Diario de una Nadadora

[Imagen: Artist: Laurie Simmons. Title: Water ballet (Vertical), 1981]

 

Water is worse than woman.
It calls to a man to empty him.
Under us
Twelve princesses dance all night,
Exhausting their lovers, then giving them up.
I have known water.

Anne Sexton. Water. All My Pretty Ones.

 

“Nelly pretendía quizá ampliar su propio tesoro de secretos. Pues la conciencia secreta y veraz de aquella niña- “tú eres para mí transparente como un cristal,” acostumbraba decir Charlotte a su hija- le creo ocultas opacidades y recovecos donde poder guarecerse para estar a solas consigo. La impertinencia de los demás es el origen del secreto que puede germinar por necesidad y hacerse hábito, y que puede crear malos vicios y sublimes poemas.”

Christa Wolf. Muestra de Infancia.

 

NOCHE 1

EL Jota se fue. Voy a dejar de mentir. Voy a dejar de comerme los dedos. Voy a dejar de lastimarme las encías. Voy a dejar de pasarme tiempo hurgando en las vidas de los otros. Voy a dejar de comer azúcar. Voy a dejar de aplazarlo todo. Se acabó. Voy a dejar de sentir que la vida de los otros es más bacán. Punto. Se acabó. Voy a dejar de sentir envidia.

NOCHE 2

Tengo 34 años. La Ine se quedó a dormir conmigo. Lloré dos veces. La primera cuando le conté sobre el viaje a la playa en el que dormí con mi papá por primera vez. Mi papá estaba puesto sólo unos calzoncillos color caqui y me impresionó la palidez de sus piernas y el pequeño bulto que hacía su pene ajustado por la tela del calzoncillo. Tenía 10 años. La segunda noche de ese viaje, su esposa ya no me dejó dormir con él. Me cerró la puerta del cuarto en la cara y me dijo algo así como tendrás que dormir sola. Yo lloré toda la noche. Sin entender porque lloraba. En algún momento en esa noche fui al baño, que tenía un espejo inmenso en la pared y me miré llorando y mi cara llorando hizo que sintiera pena de mí y entonces lloré más. Luego me subí el vestido de la pijama, me di la vuelta, abrí las piernas y agachándome me observé el ano. También por primera vez. Ella no volvió a dejarme entrar al cuarto. Yo lloré todas las noches de esa vacación. De regreso de la playa mi mamá me llevó, por recomendación de mi papá, a la psicóloga también por primera vez. Comencé a tomar valeriana y a escuchar con un walkman, cada noche, la voz de la mujercita que recitaba con un tono parco, rutinas de relajación. Fui obligada a dormir sola. Yo hasta entonces dormía con mi mamá. El por qué dormía con mi mamá es harina de otro costal y no conviene contarlo ahora. Pero no dormí, solo lloré. Toda la noche. Todas las noches. Sintiendo que en mi interior no había nada y esa nada formaba un remolino de aire que se quedaba atrapado ahí en el pecho causándome asfixia.  En algún momento, alguna noche, mi mamá se cansó de oírme y me permitió volver a su cama. Odio por eso el olor de la valeriana. Y también odio a la esposa de mi papá. A mi papá y a mi mamá, no sé. Mientras la Ine me oía rememorar esa historia, contarla incluso con el detalle del ano, yo lloré, pero sólo lloré un poco. Luego seguí hablándole de esas cosas y en un momento dado en el que me paré para prender un tabaco en la hornilla de la cocina, y se me quemó el pelo, me acuerdo que le conté también, que cuando el Jota se fue, el momento de la despedida, sentí que estaba parada frente al hueco en el que enterramos a mi hermano. En el entierro, le dije a la Ine, en un momento en el que alcancé a entender lo que pasaba, el momento de bajar el ataúd al hueco, yo caché que mi hermano se había muerto y que ya no había nada que hacer. Y sentí pánico. Así mismo me sentí cuando el Jota se iba. Es la muerte, me dijo la Ine. Es la muerte, repitió. Y ella estaba con los ojos llenos de lágrimas y yo estaba llorando. Y luego de hablar de esas cosas nos fuimos a  acostar. La Ine es una mujer muy hermosa. Tal vez una de las más hermosas que yo he visto de tan cerca. Me impresiona sobretodo su frente inmensa, morena, como un espacio dónde reposarlo todo. Me contó cosas mientras estábamos en la cama. Me contó cosas que sonaban insólitas, ciertas, pero insólitas. Hubo algo particularmente inquietante. Algo que se refería a alguna teoría sobre la lealtad genética. Yo le soy leal al abandono. La Ine le es leal a la promiscuidad. Eso puede ser bonito. Digo, el modo en el cómo nos encargamos con lealtad de perras, de ir extendiendo el sino de nuestra ascendencia femenina. Cargamos con él hasta que ocurre la venganza, dijo la Ine. O mejor dicho el retorno del equilibrio. Y entonces dijo, habrá que hacer lo que vinimos a hacer. Pero habrá que hacerlo con amor. Me quedé pensando en la manera en la que vengaría el abandono con amor. La Ine es tan bonita, se parece a una de las muñecas morenas de porcelana que mi abuela guardaba celosamente en el armario y que nunca pude tocar. Mientras ella decía todo eso yo sentía que quería besarle en la boca. Eso quería. Pero en vez, le toqué despacio la cabeza y ella me dijo que me quería mucho y yo apagué la luz y nos dormimos. Eran las tres de la mañana. Antes de dormirme me dijo que este momento de tanto dolor, pasaría. Que el dolor iba a pasar. Y yo le creí. La Ine habla de un modo que no deja lugar a dudas. Yo siempre le creo.

