quo vadis

notes

entonces habrá que escribir alguna cosa que hable del amor,
que hable de las plantas ahogadas del patio,
de las máscaras que puede alcanzar el vicio,
el agua estancada,
la cuerda con que nos suelen maniobrar las horas,
la paciencia estallada

entonces habrá que pecarse las perfecciones,
habrá que contaminarle la papa al estofado,
que discriminarle los desperdicios adheridos a la loza maltratada del plato,
entonces
habrá que entregarles a los gatos todos los techos con las goteras limpias

entonces habrá que ofuscarse un poco,
que corromperse los recuerdos
que procurarse pensamientos gélidos
en cada cornisa del mundo en la que todavía no nos hayamos parado;
habrá que caminarse las vísceras con los talones un poco ampollados,
con la mitad del césped sin terminar de podar

habrá que inmortalizarse todas las vidas, entonces;
habrá que apagarles las bocinas a todas las bocas entreabiertas
a todos los gritos

entonces habrá que escribir alguna cosa

habrá que hacerle unos cuántos hijos
a la vanguardia abandonada del alfabeto
y habrá que proveerles después algún tipo de educación,
algún tipo de utopía,
de cuento de hermanos Grimm

entonces habrá que quedarse para verlos desaparecer,
habrá que aguantarse.

para cuando hayan vuelto
– ya convertidos en libros de textos
o en envases domésticos de frutas y hortalizas –
habrá que autoabastecerse de alguna otra manía,
habrá que salirse del invicto,
habrá que escapar

 

quo vadis

de dónde sale el agua que respiran los vidrios los días de invierno
el hambre que nos causa la playa

adónde va el viento cuando deja de seguirnos
adónde las cartas
las tarjetas de cumpleaños que nunca fuimos capaces de mandarnos

adónde habría que reclamar las deudas que se tienen nuestros cuerpos
sobre qué otras desnudas criaturas
acomodan sus partes íntimas

adónde están los bordes que le fuimos recortando al camino
los cajones de manzana que no pudimos salvar
por dónde corre la sangre mojada
por qué sucias sábanas se revuelca su mancha

adónde van los libros prestados
(a veces leídos / siempre perdidos / nunca devueltos)
adónde sus notas al margen
sus índices manoseados
sus verdaderos padres

adónde duermen los peces cuando no están despiertos
cuando no ahogan sus cuerpos en ollas hirviendo
adónde van sus lágrimas
sus otras aguas

de dónde nacemos cuando ya hemos muerto
de dónde salen los otros
cuando los demás no nos piensan / ni nos adoran / ni nos fingen /
ni nos pueden alcanzar

adónde corren los verbos
y las formas de los signos
cuando no los podemos decir / ni atravesar / ni encender

de dónde sale el suelo cada vez que el infierno
quiere escaparse de los edenes

adónde esconden tu nombre
cada vez que el mío no se deja gritar
cada vez que nos deja el viento
cada vez que a los vidrios les empieza a faltar la respiración
después de la playa
en invierno

en Quemar el fuego©, 2017

 

Escrito por Vanesa Almada Noguerón

Vanesa Almada Noguerón (Buenos Aires, 1980). Tiene estudios en Letras y en Gestión Cultural. Actualmente, reside en la ciudad de Mar del Plata y colabora en Liberoamérica, revista y plataforma literaria. De su autoría: Entre los ruidos© (Baldíos en la Lengua, 2015), Quemar el fuego© (Autogestivo, 2017) y Los demás© (Liberoamérica, 2019). Su Blog: almadanogueron.blogspot.com.ar
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