Leer la correspondencia que escribió Franz Kafka a Milena Jesenská es como asomarse al mundo a través de una rendija. Es penetrar las células más íntimas para capturar un Kafka tan enigmático como impredecible. Lo cierto es que, contrario a lo que comúnmente se piensa, su literatura no se agota en cuentos y novelas –obras maestras de las Letras Universales tales como La metamorfosis, El castillo o América. Sólo por citar algunas‒. Hay un Kafka menos difundido como escritor de cartas. Incluso, se podría hablar de un «Kafka epistolar» si se considera que sólo a Milena destinó, entre 1920 y 1922, un abultado puñado de ellas.

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Milena y Kafka en una de las pocas fotografías que los muestran juntos

Pero, ¿quién era esta joven de la burguesía praguense que cautivó al escritor al borde de la obsesión?

Jesenská había nacido en el seno de la clase privilegiada de la región de Bohemia –en ese entonces aún parte del Imperio Austro-húngaro–: padre médico y profesor de la Universidad de Praga, familia nacionalista, antisemita y hostil a los alemanes y al dominio imperial. De espíritu inquieto y rebelde, Milena Jesenská pronto encontraría la manera de romper con todo mandato familiar. Su padre quiso que fuera médico como él, pero el periodismo y la traducción acabaron imponiéndose a los estudios universitarios en medicina. Milena ‒a quien no le hace falta la añadidura del apellido, pues desde muy joven se vio descogollada del árbol parental‒ fue esa perfecta representante de la juventud ilustrada checa, una mujer preñada de ansias, simpatizante de las ideas comunistas soviéticas, de las que se desencantaría más tarde. Una muchacha que gustaba experimentar las distintas sensaciones de la vida: se cuenta que hasta le sacaba a escondidas a su padre drogas que él usaba en el tratamiento de sus pacientes. Milena alucinaba. Y escribía. Y reescribía que es el trabajo del traductor. Sí, como no podía ocurrir de otro modo, Milena llega a Kafka o viéndose al revés, Kafka llega a Milena a través de la escritura. Hubo un lazo tendido por la literatura, acaso destino, que envolvió a estos dos interesantísimos personajes. Fue ella quien tuvo la iniciativa de llevar El fogonero (Der Heizer) – Kafka escribía sólo en alemán‒ al idioma checo. Hacia el otoño de 1919, y con una naciente Checoslovaquia, coincidieron en un café en la ciudad que los vio nacer y designada capital de la nueva república, Praga. No obstante, según lo que el mismo Kafka manifiesta en una de sus cartas, no retuvo demasiado la imagen de aquella jovensísima Milena  – tenía 22 años cuando se conocieron–  en ese primer encuentro cara a cara:

“He advertido, de pronto, que en realidad no recuerdo su rostro en detalle. Sólo creo ver aún su figura, su vestido, mientras usted se alejaba entre las mesas del café…”

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La pasión correspondida por la correspondencia

Para mala fortuna de los lectores entusiasmados, Kafka y Jesenská se vieron unas pocas, poquísimas veces más. Al idilio, en cambio, lo alimentaban las cartas, intensas, que guardan un altísimo valor emocional, documental y literario. No se sabe a ciencia cierta qué clase de pasión fundió al escritor y a la periodista/traductora en esa seguidilla de envíos postales que se extendió, ininterrumpidamente, a lo largo de veinticuatro meses. Lo cierto es que hay un Kafka que subyace en la epístola; la epístola que muestra al Kafka (al otro), al subsumido en las emociones más íntimas.  Cartas a Milena (Briefe an Milena) es, ante todo, ese atajo al Kafka que efectivamente existió y a quien nos interesa rescatar en este artículo.

Pueden encontrarse diversas versiones de Cartas a Milena editadas en español. Algunas de ellas son:

Alianza Editorial

Editorial Losada

Editorial Emecé

Todas imprescindibles…

 

Escrito por Florencia Meineri

Mini portfolio: (Villa Mercedes, Provincia de San Luis, República Argentina, 1992) Colabora en la Revista de literatura iberoamericana y cultura Liberoamerica, Barcelona, España. Integra con su relato “Este no es un cuento de Navidad” la Antología Hincohe 2017, Editorial Hincohe, Buenos Aires. Participa activamente en la Feria Nacional del Libro de Villa Mercedes (ediciones 2015, 2016, 2017. 2018) Ha colaborado para las Revistas Tiempos Modernos (Villa Mercedes) El otro diario (Villa Mercedes), El poeta obrero (Villa Mercedes) y la Revista del Goethe Zentrum (Mendoza) Fue mención de Honor en Concurso de Poesía Ver Mar ediciones, Buenos Aires. 2012 Fue mención Especial en Concurso de Relatos El reducto blog, Córdoba. 2011 Traductora freelance de alemán. Autotidacta. Intereses: lingüística, literatura fantástica, estudios alemanes (germanística), comunicación humana.