NOCHE 3

Pasaron 3 cosas extrañas esta noche. Me levanté en un momento dado sin poder respirar. No podía respirar. Era real. Agarré la tasa de agua que estaba en el velador y me tomé el poquito que sobraba. Mi mamá repetía que cuando mi papá la dejó fue como perder el aire. De niña yo imaginaba a mi mamá ahogándose, era un pensamiento recurrente. Sobre todo cuando se ponía a llorar yo pensaba, chucha madre creo que ahora sí se ahogó. Cuando ya me estaba quedando dormida otra vez, mi hija vino a mi cama y me dijo que se había hecho pipí. Ella nunca se ha hecho pipí en la cama. Le pregunté si se cambió de pijama y me dijo que sí. Le dije que se acostara conmigo. Se acostó y yo traté de abrazarla, pero ella no quiso y me empujó. Traté de volver a dormir pero entonces oí un sonido extrañísimo, era como el sonido de un burbujeo. Como cuando uno se pedorrea debajo del agua. El sonido venía del baño y cuando me levanté a ver, el baño de visitas estaba inundado. Pensé en trapear pero no lo hice. Me fui a acostar sintiendo una ansiedad maldita en la vagina. Me quedé dormida en algún momento del que no tengo conciencia.

NOCHE 4

Hay algo con la noche. Con la llegada de la noche. Siempre, desde muy pequeña, la sombra del espacio semi obscurecido me producía tristeza. Lloraba. Entonces fue cuando comencé a mentir. Cuando mi mamá o mi abuela o mi hermano me preguntaban porque lloraba yo no sabía que responderles y me inventaba historias. Ahora también miento. Hay algo en mentir que se me dan tan naturalmente. Ayer Llegaron mis amigos de la universidad a cenar. Les veo poco. Cada año, en cada cena navideña. No sentamos en la mesa a comer y no nos levantamos hasta las 3 de la mañana. Había yerba, por suerte. El pollo y yo fumamos y luego no paramos de reírnos. Algunos intentaban iniciar conversaciones serias pero conseguíamos traerlo todo abajo. En algún momento los convencimos de jugar al teléfono dañado. Recuerdo un momento fue particularmente chistoso. Era algo que tenía que ver con topollillo. En un momento dado, en medio del juego y de la bulla tuve un instante en el que pensé que el Jota ya no volvería nunca más, que no estaría al final de la noche, que todos se irían y yo me quedaría ahí sola en esa misma mesa y sentí vértigo. Un vértigo intenso como de caída y no sé cómo salí de ese pensamiento, pero salí de ahí, creo que tomándome un shot de vodka y retomando el juego. Al final cuando ya todos querían irse y yo no quería que se vayan accedí a conversar sobre el Jota y nos envolvimos todos en una conversación seria sobre el amor que terminó cuando yo dije que ese amor al que llamábamos amor no era amor. En ese momento sentí que yo sabía mucho del amor pero que nadie me entendía. Y luego repetí una frase que fue lo último que me dijo el Jota antes de irse. Algo así como tenele fe a tu amor. El Jota es argentino. Yo repetí la frase como si fuera mía. Dije algo así como lo único que nos queda es tenerle fe a nuestro amor. Hago eso a veces. Tomo palabras de otros y las hago mías. Robo no solo frases ajenas sino también otras cosas. Sólo por el gusto de robar. Pero eso también es harina de otro costal y no es algo que quiero dejar de hacer. En un momento dado el pollo se fue al baño y luego vino y dijo que se iba porque su novia estaba celosa. Se fueron todos y me acosté con un poco de miedo y luego sonó un mensaje en el teléfono y pensé que podía ser el Jota diciéndome que vendría a dormir a la casa. Pero no. Era el pollo que me decía que todo bien con su novia y que esperaba que mi corazón esté tranquilo.  Eso exactamente decía.

