1

Un joven sucio y harapiento mira de pie una gruesa reja de metal. La tarde mezcla y amasa sol y polvo. Tras la reja un soldado juega con una niña de no más de diez años. El soldado le limpia el rostro a la pequeña; le sonríe; le acaricia las nalgas… El joven observa. Su rostro se cubre de sombras que le aprietan los puños y le abren la boca.  Corre hacia la reja. Detrás de él se dibujan un par de siluetas, que lo interceptan, lo someten en el suelo, lo toman de los brazos y lo arrastran, alejándolo de la reja. El soldado al otro lado, ríe. Su mano continúa arrastrándose entre pequeñas dunas de carne.

 

EL JOVEN: ¡Hija! ¡Por piedad…!

(Se lo llevan.)

 

 2

Un foco encendido sobre una mesa. Tras ésta, sentado en una silla, con las manos atadas y los ojos vendados, se encuentra el joven. Su carne muestra pequeñas lagunas moradas sembradas por un puño invisible. Pasos.

 

HERRERA: (Que no se ve aún.) ¡Difamación! Difamación de carácter, le digo. Ese es el nombre.

NAVA: Señor: “Difamación”, ¿con dé chica o dé grande?

HERRERA: ¡Por dios, Nava, encienda las malditas luces! (Las luces se encienden en toda la sala.) Le decía… No veo necesario apuntar eso. ¡El nombre es el nombre! Tiene que ser nombrado como debe ser nombrado, ¿estoy en lo cierto?

NAVA: Señor, sí.

HERRERA: Haz pasar al hombre.

NAVA: Señor, el hombre ya está aquí.

HERRERA: ¿Me cree ciego?

NAVA: No, señor, no.

HERRERA: No importa…, dígale… ¡Exíjale su nombre!

NAVA: Nombre.

EL JOVEN: Yo… no recuerdo.

HERRERA: Parece que tenemos un bromista en la sala, ¿no le parece, señor Nava?

NAVA: Señor.

HERRERA: ¡Nombre!

EL JOVEN: Yo…, si usted pudiera ayudarme.

HERRERA: Le gustan las bromas. Verá, a mí también me gustan. Es bueno una de vez en cuando.

EL JOVEN: Ya no lo tengo, señor.

NAVA: (Le quita la venda.) Escúpalo. ¡Nombre!

(Silencio. De la lejanía, como en un sueño, un grupo de voces emerge. Con ellas se escuchan golpes secos.)

VOCES: ¿Te gusta, mil quinientos cincuenta y uno?

¿Te gusta, dos, dos, cero?

¿Te gusta, expediente sin clasificar?

¡Eso, sigan, que tu carne lustre nuestros zapatos!

(Silencio.)

EL JOVEN: Lo tienen los militares…, señor. Ellos me lo robaron. Y no comprendo, es un nombre inútil, no es un James, un Louis, un Mike, un Billy. Era un nombre barato, no les va a servir de nada. ¡Me lo robaron porque no tenían nada más que quitarme!

HERRERA: ¿Está usted culpando a nuestros militares? ¿Los que defienden nuestra nación?

EL JOVEN: Es verdad…

HERRERA: Miente.

NAVA: ¿Con eme chica o eme grande?

HERRERA: ¡La más grande de todas!

EL JOVEN: Déjenme volver.

HERRERA: Hay una gran mentira detrás de todo esto, lo huelo. La tengo haciendo gárgaras en la punta de mi lengua. Nava, encárguese usted.

(Nava se acerca al joven y lo examina, palpándole el pecho con sumo cuidado.)

NAVA: No tiene piojos, señor.

HERRERA: (Chasquea con la lengua.) No, mi joven amigo, usted ha empezado con el pie equivocado.

EL JOVEN: Tengo una hija… ¿dónde está?

HERRERA: Es su hija, ¿cómo voy yo a saberlo?

NAVA: Nosotros hacemos las preguntas.

HERRERA: La cabeza me está matando. Voy por un café. ¿Gusta uno, Nava?

NAVA: Bien caliente, señor.

(Herrera sale. Silencio.)

NAVA: Te crees muy listo, ¿no?

(Pausa. El joven baja la cabeza.)

NAVA: Capital de nueva Zelanda.

EL JOVEN: No sé.

NAVA: ¡Mozambique!

