Mami, qué es la muerte, dicen que algo malo que ya no hay forma de deshacer pero yo no entiendo, porque la abuelita Mamayi dice todo el tiempo que va a estar contenta cuando se muera porque ya no le va a doler la espalda como le duele mucho, ya no la soporta y ella se ve que quiere eso que se llama morirse. Yo siento feo cuando lo dice porque la quiero mucho y me dijo el tío Migue que si se muere ya no está nunca y nunca suena a harto tiempo. El tío Migue dice que la abuelita es indiota por querer morirse porque él trabaja todo el santo día para que sea una vieja mantenida como reina y se ande quejando y cuando dice eso Mamayi se pone triste y le grita que con más razón se quiere morir pero luego se le olvida y salimos a jugar. Mamayi y yo jugamos con barbis de las del puesto de Anita, las que te gustan porque dices que son más bonitas que las de las tiendas aunque tengan el pelo raro, nos sentamos en el patio y ahí saco la ropa y el cepillo para peinarlas y hacer cuentos. Yo me siento en el sueño y Mamayi en una silla porque no se puede doblar pero siempre juega y a veces me da coca o un dulce.

Unos días le pido que me lleve al parque porque ahí está Lili, va con su mami a jugar y lleva a su hermanito y están tan felices que me contagian y gritamos toda la tarde hasta que Mamayi se cansa y me dice que hay que irnos ya y yo lloro porque estoy triste de despedirme. Tenemos que estar en la casa antes que el tío, dice la abuelita, y si se hace tarde se pone regañona conmigo. No sé por qué hace mucho que no vamos, como que la abuelita no tiene fuerza ya, o eso dice, aunque yo la veo igual que siempre. Extraño ver a Lili correr en el árbol y su cabello brincaba brillando como de comercial, siempre lo he querido tener así, largo y lacio y claro y ya quiero ser tan grande como ella porque siempre me está diciendo que la tengo que obedecer porque es más mayor. A veces jugamos a la casita aunque no tengamos nada pero nos imaginos que hacemos de comer como Mamayi o a veces le sirvo la mesa como mami con don Pepe y se ríe de mí porque dice que lo hago muy seria. Cuando seamos grandes vamos a ser amigas para siempre y a ir de viaje juntas, vamos a ir a París y a Estados Unidos.

Mami, dice el tío Migue que es indiota hablarte a ti porque ya te fuiste y no vas a volver y que me abandonaste porque soy una inútil que no sabe hacer nada y que soy un problema y cuesto más de lo que valgo y yo no sé qué decirle a él pero sé que vas a volver porque eso me dices en mis sueños en los que sueño que me abrazas bien fuerte. Mamayi a veces me abraza como tú y cierro los ojos y como huele parecido pero con tantita pipí, a veces se me olvida que estoy con ella y creo que sí volviste y me dan ganas de ir a gritarle al tío Migue que vea que sí volviste y que sí me quieres y que todo va a ser ahora como era antes cuando tú me llevabas a pasear y al trabajo con don Pepe.

Don Pepe me trata muy bien y me regala dulces aunque a veces me abraza demasiado y me hace sentir rara cuando está enbrio pero siempre le dice Meche que deje a la bébe, puerco, y luego Meche me jala y don Pepe se pone enojado y a veces le suelta un empujón y ella nomás me dice que busque a mi mami y te busco pero ya no porque no vamos. Antes siempre corría a buscarte y me decías que me quitara porque era mestorbas y yo no quería ser una mestorba y entonces me escondía lejos de don Pepe y esperaba a que terminaras muy noche de atender a los señores y regresáramos a la casita con el tío Migue y Mamayi.

Ella nunca estaba despierta cuando entrábamos pero me dejaba un vaso de leche y una concha y en la mañana me preguntaba si estaba rica la cena y me llamaba mijita como todavía me dice pero ya sin concha, pero el que sí estaba despierto era mi tío y siempre empezaba a gritar porque así es él y le gusta gritar mucho y por todo. Yo corría con mi lechita al cuarto porque el día que me quedé en la cocina a comer, el tío Migue me molestó y cuando entraste todo se puso muy feo y luego te sangró la nariz. Yo no supe qué hacer y sentí caliente entre las piernas y me dio mucha pena que no pude llegar al baño porque no sabía cómo correr ya y entonces mi tío te dijo que te ibas a morir y que nos ibas a hacer un favor a todos porque eres indiota como tu hija indiota. Mamayi llegó corriendo y me cargó y me dio miedo que me iba a regañar porque estaba sucia pero no me regañó sino que me abrazó y me dijo muchas veces mijita y que me quería mucho. Se siente muy bien cuando Mamayi me abraza así con todo su cuerpo.