NOCHE 5

La quinta noche bien podría titularse la noche que conocí a Silvio Játiva. Amanecí con él bailando en un bar de La Ronda. Bailábamos pegados un pasillo. Él canta. Él canta todas las canciones que le da la gana, hasta que la borrachera se lo permite. Luego se para y se va cayendo. Pero la caída es larga. La caída le toma una o dos cuadras y uno o dos conatos de conversación confusa y divertida. Nos reímos mucho. Yo me reí mucho con él. Cuando intentó besarme yo le agarré los churos y le dije que me gustaba, que claro, que su belleza era como todo en esa noche pero que no le besaría y luego me fui, borracha, caminando por las calles de La Ronda con la sensación de que todo era mío. Silvio Játiva es un cantante de fonda y también es futbolista. Tiene el atractivo maldito del hombre feo. Una mezcla fatal entre Guillermo Dávila y Rene Higuita. Algo así. Ahora me duele la barriga y me cuesta escribir. Después de Silvio Játiva vuelvo a mi casa borracha pero un poco menos borracha que el arquitecto, que fue el de la idea de ir a la Ronda. Llego a dormir con mi mamá. Hace años que no duermo con mi mamá. Por suerte estoy borracha. Me pregunta algo. Alguna impertinencia pero yo caigo dormida, y sueño con un hombre manejando un trailer que se cae por un barranco y cuando me doy cuenta el hombre es mi gato. Yo siento el vértigo de la caída. Me despierto asustada y escucho el ronquido tosco de mi mamá. Trato de acordarme qué hago ahí. Recuerdo el video que vi en la tarde proyectado sobre la pared de la iglesia San Francisco. Un mapping en el que una serpiente escalaba la pared de la iglesia y  sacaba su lengüita venenosa con dulzura maternal y como luego le salían hojas del cuerpo, y flores, y asomaban ballenas voladoras cruzando las puertas de la iglesia y luego, así, en la obscuridad, pienso que pronto ya no me acordaré de nada de esto. Es navidad. Mi mamá podría ser la ballena. O la serpiente. O la flor.

NOCHE 6

Me despertó en la sexta noche un ruido que fue como la caída del camión. Mi hija se despertó también. Era un pedazo de la madera del piso que se desprendió. Estalló por la humedad. El piso de mi casa, el tablón, se ha levantado en perfectas olas que se elevan hasta estallar. Cuando nos levantamos a ver, el baño y el corredor estaban inundados nuevamente. Esta vez con caca del vecino. Las dos tuvimos arcadas. Salían además hormigas por todas partes. Manchas negras se desplazan por el suelo como la serpiente. Cómo carajos no hemos muerto devoradas por tanta hormiga, cómo podemos convivir con tanta hormiga entre las paredes, debajo de los pisos, pensé. Le dije a mi hija que no limpiaría la caca del vecino y cerré la puerta del baño y ya. Le insinué que viniera a dormir conmigo pero no quiso. Me acosté y otra vez el dolor de barriga. Intenso. Como una herida o algo así. Mi papá vino a verme en la noche. Mi papá nunca ha querido estar cuando está. Creo que le pasa conmigo tal vez porque le recuerdo algo que le incomoda demasiado. Siento que todo el rato está con ganas de decir bueno me voy. Hasta que lo dice. Cuando estaba el Jota no pasaba. Desde que se murió mi hermano siempre he tenido a un hombre que triangule mi relación con mis papas. Cuando estoy sola con ellos es insoportable. Mis papás se separaron cuando yo nací. El Jota ya no está. No sé cómo estará pero imágenes de él con otra me acribillan el pensamiento por lo menos una vez al día. A ratos dejo que me martillen más largo, y los imagino encontrándose, abrazándose y me excito un poco. Pero sólo un poco. Lo peor es cuando los imagino besándose o en la cama desnudos. Ahí normalmente paro. Paro y voy a comer algún dulce. Cuando algún pensamiento me martiriza como azúcar. Le explicaba a la María hoy mientras eskypeábamos que lo que me asusta es el mundo. Siempre el mundo ha sido miedoso, tal vez porque mi abuela me repetía incansablemente que tenga cuidado, que si salgo me pueden robar y me encerraba en el departamento y yo miraba a los niños jugar y desde la ventana me imagina todas esas cosas que pueden pasarles jugando afuera y deseaba que algo les pase, algo real que justifique mi encierro y me haga sentirme menos desgraciada. Lo hacía comiéndome una cucharada de choquilla que me daba mi abuela. Creo que ahí fue que empecé a sentir envidia y a comer tanta azúcar. También le dije a la María que todo podría cambiar. Es el momento de la mutación. Ahora que lo escribo pienso otra vez en la serpiente y la flor. Y todo esto me parece ridículo y cursi. La serpiente dando a luz flores o ballenas. No es tan fácil que las cosas cambien.

NOCHE 7

Me entregaron un premio. Soy la mejor nadadora del año en la categoría master 30 a 34 del club Los Valles. Le vi al Jota en la calle. Él no hace ningún deporte. Dice que hacer deporte le parece una pérdida el tiempo. Cómo será todo. Cómo serán las cosas el próximo año.

