La fuerza telúrica que la artista cubana Ana Mendieta imprime en su obra encuentra un sitio especial en Yagul, Oaxaca. La arqueología mexicana la acoge entre hierba y rocas, como reconociendo a una hija que vuelve al seno materno: impávida, pacífica, vibrante.

Corre el año 1974 y la cubana ha estado trabajando una serie titulada Siluetas -desde un año antes¬ ; Burial Pyramide está dentro de ella. El videoarte está en su apogeo en el mundo artístico, experimentando tendencias de la época como el performance, arte que Ana Mendieta sujeta para exponerse y exponernos, en el que se enfrenta a sí misma con cuanto elemento le produzca fuertes palpitaciones.

En la serie Siluetas, Ana nos muestra varias fotografías en las que marca su silueta en el paisaje, conectándose con el lugar mientras experimenta la presencia del cuerpo en el terreno. Alrededor de ella, a lo largo de los siete años que trabajó esta serie, hubo agua, fuego, tierra, incluso pólvora; lo que la artista buscaba era que los lugares tuvieran una fuerza heredada, por eso la zona arqueológica Yagul fue uno de los sitios que eligió para una de sus más conocidas obras: Burial Pyramide –Pirámide Funeraria-. Esta pieza no solo quedó registrada en fotografía, sino que propició la grabación del performance a color y sin sonido, llenando tres minutos y medio de cinta, la cual ahora es parte de la colección del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, en Madrid.

En el videoarte de Burial Pyramide, un bulto de rocas llama la atención del espectador cuando se presiente bajo de ellas un palpitar, que viene a ser el de Ana Mendieta. Piedras y plantas cubren el cuerpo desnudo de la artista que reposa recta sobre la tierra. No hay certeza si es un nacer o morir, pero Ana está en el vientre; tal vez como mujer naciente o hija muerta. El planeta inhala y exhala a través de su movimiento.
Cuando las rocas comienzan a descender de la cima que ha formado con su cuerpo, se le alcanza a ver clara, como dispuesta al impulso que el lugar tenga sobre ella; se le presiente frágil, pero la conexión de su cuerpo -su principal herramienta de expresión- con el sitio, tranquiliza a quien le ve expuesta.

Esta pieza de Ana Mendieta logra insertarse en las expresiones que vienen de la mano con el movimiento de los nuevos medios digitales que, para entonces en los setenta, significaron un cambio en la manera de crear al incorporar a las nuevas tecnologías del momento. El videoarte, el net art y el fotomontaje digital son algunas de las expresiones que formaron parte del revuelo artístico de estos años. Los precedentes de sus características se encuentran en movimientos como el dadaísta, que como mencionó el crítico inglés John Richardson acerca del dadaísmo, no se puede pretender definir o circunscribir un movimiento que no se puede reducir ni a un personaje determinado, ni a un lugar, ni a una doctrina, ni a un tema concreto, pues se refiere a todas las artes, y cuyo centro de interés se desplaza incesantemente; esto significó un rompimiento en la estética tradicional al incorporar nuevas formas de creación o intervención. En el dadaísmo se hablaba de destruir el arte, de un antiarte, que dejaba lejos cualquier código ético o estético, un tanto semejante con el trabajo de Ana Mendieta, pues revelaba más que un simple movimiento artístico, un estado de espíritu, un método de negación, una actitud violenta y desencantada. Si bien, distan en ciertas cuestiones, se unen al descubrir las trampas de la religión de la belleza.

Palabras como rebeldía, violencia, desencanto y pasión, nos traen a conciencia el trabajo de Ana Mendieta, que aunque a través de sus obras se manifestó contra la violencia de género, su final resultó paradójico con su temprana muerte a los 36 años, después de una fuerte discusión con su pareja, el artista Carl Andre. Resulta difícil olvidar y no pensarla al ver su obra, porque fue ella su propio trabajo. Verla en Burial Pyramide no es ajeno a su vida, allí vemos a una mujer que explora y medita a través del arte su años pasados y deseos venideros de reconocerse con la tierra.

Vuelve a instalarse frente a nuestros ojos un parto; esta vez no es su natal Cuba, de la que fue separada a temprana edad con la Operación Peter Pan, es México, un país en el que se ha reencontrado con sus raíces latinoamericanas.

Los tres minutos y medio que dura la pirámide funeraria en que vemos a Ana agitar su pecho en hondos respiros, nos advierte de dos temas fundamentales en su obra: la presencia del cuerpo de la mujer y de la tierra; cuestiones que a lo largo de sus obras trata de reivindicar entre sí. Es también la dualidad vida y muerte un tema complejo que Ana Mendieta experimentó en varias de sus obras.

No es casualidad que ya en Rape Scene, un año antes que Burial Pyramid, la artista cuestionara la imagen tradicional de la mujer y su condición ante un entorno agresivo para la libertad femenina. Aunque exteriorizado en diferentes medios, ambas obras exponen una compleja feminidad, la que experimentaba Ana en Estados Unidos por su doble condición discriminada de mujer y latina.

Es en la serie Silueta donde más podemos percibir un deseo de reconciliación con el entorno. Será quizá un alcance de esa sensación el que provoca la complicidad entre los colores que Ana expone en sus obras, que aunque denuncien realidades violentas, el ojo del espectador no recibe agresiones estéticas. Sus tonalidades surgen desde un presentimiento corpóreo que enlaza carne y materia, como cuando vemos el anuncio del venir o ir de un cuerpo al percibir el cabello negro de la artista enredado en las piedras.
El seno materno adopta a Ana y ella parece venida de una larga vida de la que al fin reposa. Su cuerpo encaja como semilla con la posibilidad de brotar o descomponerse e integrarse al hueco.

La cinta corre y alcanza los tres minutos; ya en los treinta segundos restantes ha quedado casi completamente desnuda de tierra. Su respiración pesa, no se sabe si va muriendo o una suerte de plenitud le ha invadido el pecho.

Ana Mendieta está viva o muerta.

Ana se ha levantado de Yagul y la erosión le ha llegado a la tierra, no es que haya borrado su silueta, es que la ha asimilado.

 

 

 

*Mira desde la colección: http://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/burial-pyramide-yagul-mexico-piramide-funeraria-yagul-mexico

Escrito por Elizabeth Gamiño

Estudiante de la Licenciatura en Cultura y Arte | Editorial Montea | Colima, México.