La canción titulada «Believer» del grupo estadounidense de pop Imagine Dragons fue lanzada en este año que se acaba del 2017, concretamente este mes de mayo pasado. Su divulgación fue bien acogida y se ha convertido en estandarte de las emociones de muchos oídos, cuyo rango de edad oscila entre los 15 hasta los 30 años.

Aunque la composición se instale en el adolescente siglo XXI, cuando se intenta recoger alguna influencia que pueda palpitar entre estas sílabas inmediatamente se puede observar reflejada otra pieza artística muy popular: «La canción del pirata» de José de Espronceda. Por supuesto, a pesar de que este extenso poema haya sido versionado por grupos diversos, como Tierra Santa, puede que en la actualidad no ayude mucho a su aprobación el hecho de que se presente rodeada de plúmbeos apuntes que oscurecen la belleza del mensaje.

El arranque del grito del Yo-lírico emerge de la furia que siente al expresar que está cansado del modo en que se han desarrollado las cosas y se siente enardecido y listo para verter «all the words inside my head». Aquí se halla la imagen de la frustración, del personaje frente a la hoja en blanco, dispuesta a ser saturada de pensamientos.

Una de las claves de esta canción es la primera estrofa, donde ya se expone la figura del Yo-lírico como el marinero que conduce no ya su propio barco, sino que directamente reina sobre el amplio mar:

«Second, don’t you tell me what you think that I can be,
I’m the one at the sail, I’m the master of my sea, oh ooh
The master of my sea, oh ooh»
Y en Espronceda, además de la famosa:

«Que es mi barco mi tesoro,
que es mi Dios la libertad;
mi ley, la fuerza y el viento;
mi única patria, la mar»

Se extraen los siguientes versos:

«que yo soy el rey del mar
y mi furia es de temer»

Con esa furia que le caracteriza y con la que se alza frente a la adversidad que ha sufrido hasta ahora, el Yo-lírico alcanza la palabra que más se va a repetir a lo largo de la composición: pain (dolor).

El pirata de Espronceda se siente rodeado de la inquietante y atormentada naturaleza que viaja con él y, en el trueno y el miedo y el espanto, él halla descanso:

«Y del trueno
al son violento,
y del viento,
al rebramar,
yo me duermo
sosegado,
arrullado
por el mar»

El paisaje recuerda a los bellos cuadros de William Turner, pintor romántico británico que supo reflejar el estado turbulento de los sentimientos propios de este movimiento artístico a través de barcos perdidos en una confusa neblina, véase por ejemplo La tempestad.

En la canción del grupo estadounidense llega el punto de tratar la materia religiosa, en concreto es el aspecto tercero que se va a analizar. El número tres en el catolicismo es un número mágico, tal y como lo es también el siete. En este caso, la Santísima Trinidad se representa por medio de este número y, bien sea casualidad bien sea intencionadamente, la composición refleja en este tercer asunto a la paloma, pues se convierte el odio del Yo-lírico en pájaro que flota en el aire. La paloma, también símbolo del Espíritu Santo.

«Third things third
Send a prayer to the ones up above
All the hate that you’ve heard has turned your spirit to a dove, oh ooh
Your spirit up above, oh ooh»

Esa imagen recuerda asimismo al momento de la aclamada Blade Runner, en el que el Nexus 6 llamado Roy Batty suelta la paloma que sujetaba fuertemente, tras el violento encuentro cargado de furia que tiene con Deckard, interpretado por Harrison Ford. El odio del replicante da rienda suelta a un sentimiento más profundo, que acompasa la liberación del ave en el momento en el que Roy muere y que, a su vez, parece reflejar el alma liberada del replicante.

Y, finalmente, el Yo-lírico trata el último aspecto a través de una fórmula extraída de la religión católica: «By the grace of the fire and the flame». Después del agua y del mar vienen el fuego y la sangre, que acompañan también a ese dolor. La composición se construye a través de antítesis como la anterior y contrastes entre preposiciones, como el caso de
«You break me down and build me up […]
Building my rain up in the cloud,
Falling like ashes to the ground»

Es de destacar el contraste entre esas clouds (nubes) y el ground (tierra, suelo) donde finalmente descansan las cenizas de esa lluvia.

El impactante videoclip recoge escenas que tienen lugar en un futurista ring de boxeo entre el Yo del presente (el cantante Dan Reynolds) y el Yo del futuro (interpretado por el actor Dolph Lundgren). Tanto la representación como la letra de la canción apuntan al resurgir del ave Fénix, otro símbolo empleado en el single de «Imagine dragons»: a través del dolor, el Yo lírico ha podido convertirse en un creyente (believer) en sí mismo, ya que ha logrado salir ileso de las muchas desavenencias que ha sufrido a lo largo de la vida. Ese dolor le ha hecho crecer y ha podido comprobar en sus carnes, tal y como es su cuerpo el que recibe los golpes en el ring, que la desdicha y los obstáculos hicieron mella en él al mismo tiempo que le empujaban a seguir.

Believer, título con evidentes reminiscencias religiosas, apunta al combate que cualquiera ha de superar, día a día, al toparse con impedimentos que marcarán como cicatrices su piel; pero que preparán el terreno para el refulgir del Fénix.

Escrito por Alicia Louzao

Exácticamente, soy licenciada y doctora en Filología Hispánica y licenciada en Filología Inglesa.