NOCHE 8

No hubo noche. No me acuerdo. Tome varias pastillas antidepresivas. En la tarde comencé a sentir esa angustia en el estómago que lo traga todo. Recuerdo la primera vez que sentí esa angustia. Quiero culparle a mi papá y a su esposa pero es mentira. Fue antes de ese viaje. Fue un día que me mandaron a dormir a algún otro sitio y no lo conseguí. Creo que fue al campamento del Zurita. Tendría yo unos siete años y tuvo que venir mi tío a recogerme porque yo lloraba. Sentí vergüenza y alivio a la vez. Era como si me habrían salvado de la catástrofe. Lo volví a sentir esta tarde.  Y desde ahí solo empezó a crecer y en la noche llegaron el mono, y dos amigas y me ofrecieron antidepresivos. Los tres toman esas pepitas y una de ellas que las tenía en su cartera me dio las pastillas y me tomé una y luego hablé, hablé de todo lo que el Jota me hacía, de todo lo malo, y ellos también, y era como un complot. Y yo sintiendo que empezaba como a dormirme y luego pasaron cosas que están pero no están. Que no puedo recordar bien. Y amanecí atrasada porque tenía una cita con la Sole y la Maga. Cuando llegué, tarde y sin bañarme, les conté de las pastillas y otra vez del Jota, de cómo había sido todo, de cómo todo se había ido al carajo, por la culpa de él claro, pero la Maga que es vieja y sabia sólo me dijo, se acabó, eso se acabó, tienes que hacerte mujer me dijo, ya basta de todo el resto, te toca hacerte mujer y en ese momento eso me pareció cierto y luego empezamos a tomar vodka y la Sole se fue y la Maga sacó las cartas de su papá, el poeta, y yo escogía una al  azar y ella la leía, y en eso saqué por pura coincidencia una que iba justamente sobre lo que me había contado un poco antes, ese amor de su padre por Helena que lo llevó a la locura. Helena embarazada en Paris y él perdiendo la cabeza, escribiendo cartas de amor y Helena de vuelta al Uruguay, Helena herida en la pierna y luego lanzada al mar por los militares. Y la carta justo esa, el poeta escribiendo algo así como en qué pierna fue, en qué pierna te habrán herido, cómo habrá sido que te agarraron, que habrás pensado cuando taparon tus ojos y te botaron al mar. Y yo y la Maga llorando, ella agarrada a la carta y yo al vaso de vodka, temblando, con la cursilería inflándose en mi interior como una bomba de chicle, sintiendo que había algo inmenso que sí existía y que nos rebasaba a todos y que las historias de amor pueden ser tan bonitas y tan tristes, justo porque el amor es una cosa  misteriosa y enorme que ocurre al mismo tiempo, en todas partes, antes, fuera y dentro de todos nosotros. Y se acaba. O no se acaba. La puta madre, no lo sé. Y luego llegó mi hermana, y yo al borde de la borrachera y aún dopada, sintiendo que la angustia volvía cada que acababa algún encuentro, algún episodio, la angustia regresaba como un pedazo de consciencia a pincharme los pies, caminé con ella por las calles sin saber qué día era, ni qué hora era, ni qué chuchas, yo no podía regresar a mi casa sola, porque la angustia estaba llegando al punto de hacerse de mi tamaño y ahí sí que ya no había vuelta atrás y mi  pobre hermana sin saber qué hacer me llevó donde mi mamá quien al verme puso cara de tragedia y me agarró del brazo y yo sentí que podía caerme y empezó la caída.

NOCHE 9

Mi mamá vino a dormir a mi casa. Su perra vino con ella. La perra durmió  conmigo en el cuarto. Las dos encerradas. El gato con mi mamá. Decir que la perra durmió es mucho, la perra no durmió, se pasó toda la noche oliendo el cuarto. Oliéndole debajo de la puerta al gato que se pasó también toda la noche sentado afuera de mi puerta. Yo tampoco dormí. Me sentía como la perra. Encerrada. Dando vueltas entre las sábanas blancas. Sintiendo la usencia asentar sus deditos largos sobre la almohada.

Noche 10

Además de los antidepresivos tomé también un ansiolítico, y un jarabe de pasiflora. Solo me desperté una vez en la noche sintiendo un placer como olas. Un placer que chocaba contra mi pecho despacito y empezaba a crecer otra vez. En un momento pensé que estaba a punto de enloquecer, que enloquecer era comenzar a preguntarse quién soy y cosas así y que eso ya me estaba pasando y entre esos pensamientos me quedé dormida. Y volví a amanecer media angustiada con un cosquilleo en la vagina. Me desperté, creo que afectada por algún sueño, imaginando al Jota besando a otro cuerpo, lejos en alguna fiesta, en alguna conversación, en algún espacio, feliz y lejos, besando a un hombre o a una mujer, y el cosquilleo se  expandió por todo el cuerpo y una ira atómica me hizo ir corriendo al baño a vomitar.

NOCHE 11

Mi hija se fue unos días con su papá. Se fue llorando. Me miró agarrada de la manzana acaramelada que le compré, y determinada me dijo que no quería irse. Yo la subí al carro de su papá y luego me subí al mío sin regresar a ver pero imaginando su cara llorando detrás del vidrio. Y me sentí culpable. En la noche soñé que me quemaba con cables eléctricos que mordían mis dientes. Me sangraban las encías y eso era placentero. Me gusta hacer sangrar mis encías. No sé desde cuando lo hago.

NOCHE 12

Dormí después de muchos días sin miedo. Dormí profundo y soñé que manejaba un auto en una carretera que era el mar. Y que el Jota era mi hermano. Pero su voz no era su voz, era la del Jota. Y al despertarme caché que ya no me acuerdo de la voz de mi hermano. Y eso en este momento me hace sentir culpable. Y pienso que podría ver un video, el video de su graduación. Y luego digo no. Las imágenes tienen un poder supremo. Mejor así. Qué suceda naturalmente el olvido.

