Premonición en segunda persona del singular

No vendrás.

Habrá una silueta vacía en el otro lado de mi cama. El par de sillas estará en desequilibrio cuando me siente a tomar café cada tarde. La ausencia agrietará mi soliloquio. No repetiré una fórmula de cortesía para darte la malvendida después del trabajo. Nunca aprenderé a calentar cenas ni me saldrán bien los dobladillos.

Negaré todo regazo posible, porque no debo multiplicar esta imagen de inconciencia; no soportaré que mi llanto se transforme en un cuerpo; jamás amamantaré tu mirada de odio hecha carne.

Plantaré mi palabra para cosechar la soledad. La veré crecer como esas plantas involuntarias que invaden el jardín cuando me descuido. Una plaga de murmullos acabará con ella.

En la lluvia habrá música suficiente para no olvidar la humedad de tu voz. Andaré desnuda por el pasillo de la casa y esperaré que la mano del espejo me detenga antes de llegar a la locura. Hablaré sola hasta que el color de mi cabello se confunda con el de las paredes, hasta que toda yo y mi cuerpo compartamos habitación con el polvo.

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