Me adentro por entre los recovecos de La raíz del grito del poeta granadino Carlos Allende, publicado por Ediciones Esdrújula en septiembre de este año. Durante el primer asalto, me abalanzo sobre un poema y luego sobre otro, con agilidad, movida por un impulso extraño –los lectores de poesía sabrán de lo que hablo: es una suerte de voracidad que anhela capturar todos los detalles en un solo golpe de ojo, deseo imposible ya que esto no sucederá hasta la segunda o puede que tercera lectura-. Pues bien, tras este pestañeo, hundo la nariz entre las páginas en busca de “la cosa del escritor” al que tengo delante. Seguramente os preguntaréis a qué me refiero con esto. Voy a dejar que sea Roland Barthes quien os lo explique. En El grado cero de la escritura, afirma lo siguiente:

El estilo es una forma sin objetivo, es la cosa del escritor, su esplendor y su prisión, su soledad. Funciona al modo de una Necesidad, como si, en esa suerte de empuje floral, el estilo solo fuera el término de una metamorfosis ciega y obstinada, salida de un infralenguaje que se elabora en el límite de la carne y del mundo. (La cursiva es mía)

Parece imposible decir tanto con tan pocas palabras, tal y como hacía el crítico francés. Quiero partir de aquí para destejer el empuje que guía la mano escribiente. Quiero partir de Barthes para llegar a Carlos y la cosa en la escritura Carlos, que ya está presente en La raíz del grito y apunta hacia delante como un imperativo que impele a la lectura.

El poemario se encuentra dividido en tres partes: ‘Casi el tiempo’, ‘Tres casas’ y ‘La raíz del grito’, esta última da título a la obra en conjunto, por lo que no será descabellado pensar que estos poemas serán centrales dentro del repertorio. En ‘Casi el tiempo’ nos encontramos con el protagonismo de lo que nunca permanece inmóvil: el río –pero también-, el mar. Ya sea agua dulce o salada, el oleaje parece regir estos primeros versos que hablan de un yo poético en tránsito, que no se atiene a la norma, y que choca, casi persigue, producir un choque contra lo que está alrededor. Un dato curioso es el guiño a Roberto Bolaño a través de una cita en la que aparece un poema visual de la poeta ficticia creada por el escritor chileno en Los detectives salvajes, Cesárea Tinajero. Hay un anclaje aquí: un memorándum al poeta Javier Egea, al que adivinamos dentro del baúl de lecturas de Allende. Me parece significativo apuntar que ya en uno de estos poemas, aquel que lleva por título “El río”, existe una oposición entre la ciudad, concebida como un punto sin luz fija, turbulento, frente a la naturaleza del río, símbolo para la escritura, para la libertad creadora: “Desde el puente miramos, / la lejana razón de los relojes / y cómo se quema este río / al tocar su horizonte / mientras ardo”.

La segunda parte del poemario, ‘Tres casas’, encuentra su anclaje en el paisaje de interior: las paredes, las puertas, los cristales dobles o el pasillo, nos conducen de lleno hacia un tiempo pasado, salpicado por la memoria y guiado por la falta, que da lugar a comienzos muy logrados: “Como el que espera ausente a / que la vida le hable de sí misma, / recorrí las paredes de estas calles, el humor y el cristal / de la una fuga impedida”, versos que, de forma casi inevitable, me devuelven a la mente otro desgarrador poema de nuestra tradición como es la ‘Autobiografía’ de Luis Rosales: “Como el náufrago metódico que contase las olas que faltan para morir…”. Este progresivo avance hacia la desaparición, este hábito de comulgar con la ausencia, conducen al poeta a los espacios intermedios en los que se cede a la atemporalidad: la poesía, de este modo, se llena de espacio, es toda ella un espacio, suerte de umbral que permanece a la espera de que algo suceda, -o no-. En este eje de coordenadas se mueven poetas como Alejandra Pizarnik, quien se hace presente de alguna manera en el poemario a través del desdoblamiento hacia el tú, y en el diálogo con los espejos.

La tercera parte marca una distancia evidente con respecto a las dos anteriores. En ella podemos observar la eliminación de las mayúsculas y los signos de puntuación, por lo que el poeta goza de una mayor libertad expresiva; pese a esto, su autor otorga muy a menudo una independencia absoluta a cada verso, dotándolo de gran fuerza, y rara vez cede a la tentación del encabalgamiento. Quien escribe se hace transparente a través del pulso creador, en una constante lucha de claroscuros. Al igual que la ciudad que hemos transitado en las páginas anteriores, iluminada por una suave luz de farolas una noche de invierno, ahora el poema se desdibuja en el papel solo para volver a construirse, ya no sólo en el espacio en blanco sino a través de quien lo vive. Desde una mirada rebosante de humildad, el poeta confirma su desaparición a través del acto creativo. Con-fusión que, nuevamente, es un juego de espejos, huida no perpetrada: “construí luz / nadie supo de mí / mientras lo hacía / hoy escondo esta atmósfera / en mis pulmones huecos”.

Al hilo de algunas de las anotaciones aquí tejidas, al leer los tres poemas que llevan por título ‘poética’, divisamos de nuevo ese pulso cuerpo a cuerpo con la ficción, con la palabra imaginada, que emborrona los límites entre lo escritural y lo vivencial: “el poema / ya existe en estos márgenes / cercando la raíz / que no vemos”. Porque el estilo de Carlos Allende, es decir, la “cosa” de la que hablaba Barthes, aquello que andábamos tanteando, el límite de la carne y del mundo, se encuentra precisamente aquí: en la grieta que se abre cuando el poema deja su huella. En la cicatriz, sí, en la cicatriz de aristas afiladas que recorre este libro y que vuelve a arder con cada nueva lectura.

 

 

Escrito por Gema Palacios

Gema Palacios (Zaragoza, 1992). Autora de los poemarios "Morada y Plata" (Ebediziones, 2013), "Compañeros del crimen" (Ediciones Paralelo, 2014) y "Treinta y seis mujeres" (El sastre de Apollinaire, 2016). Mis poemas han aparecido en las antologías "Nacer en otro tiempo" (Renacimiento, 2016) y "Odisea poética" (Legados, 2016) y en revistas como Nayagua o Estación Poesía. Soy graduada en Estudios Hispánicos y máster en Estudios Literarios. En la actualidad me encuentro realizando mi tesis doctoral en estudios comparados en Literatura y Artes. Soy profesora de Lengua y Literatura en educación secundaria y bachillerato.