NOCHE 13

Dormí borracha. Vino el X, mi primo, y su noviecita y tomamos mucho vino y comimos pizza y el Tito me regaló un cd de música tecno. Y un libro de poesía medieval. Me dijo que soy capaz de disfrutar la vida, que como y bebo como desaforada dijo, y que eso da cuenta de mi amor por la vida y que deberíamos viajar juntos. Que él me quiere tanto. Yo no dije nada. Todo me parecía absurdo y lo que yo quería era decirle que consiga un chance de coca. Luego me acordé de que viajaba a la playa con mi hermana en la madrugada y le dije al X que se fuera, dudando todavía entre la coca, acostarme con él o irme a dormir. Luego de un beso en el cuello y de intentar darme un beso en la boca que rechacé, se fue. Yo me metí a mi cama e intenté dormir mientras mi primo seguía en el tira y afloja con la noviecita curuchupa que se ha conseguido en su iglesia. Solo pude dormir cuando se fueron.

NOCHE 14

Nueva crisis. Estalló llegando al mar. Cuando nos encontramos con mis tíos en Portoviejo. El verlos así en terno de baño y en el mar, tan fuera del contexto en el que normalmente les veo, en la salita de la casa de la abuela tomando té con galletitas, agitó mi angustia hasta las lágrimas que sin embargo contuve hasta volver a subirme al carro. Luego de eso llanto descontrolado y mi hermana y mi primo sin saber qué hacer. Llegados al hotel me tomé el antidepresivo y el homeopático y me quedé dormida.

NOCHE 15

El antidepresivo me hace dormir plácidamente hasta que en algún momento de la noche me despierto con este sentimiento catastrófico y luego insomnio un par de horas y otra vez sueño profundo. He decidido no tomar más esas pastillas. Me tuvieron todo el día en un estado de somnolencia patético. Cada que algo como un pelicano con el ala rota incapaz de volar, ensayando una y otra vez un despegue fallido, me hacía sentir ganas de llorar, no podía. Tampoco cuando algo chistoso normalmente dicho por mi hermana me daba risa, podía reírme. Era como si me hubieran estacionado el volumen en una frecuencia media y de ahí no lo podía yo mover. Se acabó.  Sólo las usaré en momentos extremos.

NOCHE 16

Noche de fin de año. Regresé de la playa. El Jota me visitó y al no concretarse ningún plan con sus panas se quedó a dormir conmigo. Después de mirar abrazados los juegos pirotécnicos estallar y de asistir también a la quema de llantas de nuestros vecinos, nos vimos las caras de pendejos y luego nos metimos a la cama y nos acercamos medio asustados y nos desnudamos y luego hicimos el amor por horas. Fue un gran polvo. Yo me preguntaba mientras me venía en un sinnúmero de orgasmos en seguidilla, cómo era posible tanto placer. Luego dormimos exhaustos y yo soñé que me salían leche de los pezones. El Jota me mama los pezones y yo siento que es mi hijo y cuando me rebusca en el ano siento que es mi papá y cuando me aprieta las tetas siento que es mi hermano. Mi hermano me medía las tetas con una cinta métrica para ver si crecían. Lo hizo toda mi adolescencia hasta que un día amanecieron inmensas y a los dos nos dio pudor. Dormí plácida. Al despertarme el Jota se había ido. Pensé que estaba en el baño fumando marihuana como cada mañana. Pero no. Se había ido. Yo fui al baño y vomité. Creo que vomité el semen que me tragué la noche anterior o quizá fueron las conchitas asadas que me comí en la tarde con el Jota en el restaurante del Gato.

NOCHE 17

Es extraño volver a dormir sola. Me despierto varias veces en la noche. Pienso que sería tan fácil que alguien llegue y nos mate de pronto a las dos. Mi hija duerme en su cama y yo me levanto y la voy a ver y me quedo mirándola y a veces me pongo a llorar. Pienso en que todo podría ser diferente y me pongo a llorar.

NOCHE 18

Soñé que asistía a un evento en un estadio. Iba con el Jota. Al llegar todo estaba lleno y el Jota me decía que se iba a buscar a alguien. Y no volvía más. Y luego el estadio era una piscina inmensa en dónde yo iba a casarme y luego una pecera y  luego un pedazo de tierra que empezaba a abrirse y yo agarrada de mi hija sentía que era el infierno y que mi papá que era el diablo, tenía una cola rojiza que parecía también un pene. Ayer en la terapia mientras el homeópata me tocaba el cuerpo y todo ese exorcismo raro ocurría, yo sentía, sobre todo cuando presionaba mis mandíbulas, que mi papá estaba ahí atrapado entre los dientes. Todo el asunto de la vida es como una cadena de dientes, pensé. Y ahí, entre los dientes y las encías, están atrapadas las personas y las familias y las historias. Tal vez por eso a mí me provoca tanto placer lastimarme las encías. Luego le conté a la tía Paula, con la que me encontré afuera del consultorio del homeópata, lo de mi separación con el Jota, y ella me dijo, ya son dos fracasos mijita, pensará bien. Y deje de comerse los dedos que usted ya es una mujercita. Eso dijo.

