En toda la extensión de la palabra,
de inicio a fin y de norte a sur,
desde la salida del sol
hasta el anochecer,
soy un hombre gordo.
Mi existencia requiere más espacio
del que necesitaría
de contar con treinta kilos menos
y mi desplazamiento por el mundo
se vale de rutas amplias y cómodas
como mis camisas.
Realizo un esfuerzo enorme
para salir de la cama
y llevar a cabo las tareas más comunes:
Soy una gran voluntad de vida.

Mi dios,
a imagen y semejanza del hombre que soy,
morirá joven,
víctima de su alimentación
y de sus hábitos sedentarios,
confinado dentro de los cuatro muros
de su cielo personal.
Un día sentirá el frío recorriendo su cuerpo
y se mirará en el espejo que cuelga sobre el lavabo,
mientras se toma el rostro con ambas manos
y limpia el sudor de su frente,
incapacitado para comprender
por qué tiene morados los labios.
Caminará de vuelta a su habitación
y se desplomará sobre sus carnes,
demasiado débil para levantarse
y explicar lo que ha ocurrido.
Vomitará el contenido
de su estómago divino
sobre su creación,
sobre el mundo que ha formado
y balbuceará múltiples palabras inconexas.
Percibirá, entonces, a personas
que no están a su lado,
en un ejercicio involuntario de imaginación,
y lanzará amenazas,
insultará.
Al término de algunas contracciones musculares,
después de una agonía demasiado breve
comparada con su vida,
dejará de latir su obeso corazón.
¡Qué joven era!
¡Los mundos que no creo!
¡Los planes que no concluyó!

Es una vida efímera y robusta
la que llevamos los gordos.
Sentado a la mitad del colchón
ambos extremos se levantan
en torno a mí,
en un abrazo obligado
que recibo diariamente.
Reposo mis carnes en cualquier sitio
para admirar el mundo que transcurre
acelerada y delgadamente
frente a mí.
Similares a mi cuerpo,
mis ideas me pueden parecer grotescas,
infladas, estríadas y deformes como son.
Como mi respiración,
mis emociones se agitan rápidamente.
Como mi corazón,
mis palabras se sacuden con fuerza.
Pero soy un hombre como cualquier otro:
como mi postura,
a veces mi voluntad se doblega.

Sin embargo,
me levanto por la mañana
para vivir contra mi dios con sobrepeso,
contra la carga corporal de ser
un hombre gordo como yo,
contra el destino incierto
de la muerte prematura que se opone
a esta gran voluntad de vida
que soy y que me mueve,
como el gordo que soy.
Así, me levantaré mañana nuevamente,
enmedio de otro abrazo rutinario
y, paso tras paso,
me llevaré hasta el excusado
para orinar en abundancia,
y, mientras lavo mis manos,
observaré mi rostro en el espejo
que cuelga sobre el lavabo,
enjuagaré mi frente
y me diré:
«Todavía no, amigo,
todavía no».

Escrito por Ulises Granados

Ulises Granados (Distrito Federal, 1984) ha publicado minificciones, poemas, ensayos y cuentos en revistas como F.I.L.M.E., Deletéreo, La liebre de fuego, Primera Página, Lee+, Mígala y Punto en línea. Desde 2009 elabora el blog Antología sin poesía (www.antologiasinpoesia.blogspot.com). Es guitarrista de la banda de rock swing Cotton’s. En 2013, lanzaron Cotton’s, su primer EP, el cual reeditaron en 2016 con dos tracks nuevos. Es practicante de jiu jitsu brasileño y judo.

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