Cuando le pregunto a Mamayi qué es la muerte se pone rara y nada más me dice que es algo malo pero que a veces es lo mejor con la gente que ya no está bien nunca y yo le pregunto qué gente es ésa. Esa gente dice Mamayi es gente que sólo sabe sentirse mal porque está enferma de su cuerpo o de su cabeza y ya no hace nada más que sufrir y no sé si soy como esa gente porque me paro muy triste porque no estás y mi tío Migue es muy malo conmigo y con Mamayi y ella dice que a fin de cuentas la muerte no es tan mala cuando la vida es pior pero luego me da dulces y siento la alegría otra vez en la lengua y pienso que mejor no quiero eso que se llama morirse.

Un día el tío Migue me dijo que ya no ibas a regresar porque no me quieres, Mamayi lo vio raro como cuando la tía Elena se fue y no le avisó a nadie ni se llevó sus cosas ni nos dijo a adiós aunque todos éramos buenos con ella. Extraño a la tía Elena, también jugaba conmigo en el patio, se sentaba en la silla como abuelita y desde ahí hacía voces chistosas como si fueran las de la barbi. Me puse a llorar, él namás me gritó que me callara el honcico porque si no me va a dar lo que me toca desde hace harto tiempo que no me dio por respeto a mi mamá pero que ahora tengo que cuadrarme porque sólo está él y él paga. Le pregunté a Mamayi si era verdad que no vuelves y me abrazó y dijo que todo va a estar bien pronto, cuando ella se ponga más fuerte y la espalda no la mate de dolor.

Cuando él me pega me acuerdo cómo me decías que no me sintiera mal porque soy una niña monita y voy a ser mejor que tú y voy a estar con un hombre muy bueno no como el tío Migue ni como mi papá que era un inresponsable y me acariciabas atrás de la cabeza donde empieza el pelo y me hacías arañitas en la espalda con los dedos y me sentía calmada y se me olvidaba el golpe. Ahora yo me hago arañitas en la espalda pero no es igual porque es muy cansado y no me hace sentir aguadita como contigo.

El tío Migue dice que la muerte es un premio y no entiendo qué es eso y me dice que me va a enseñar uno de estos días porque se va a dar un regalo para no tener que estar soportándome porque soy un mestorbo igual que mi mamá. Un día lo vi llorando en el sillón y diciendo quedito cosas que casi no se entendían porque tenía la boca como de plastilina como cuando toma bebida pero sí le entendí que decía perdón muchas veces y no quería muchas veces. El tío Migue tiene la boca de plastilina todo el tiempo desde que no estás y ya casi no va al taller y cada vez hay menos leche y conchas porque Mamayi dice que no le alcanza y que nos vamos a tener que conformar con frijoles y tortillas hasta que el enbrio de mi tío se ponga a hacer algo o que a ella la espalda le duela menos. Mamayi ya nunca me deja sola en la casa y me dice que lo único que le impide morirse soy yo porque estoy muy chiquita y no me sé defender pero no estoy chiquita sino grande y ya alcanzo bien la mesa cuando me siento a comer.

Hoy Mamayi me vio muy triste porque no puedo jugar porque me duele y me dijo que te contara todas estas cosas aunque el tío Migue diga que es indiota hablarte y que a lo mejor así puedes escucharme y estar lista para recibirnos. Estoy muy contenta porque Mamayi dijo que vamos a ir contigo y le pregunté si era un viaje largo y que a dónde íbamos. Se le llenaron de agua los ojos y me di cuenta de que son grises y muy húmedos y que sus párpados ya los cubren casi porque son suaves como es toda ella. Sentí más bonito todavía cuando me di cuenta de que su piel es como mi cobijita café que tengo desde bébe y que cuando me abraza me siento como cuando me meto completa debajo de la cobija y nadie puede acercarse a mí porque es mágica.

Mamayi no deja de llorar y le pregunto por qué si ya te vamos a ver de nuevo y me dice que llora porque que hoy no le duele la espalda.

 

 

Pintura por dos: Egon Schiele

Escrito por Aura García-Junco

Nací en la Ciudad de México y estudié Letras Clásicas en la UNAM. Escribo narrativa, especialmente novela. He colaborado en revistas como Este País, la Revista de la Universidad de México, Tierra Adentro y en proyectos de investigación sobre temas clásicos y medievales. En el año 2014, fui becaria del FONCA en el área de cuento, en el 2016 en la Fundación para las Letras Mexicanas en el área de narrativa, en el 2017 en el FONCA en el área de Novela y en el 2018 en la beca La Página Dorada de la residencia Under the Volcano.