NOCHE 19

Las noches de los viernes son las peores. Esos son los días que más padezco. Casi siempre logro acompañarme de amigos. Ayer vino el Negro. Cuando el Negro habla de él es muy bello, tiene una vida triste que sus manos, que sus dedos, resisten con tanta elegancia. Son unos dedos largos que esconden el misterio de la simetría. O algo así. El problema es cuando me quiere besar o me dice que seamos amantes o me lanza chistes impertinentes sobre nosotros. En algún momento siempre le tengo que pedir que se vaya.

NOCHE 20

No dormí. Preferí quedarme en una fiesta bailando y ver salir el sol junto a un niño de 23 años que me gustó mucho. Un rato nos metimos al baño y jalamos coca y el comenzó a desnudarme y yo le pregunté la edad. Y quedó la cagada. Me puse de vuelta la blusa y salí del baño. Estoy menstruando. Creo que lo de la edad fue un pretexto para no tener que decirle que estoy menstruando. Le dije a alguien en la fiesta que no estoy casada. Qué idiota. No sé por qué hago esas cosas. En un momento dado siempre miento. Un rato en medio de la borrachera alguien me preguntó qué es lo que tanto temo. Debo haber estado hablando del Jota otra vez. Lo que más temo es mi mamá, mi hija ,y yo almorzando el domingo. Ayer me gustó la soledad pero hoy pesa toneladas. Hubo un momento en la fiesta en la que tuve que irme. No había más mujeres y las miradas de los hombres eran morbosas. Todas. La única persona con la que me habría acostado anoche era la Isa. Pero el marido no le deja ni un segundo sola. El marido de la Isa son dos ojos clavados en ella. Todo el tiempo. A veces eso me produce un poco de envidia.

NOCHE 21

Insomnio. Después de nadar toda la tarde llegué a meterme en mi cama y a chequear el Facebook. Mala idea. Pensamientos extraviados toda la puta noche.

NOCHE 22

La terapia con el homeópata chamán me deja aturdida. Me toca el cuerpo, trata de abrir mis piernas y yo me desvanezco del dolor. Me voy a imágenes y lugares que se abren cuando el comienza a palpar el estómago. Y a veces, cuando abro los ojos, en medio del trance, y lo veo, siento que él es todos los hombres. Y lo quiero besar. Quiero que el sea mi papá. Me pregunto cómo será tener un papá con ese cuerpo, con ese cuerpo grande y robusto. El cuerpo de mi papá siempre me pareció muy chico. Lo único que siempre me ha gustado son sus dedos gordos. Un día me dijo que se los comía, que por eso los tenía gordos. También me dijo que se comía los talones. Yo para ese entonces, a pesar de que nunca le había visto hacerlo, también me comía los dedos. Y también sintiendo un enorme placer, me arrancaba los talones hasta dejarlos con pequeñas hendiduras, a veces sangrando, y me comía los pedacitos de piel. No sé desde cuando hacía eso, pero lo de los talones es un secreto que nunca le he contado a nadie.

NOCHE 25

No he podido escribir. No he tenido mucha fuerza y he decidido dormir. Levantarme ha requerido un esfuerzo doble. El problema dice mi primo es que estoy obsesionada con el Jota. Lo que pasa es que me gusta mucho la relación de a 2 le explico. Esperé el día de besar a alguien por primera vez como mis compañeras de escuela esperaban la Barbie Cristal.  Me pasé años besando a las tapas de los lps de mi mamá que tenían hombres en sus portadas. Cuando me besé con alguien por primera vez en la boca, que por cierto fue con una niña imaginándome que era un niño, sentí que era de largo lo más excitante que había probado, largo lo más entretenido para hacer. Y no paré. Cada enamorado besaba diferente. Y así empezaron a llegar uno tras otro, y algunos me daban más chance que otros. Algunos estaban más interesados en pasarse el día besándose que otros, que claramente se aburrían. Y luego vino el primer polvo que fue como la puta hostia en la primera comunión, no pasó nada. Pero era cuestión de tiempo y yo lo sabía porque cuando sentí el primer orgasmo con un pene adentro fue la gloria. La desnudez además era algo fascinante, lo más fascinante por que todo se mezclaba con todo y era el placer del cuerpo y además un sentimiento de placidez total. De acompañamiento. Y me jodí. Me enamoré de todo aquel con el que me desnudaba.

NOCHE 27

Sueños. Talvez por el tarot. Sueños con aguas de las que salvaba a mi hija. Y también perdía a mi hija. Pero en el sueño enseguida después de haber pensado que la perdía, ella asomaba y yo sentía que eso era la felicidad.

NOCHE 28

Ojos rojos. Aprendí a nadar en esa época. En la época en la que empecé a sentir esta angustia. Nadaba todo el día en la piscina del edificio en el que vivía mi abuela. Ahora, con los años, nado menos. A ratos también siento angustia estando en el agua.

NOCHE 30

Es un mes.

