Sombras sin sosiego (Arandurä, 2012, 2da. ed.), de la escritora paraguaya Lourdes Talavera, fue una de esas novelas que leí ininterrumpidamente hacia la mitad de este año (considerando que soy mala lectora, termino obras cortas en tres o cinco días) y que, fuese como fuese, me dije que intentaría recomendarlo.

La novela nos presenta la historia de Renato y Verónica, dos hermanos distanciados desde la infancia a causa de la persecución política sufrida por su padre (un ingeniero agrónomo y profesor en una escuela del interior del país, y por tal razón asociado a los movimientos campesinos) durante la dictadura militar de Alfredo Stroessner en Paraguay (1954-1989). Estos hermanos que han pasado prácticamente toda la vida distanciados, pero de alguna forma siempre rodeados por las mismas personas, son los personajes principales en medio de la trama dramática que presenta la obra. Trama dramática que no ahoga al lector en medio del llanto o de las situaciones problemáticas que presenta, sino que lo va introduciendo a ese mundo de miedos, distanciamientos, dolor, incertidumbre y limitaciones que llegaron a crear las dictaduras militares en Latinoamérica hacia la segunda mitad del siglo XX.

Lo principal en la obra es la búsqueda y el reencuentro de los miembros de una familia disuelta a causa de las persecuciones políticas sufridas, que llevan al desentierro de recuerdos, de las vivencias sepultadas por el dolor que representaban, y sobre las cuales —con desesperación y ansias por comprender el pasado tras una vida colmada de sombras— Renato escarba insistentemente, ya sin ver otra opción para resignificar su vida que volver atrás, a ese tiempo de muerte y sufrimientos, para encontrarse a él con su pasado, con su familia desmembrada en nombre de la paz y tranquilidad de un gobierno, y con el sentido de su existencia, de una vida en sosiego que sí puede ser posible. La temática histórica y política no pueden aislarse de la historia de este hombre ni de la de su hermana, a causa de las vivencias del pasado de sus padres y de los amigos que los protegieron, gracias a quienes ambos hermanos sobrevivieron y lograron tener una vida prácticamente ideal, pero sin conocer sus verdaderas raíces. Por eso las sombras sin sosiego, por eso la incertidumbre, el pesar que muchas veces invade a Verónica y la hace sentir fuera de sitio en esa familia que la adoptó cuando era pequeña; y por tal razón también el emprendimiento de Renato por descubrir quiénes eran sus padres y qué hicieron con ellos.

Los personajes ficticios de la novela representan perfectamente a esos reales que, de alguna o muchas formas, han sufrido las distintas injusticias de aquella época oscura en el Paraguay y han sobrevivido en un país que olvida, pero han sobrevivido entre las sombras no aclarecidas del pasado, y siguen buscando razones, motivos, respuestas a las interrogantes que siguen hiriendo en lo más profundo. La vida de perseguidos, torturados, exiliados y desaparecidos, así como de aquellos que están detrás, la familia, los hijos y amigos, es presentada en un lenguaje simple, en un escenario político y social aún demasiado conocido por los paraguayos y latinoamericanos.

Además de ese factor histórico-político, es la característica enigmática y misteriosa de la novela lo que mejor acompañó a mis ganas de conocer una nueva voz literaria paraguaya para notar que capítulo tras capítulo la lectura va siendo invadida por la duda, la curiosidad y el misterio acerca de lo que realmente sucedió y lo que va a suceder con los personajes, para además terminar diciendo que no existirá lector o lectora que no quede atrapado en las páginas de este libro, en las que se reflejan la lucha de poderes, las ideologías disidentes y los abusos de poder por parte de las autoridades de la dictadura stronista.

Leer en Paraguay sigue siendo una forma de rememorar la historia, rescatarla del olvido. Presentarla de una nueva forma, dinámica y entretenida, ficticia e interesante aún más, ante un público que no deja de renovarse, es el desafío que queda a los escritores contemporáneos, y con esta novela, Lourdes Talavera nos demuestra que aquello se puede lograr.

Sobre la autora. Lourdes Talavera es paraguaya, nacida en Asunción en 1959. Es médica, pediatra, docente universitaria, escritora y ensayista. En 1989 publicó en La Micrófona (boletín mensual del Área Mujer del Centro de Documentación y Estudios) el cuento “La telaraña”. Participó del taller de cuentos del Centro Cultural de España Juan de Salazar (Asunción), dirigido por la escritora Reneé Ferrer, y presentó colectivamente sus trabajos: “Sombras nada más”, “Aquella postal” y “Miss Sarajevo” en el libro “Nueva cosecha” (Servilibro, 2002). “Junto a la ventana” fue su primera colección de cuentos, publicada en el 2003 por la editorial Servilibro, la misma que al año siguiente publicó “Zoológico urbano. Doce cuentos citadinos” (2004). Su obra “La revancha” de dicho volumen recibió una mención de honor en el VII concurso de cuentos breves “Dr. Jorge Ritter” (Coomecipar, 2004). “Afinidades furtivas. Relatos enhebrados” aparece en el 2007 (Criterio Ediciones). Sus cuentos han sido publicados en el Suplemento Cultural y “El Correo Semanal” de los diarios ABC Color y Última Hora, como asimismo en el periódico digital “El Yacaré”. También en la Revue de création literaire “Arcoiris”. Anthologie N° 27-franḉaise-bilingüe. Integra la Sociedad de Escritores del Paraguay (SEP) y Escritoras Paraguayas Asociadas (EPA). “Ajedrez Perpetuo” (2011, que obtuvo una Mención Especial del premio “Roque Gaona”) y “La Dama y el Tigre” (2013) son sus últimas obras publicadas, ambas novelas.

Escrito por Majo Ramos

Asunción, 1996. Estudiante de Lengua y Literatura Castellana (ISE - Paraguay). Escribe cuentos y algunos poemas. Trabaja en corrección de textos y es lectora más que cualquier otra cosa.