EL JOVEN: Señor, yo no creo que…

NAVA: Tú crees lo que yo te diga. ¡Capital de nueva Zelanda!

EL JOVEN: (Menguado.) Mozambique.

NAVA: ¡Ahora dilo en verso! (Silencio. El joven mueve la mandíbula con dificultad, intentando articular palabra.) ¡Se te asomó una mentira, sacó una mano! Cuidado, muchacho. Yo participé en la guerra… ¡Sí, en esa guerra! Eso te afina el ojo y el oído y el recto.

EL JOVEN: Ya… entiendo, señor.

NAVA: Raíz cuadrada de cuatro.

EL JOVEN: Dos.

NAVA: ¿Quién demonios te dio esa información? (Silencio.) Ya veo, un espía. (Se seca la frente.) Eres un tipo rudo.

EL JOVEN: A mi pequeñita, señor… uno de sus soldados la estaba…

NAVA: Yo hablo, tú respondes. ¿Quedó claro?

EL JOVEN: Señor, sí.

NAVA: ¿Comida griega o japonesa?

EL JOVEN: Yo no…

NAVA: ¿Izquierda o derecha? ¿Normal o descafeinado? ¿Con cuantas de azúcar? Formula del azúcar. ¡En caso de haber respondido con cualquier proceso mental se le asignará un abogado y blablabla…! (Sombrío.) Ahora dígame, y más le vale ser claro: ¿con qué picaba Pepe pecas sus papas?

EL JOVEN: Con un pico.

NAVA: ¿Fue primero el huevo o la gallina? ¿Por qué siempre es una puta gallina? Cuando tenemos una incógnita X y la dividimos entre su mínimo común: ¿cuántos factores son posibles entre negativos si la gallina estaba preñada?

EL JOVEN: Yo, no…

NAVA: ¡Tiene la mirada perdida! ¡Confabulador! ¡Picador de papas! ¡Matemático! ¡Asesino de gallinas!… Ha dicho todo lo que se esperaba de usted. (Pausa.) ¿Sabe lo que implica? La silla eléctrica.

JOVEN: Fue erradicada…

NAVA: Shhh… shhh, no se inculpe más, por favor, o no nos alcanzarán las sillas.

(Entra Herrera.)

HERRERA: (Mientras le pasa un vaso con agua a Nava.) ¿Qué logró?

NAVA: Confesó todo. Es culpable.

HERRERA: De qué cargos.

NAVA: De todos.

HERRERA: Me empezaba a caer bien. Pero usted ha visto. Es testigo de que intentamos ayudarlo por todos los medios.

(Ambos asienten solemnemente. Silencio.)

 

3

Murmullos. La sala de ejecuciones. Una silla eléctrica al centro, en la que está sentado el joven. Junto a los interruptores se halla Nava; junto a la silla, Herrera. Mucha gente en las bancas al frente de la silla. Al fondo, el soldado y la niña de «1», tomados de la mano. La niña sonríe y mira al joven con curiosidad. El joven la mira a ella en silencio.

 

HERRERA: Se le hará pasar electricidad hasta que muera y… (Pausa.) Bueno, ¿puede levantar la mano quien sea cliente frecuente en este tipo de espectáculos? (Todos levantan la mano.) Entonces podemos ahorrarnos toda está mierda, ¿no?

 (Murmullos que poco a poco se van disolviendo.)

EL JOVEN: (Murmura a la niña.) No tengas miedo.

LA NIÑA: (Al soldado.) Papá, ¿quién es ese hombre?

(Nava baja la palanca.)

 

 

 

 

 

 

Escrito por Uriel Mejía Vidal

(Estado de México, 1990). Licenciado con mención honorífica en Literatura Dramática y Teatro por la UNAM. Es fundador de la compañía Donaukinder Teatro y fue becario de la Fundación para las Letras Mexicanas. Obtuvo mención honorífica en el concurso Punto de partida 44, en la categoría de fotografía en 2013. En 2015 fue ganador del Concurso de Crítica Teatral Criticón, organizado por la revista Paso de gato y Teatro UNAM, además de recibir mención honorífica en el Premio Nacional de Dramaturgia Joven Gerardo Mancebo del Castillo y formar parte del libro Teatro de la Gruta XV. Ha publicado en revistas como Este País, Pliego16 y Punto en Línea. En 2017 obtiene el Premio Nacional de Novela joven "José Revueltas", por su obra "El tiempo del cocodrilo".