He dejado de escribir. Tampoco he querido nadar. El miedo se ha tomado varias veces mi cuerpo y cuando ha sucedido he llamado a alguien. Los amigos salvan. Me he echado un ácido con el Jota y he quedado embarazada. Luego me ha venido la regla con una fuerza inusual. Me he embarrado de sangre mientras me despedía de una posibilidad que no existió. No había embarazo. He visitado la tumba de mi hermano y ha pensado que me gustaría desenterrarlo. He estado a punto de hacerlo pero me he contenido. He descubierto que no tengo papá y eso ha sido como el tajo de una navaja en el pie, justo en la mitad de la planta del pie. He descubierto que el amor es siempre discontinuo. Menos el de mamá. Ese amor tiene una continuidad que anula todo lo demás. Incluso a mí. He pasado bajo su arrullo algunos días. He sentido que mi cuerpo soporta la ausencia del Jota como soporta todo lo demás, con una tensión que sangra a la altura del abdomen. He sentido ganas de morir. He sentido al día siguiente que estoy mejor. Me he levantado otra vez para ir a trabajar. He asistido a clases y he dicho cosas sobre el cerebro y la energía muscular. He salido corriendo por una calle empedrada, mientras escuchaba frases que mi primo ha escogido cuidadosamente para mí y que hablan del amor de Jesucristo. He escuchado dentro de mí voces que no paran de señalar caminos distintos. He vomitado las conchitas asadas que comí sintiendo que vomitaba el mundo, o todo el semen tragado. He abrazado a mi hija en la obscuridad, en total silencio, para agarrarme de ella y no morir. He sentido que es el fin de todo y la realidad es insoportable sin mi hermano. He llorado hasta encontrar consuelo en las palabras de mi mamá: no llamaremos a nadie. He saltado al vacío repitiéndome yo me quedaré porque tengo todo lo que necesito, el mantra que aprendí en mi visita a un terapista que me hizo pegar unos almohadones de flores coloridas con todas mis fuerzas, imaginándome que era la cara de la esposa de mi papá. Yo no les pegué con todas mis fuerzas temiendo hacer algo ridículo. He mirado mil veces el Facebook. He esperado noches eternas que el Jota llame y lo he llamado varias veces para no decir nada, o decir cualquier cosa, como perdón. He imaginado que se duerme, se culea y se despierta con mujeres hermosas, mucho más hermosas que yo y le he dado la razón por dejarme. He eskypeado con mis amigas para escuchar que me dicen cosas en las que creo y no creo, porque en el fondo guardo la esperanza de que el Jota vuelva. No ha vuelto. He dicho mentiras. He descubierto que en mi interior hay una falta. Es una falta de fe. Un faltante espiritual. He cachado que lo que necesito es creer. He querido creer pero no lo he logrado. He alimentado a mi gato y he mirado el piso de mi casa estallar después de inundarse con mierda del vecino. He  aspirado el polvo que ha dejado el pulir el piso y también el olor a laca que me ha entorpecido. He comprado tela y pintura para redecorar mi casa pero todavía no lo he hecho. He querido lamer la espalda de un joven de 23 años que hace música con su computadora y ríe de una manera inusual. He querido también, aunque borracha, besar a un ex amante que ya no me gusta. No he querido culear con ninguno de los dos. He husmeado en las axilas del Jota sintiendo que es un olor que me tranquiliza. Me he puesto a llorar porque saca bruscamente su verga de mi vagina. He pensado que con una mujer esto no pasaría. He comido con un hambre voraz después de hacer el amor. He repasado imágenes en mi cabeza de manera obsesiva, imágenes que tienen que ver casi siempre con el Jota. Me he imaginado que sacaré las cosas que quedan de él en mi casa. He imaginado que me pide perdón. He tejido con mi madre una bufanda azul y he armado un rompecabezas de mariposas, consiguiendo en ambas actividades un poco de paz. He tomado sol y también pastillas antidepresivas en la playa. He odiado a mi padre, su esposa y un poco a mi hermana menor, por parecerse demasiado a ambos. He sentido la intensidad de otros llegar a mi como un aire pesado y he debido salir corriendo algunas veces. Me he metido al mar y le he pedido regresar con el Jota, lo he hecho con frases ridículas del tipo, que sea lo que tenga que ser. He tenido conversaciones que versan una y otra vez sobre lo mal que me siento. He escuchado también historias más y menos trágicas que la mía. Me he reído mucho, sobre todo cuando he fumado yerba. No he podido dejar de comerme los dedos. He sudado mucho las noches y he tenido sueños que ya no recuerdo bien pero en las que el Jota aparece casi siempre. Ocurren los sueños por lo general en el agua. He escogido tres cartas del tarot para interpretar mi pasado, mi presente y mi futuro y las cartas han sido, la lealtad, la muerte, y la domesticación del deseo, respectivamente. He escrito mi primer poema. Un poema en el que describo la cara de mi gato. He ganado una competencia de natación. He respondido una entrevista para una revista deportiva a una velocidad de la que ahora me avergüenzo. He dicho que nadar me desconecta del mundo y por eso lo