dicho arriba, la selección fue realizada por  Niall Binns, profesor de literatura hispanoamericana de la Universidad Complutense de Madrid y especialista en la vida y la obra de Parra, y abarca obras importantes como Poemas y antipoemas (1954), Ecopoemas (1982) o Poesía política (1983), a la vez que compila en formato grande sus experimentos gráficos, sus artefactos visuales.

Aquí compartimos el primer poema, a modo de introducción a esta recomendable antología:

LOS VICIOS DEL MUNDO MODERNO

Los delincuentes modernos

Están autorizados para concurrir diariamente a parques y jardines.

Provistos de poderosos anteojos y de relojes de bolsillo

Entran a saco en los kioscos favorecidos por la muerte

E instalan sus laboratorios entre los rosales en flor.

Desde allí controlan a fotógrafos y mendigos que deambulan por los alrededores

Procurando levantar un pequeño templo a la miseria

Y si se presenta la oportunidad llegan a poseer a un lustrabotas melancólico.

La policía atemorizada huye de estos monstruos

En dirección del centro de la ciudad

En donde estallan los grandes incendios de fines de año

Y un valiente encapuchado pone manos arriba a dos madres de la caridad.

Los vicios del mundo moderno:

El automóvil y el cine sonoro,

Las discriminaciones raciales,

El exterminio de los pieles rojas,

Los trucos de la alta banca,

La catástrofe de los ancianos,

El comercio clandestino de blancas realizado por sodomitas internacionales,

El autobombo y la gula,

Las Pompas Fúnebres,

Los amigos personales de su excelencia,

La exaltación del folklore a categoría del espíritu,

El abuso de los estupefacientes y de la filosofía,

El reblandecimiento de los hombres favorecidos por la fortuna,

El autoerotismo y la crueldad sexual,

La exaltación de lo onírico y del subconsciente en desmedro del sentido común.

La confianza exagerada en sueros y vacunas,

El endiosamiento del falo,

La política internacional de piernas abiertas patrocinada por la prensa reaccionaria,

El afán desmedido de poder y de lucro,

La carrera del oro,

La fatídica danza de los dólares,

La especulación y el aborto,

La destrucción de los ídolos,

El desarrollo excesivo de la dietética y de la psicología pedagógica,

 

El vicio del baile, del cigarrillo, de los juegos de azar,

Las gotas de sangre que suelen encontrarse entre las sábanas

[de los recién desposados,

La locura del mar,

La agorafobia y la claustrofobia,

La desintegración del átomo,

El humorismo sangriento de la teoría de la relatividad,

El delirio de retorno al vientre materno,

El culto de lo exótico,

Los accidentes aeronáuticos,

Las incineraciones, las purgas en masa, la retención de los pasaportes,

Todo esto porque sí,

Porque produce vértigo,

La interpretación de los sueños

Y la difusión de la radiomanía.

Como queda demostrado,

El mundo moderno se compone de flores artificiales,

Que se cultivan en unas campanas de vidrio parecidas a la muerte,

Está formado por estrellas de cine,

Y de sangrientos boxeadores que pelean a la luz de la luna,

Se compone de hombres ruiseñores que controlan la vida económica de los países

Mediante algunos mecanismos fáciles de explicar;

Ellos visten generalmente de negro como los precursores del otoño

Y se alimentan de raíces y de hierbas silvestres.

Entretanto los sabios, comidos por las ratas,

Se pudren en los sótanos de las catedrales,

Y las almas nobles son perseguidas implacablemente por la policía.

El mundo moderno es una gran cloaca:

Los restaurantes de lujo están atestados de cadáveres digestivos

Y de pájaros que vuelan peligrosamente a escasa altura.

Esto no es todo: Los hospitales están llenos de impostores,

Sin mencionar a los herederos del espíritu que establecen sus colonias en el ano

[de los recién operados.

Los industriales modernos sufren a veces el efecto de la atmósfera envenenada,

Junto a las máquinas de tejer suelen caer enfermos del espantoso mal del sueño

Que los transforma a la larga en unas especies de ángeles.

Niegan la existencia del mundo físico

Y se vanaglorian de ser unos pobres hijos del sepulcro.

Sin embargo, el mundo ha sido siempre así.

La verdad, como la belleza, no se crea ni se pierde

Y la poesía reside en las cosas o es simplemente un espejismo del espíritu.

Reconozco que un terremoto bien concebido

Puede acabar en algunos segundos con una ciudad rica en tradiciones

Y que un minucioso bombardeo aéreo

Derribe árboles, caballos, tronos, música.

Pero qué importa todo esto

Si mientras la bailarina más grande del mundo

Muere pobre y abandonada en una pequeña aldea del sur de Francia

La primavera devuelve al hombre una parte de las flores desaparecidas.

Tratemos de ser felices, recomiendo yo, chupando la miserable costilla humana.

Extraigamos de ella el líquido renovador,

Cada cual de acuerdo con sus inclinaciones personales.

¡Aferrémonos a esta piltrafa divina!

Jadeantes y tremebundos

Chupemos estos labios que nos enloquecen;

La suerte está echada.

Aspiremos este perfume enervador y destructor

Y vivamos un día más la vida de los elegidos:

De sus axilas extrae el hombre la cera necesaria para forjar el rostro de sus ídolos.

Y del sexo de la mujer la paja y el barro de sus templos.

Por todo lo cual

Cultivo un piojo en mi corbata

Y sonrío a los imbéciles que bajan de los árboles.

 

Escrito por Verónica Nieto

Verónica Nieto (1978), nacida en Córdoba (Argentina) y afincada en Barcelona, es licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Málaga y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada por la Universidad de Barcelona. Es autora de la novela "La camarera de Artaud" (Diputación de Valladolid, 2011), galardonada con el I Premio de Novela Villa del Libro y traducida al italiano (Valigie Rosse, 2015); de los cuentos "Tangos en prosa" (Agilice Digital, 2014), y de la novela "Kapatov o el deseo" (Balduque, 2015). En la actualidad compagina la actividad creativa con tareas de edición. También escribe en Rumiar la biblioteca, un blog de lecturas e impresiones literarias.