hago. Que decidí ser nadadora porque nadie en mi familia nadaba. Porque mi mamá no sabía nadar y necesitaba con desesperación ser diferente a ella. Esto último no lo he dicho. Lo que sí he dicho es que tengo una afición morbosa por la asfixia. Pero esto no lo han publicado. He sentido envidia por todas mis amigas casadas y con hijos, sobre todo las envidio en los feriados. He bailado un poco. Muy poco. He leído también poco. He visto películas. Dos películas. Una argentina que va sobre dos vecinos y una ventana y que me ha parecido fantástica. Otra ecuatoriana que tampoco ha estado mal y que va de una madre que tiene que resolverlo todo, he llorado al final de esa película. He dormido atravesada por mi gato. He pensado que la alfombra del cuarto de mi mamá es sucia y he pensado que la casa entera de mi mamá está llena de polvo y grasa y descuido y he comprendido que hay en ello una hermosura que es la hermosura de mi madre. Y punto. He vuelto a comer sus fideos preguntándome por qué habla ella siempre en diminutivo y luego he vuelto sobre el pensamiento para decirme, tienes que aceptarla como es. He recibido visitas de amigos y amigas unos más morbosos que otros. Todos queriendo saber qué pasó. Todos sugiriendo que necesito ayuda. Cada consejo diferente. He tenido que aguantarle a la Suka contarme como el psicoanálisis ha salvado su matrimonio. Decir que se ha vuelto a enamorar de su marido porque sospecha que se está tirando a alguien. He pensado que mi matrimonio ya no existe. Eso me ha causado alivio. La he escuchado decir que yo lo que necesitaba era que mi papá me lea un cuento y el hijueputa no lo hizo, me abandonó, y ahora lo que tiene que hacer es acostarse conmigo. La he escuchado decir que ahora lo que yo necesito es que él me haga el amor. He imaginado que de hacer el amor con mi papá, quisiera hacerlo en la tina del baño. En el agua. He consultado a la astroterapia en la página web de un doctor australiano que, cobrándome dos dólares me ha dicho que soy escorpión, y estoy regida por mis genitales. Luego le he pagado dos dólares más por saber algo de la man con la que ahora sale el Jota y me ha dicho que es Aries y que lo que rige al Aries son las rodillas. He sentido alivio, tan poco interesante que la mujer esté regida por las rodillas. He preguntado por Leo, el signo de mi papá, y me ha dicho que le rige el corazón. Y he pensado ni cagando. Esto es una fantochada, a mi papá no le rige su corazón. Al muy cabrón. Eso he pensado. Y me he salido de la página web. He estado obsesionada con esa nueva mujer del Jota. Y luego he comprendido que no tiene nada que ver conmigo aunque creo que me gustaría acostarme con ella. También he jalado cocaína. Y he acompañado a mi primo a la iglesia y he escuchado decir cosas sobre el poder de los evangelios. Y he querido confesarme solo para oír que idiotez me diría el cura pero no lo he hecho. Y he recordado que le decía mentiras al cura cada domingo que mi abuela me obligaba a confesarme, porque nunca sabía cómo decirle que me había masturbado. Y me he reído de esto. Y de todo. Me he reído con mis amigas. Especialmente con la María. He pensado que estaré mejor. Que tal vez en un tiempo esté mejor. Que tal vez nunca vuelva a estar con un hombre. Esa idea en particular me ha martirizado mucho hasta el punto de la asfixia. Pero repito, tengo una relación morbosa con la asfixia. He sentido también que hay algo que me puede salvar, un pensamiento específico que me hace sentir que no pasa nada, que aquello que me está pasando es insignificante en el transcurrir de la vida, del universo y de la galaxia. Cuando he conseguido nadar también me he calmado. He sentido tranquilidad además cuando hablo con mujeres que han pasado por lo mismo, siempre y cuando no sea mi mamá. He callado a mi mamá cuando ha tratado de contarme como fue cuando mi papá la dejó. He aceptado que, como dice la María, no hay nada que hacer, estamos solos. He seguido el impulso de escribirlo todo sabiendo que mi madre leerá mi diario. He regresado un amanecer a mi casa sintiendo que todo está bien y que me gusta dormir sola. Es mentira. No me gusta dormir sola. Nunca me ha gustado dormir sola. En el único lugar que me gusta estar sola es en el agua. Por eso nado. He conocido a un hombre con el que me he desnudado. Y he sentido que toda esta porquería del amor empieza otra vez. Pero nada ha ocurrido, no me he enamorado de él. Le he dicho que por el momento no quiero nada serio, y él ha estado de acuerdo. No he podido dejar de mentir. Tampoco he dejado de lastimarme las encías. Son manías que se dan en mi de manera tan natural.

 

Escrito por Gabriela Ponce Padilla

(Quito, 1977) Escritora y dramaturga. Publicó su primer libro de cuentos Antropofaguitas en 2015, libro que fue premiado por el Ministerio de Cultura del Ecuador. Algunas de sus obras de teatro se han publicado en antologías dentro y fuera del Ecuador, acaba de publicar la obra Lugar (Editorial Turbina, 2017). Es parte del colectivo MItómana/Artes Escénicas y docente de teatro en la Universidad San Francisco de Quito.