La escritura de Perlongher es una búsqueda obsesiva de términos. A través de sus poemas, da voz a las minorías homosexuales que eran perseguidas por el poder político. Usando la problemática social para crear un nuevo lenguaje sintáctico, se permitía mostrar la realidad que lo rodeaba. Néstor Perlongher, en su inquebrantable compromiso social, abre un debate público para lograr que se deroguen las ordenanzas policiales que daban lugar a la detención y maltrato de los homosexuales.  Colabora junto a Sabrelli, Matamoros y Puig, en la fundación del Frente de Liberación Homosexual. Las repercusiones contra los homosexuales eran sociopolíticas, ya que las pautas tradicionales se sustentaban de la religión y eran mantenidas por la cultura legislativa represiva de la sociedad.[1]

Con el trasfondo social de “ser humano afectado por su condición de homosexual”, Perlongher usaba su poesía para transmitir mensajes al entorno cultural. Es decir, esta problemática social se había convertido en un conjunto de síntomas que afectaban su propia identidad, usando la literatura como un pharmacon para elaborar una crítica social.  En este caso, el devenir es un acto político, entre la relación con la propia identidad.

Perlongher era consciente de que el levantamiento homosexual era solo parte de una mayor crisis social. El Frente de Liberación Homosexual formaba parte de todo el sector social del pueblo que estaba luchando por cambiar la economía, la sociedad y las leyes que mantenía el régimen autoritario.  La sociedad no está definida solamente como un grupo de individuos que comparten costumbres y estilos de vida, sino también como un sistema moral y cultural que consideramos reaccionario. Pues, se trata de una política del deseo, una manera de aproximarse a la escritura como un instrumento que parte desde una línea de fuga del canon de cultura impuesto por el ideal nacional de identidad.

La poética de Perlongher está fundada en el neobarroco que se propaga en las letras latinoamericanas, y que fue uno de los estilos poéticos que utilizó el escritor para expresar la voluntad de reflexionar sobre lo que causó la última dictadura militar en Argentina.[2] En el texto Crítica y clínica, Deleuze dice que «el objetivo último de la literatura es poner de manifiesto en el delirio, esta creación de una salud, o esta invención de un pueblo, es decir una posibilidad de vida. Escribir por ese pueblo que falta».[3] La literatura menor es un término que se acerca no a la literatura trazada en un idioma menor, sino a la literatura que minorías étnicas, sexuales o de cualquier tipo hacen dentro de la tradición acordada en una lengua mayor.

Esta poética se identifica con el abandono del tono coloquial del discurso poético y, en tono paródico, Perlongher acoge el término “neobarroso” para aproximarlo al fango, al barro, y juega con términos de la cultura argentina; uno de ellos es el fondo de barro del río de la Plata, en donde las cosas parecen desaparecer, pero siempre están. «No funciona como una estructura unificada, como una escuela o disciplina estilística, sino que su juego actual parece dirigido a montar la parodia, la carnavalización sobre cualquier estilo.»[4]

Lo que hace la literatura en el lenguaje es trazar una especie de lengua extranjera, que no es otra lengua, sino un habla recuperada. En el caso de Perlongher, pone de manifiesto la artificialidad que asume el lenguaje en esta nueva estética. El neobarroso es un mecanismo lingüístico que forma una detracción al sistema sociopolítico y cultural en la dictadura. «Así, la literatura presenta ya dos aspectos en la medida en que lleva a cabo una descomposición o una destrucción de la lengua materna, pero también la invención de una nueva lengua dentro de la lengua mediante la creación de sintaxis.»[5]

En este caso, Perlongher, a través de su poesía neobarrosa, recurre al delirio que lo hace salir de la norma establecida del canon literario, y forma a través de su escritura una intervención en el discurso sociopolítico de protesta contra la guerra sucia y la política de exterminio; usando la descomposición de las palabras para recuperar a través del lenguaje una nueva creación sintáctica. En cuanto a la escritura del neobarroso, Perlongher, mediante juegos en el lenguaje y figuras literarias, daba diferentes enfoques de lo que sucedía en su entorno, explorando lo superficial y lo banal; la exaltación de los espacios urbanos y del cuerpo son dos rasgos que se recuperan en el neobarroso.[6] Manifestaba Husserl en el texto de Terry Eagleton que el lenguaje solo es el medio para expresar lo que tenemos dentro. «El ser y el significado siempre están unidos entre sí.»[7]

Sin necesidad de recurrir a la deconstrucción de Derrida, se puede ver que es el mismo lenguaje como protagonista el que ocupa el centro de la escritura de Perlongher. Después de la transición totalitaria en Argentina, la poesía originó el cuestionamiento de la identidad. El poeta, el escritor, el revolucionario estaba exiliado del lenguaje, y coloca esa realidad en su escritura.

En la escritura de Perlongher, el autor muestra la característica central del neobarroso, en donde lo principal es la presencia de lo político y la subjetividad del texto. El mismo autor manifiesta que la poesía «no es una poesía del yo, sino la aniquilación del yo»[8], y esto lo lleva a exiliarse de él mismo. El autor nos incita a una lectura que cuestione micro políticamente la construcción social del individuo como un modo de vivir. Y así, entre la escritura y la poesía, Perlongher va desafiando las estratificaciones del poder. Es el lenguaje el que tiene el papel más importante. Al escribir, cuando se habla de neobarroso, no solamente es lo estético, sino lo político de la literatura que tiene una conexión con lo real y lo simbólico.

Algunos poetas describieron la dictadura a través de la poesía y funcionó como evidencia de un período en el que la censura cultural reprimía cierta expresión literaria, por lo que a través del lenguaje se expresó aquello que no se podía decir abiertamente a todo público. «Si la existencia humana está constituida por el tiempo, también lo está por el lenguaje.»[9] Para Heidegger, el lenguaje es transcendental. Sin lenguaje no hay mundo. Perlongher siempre rechazó el uso comunicacional del lenguaje, más bien «prefería deslizarse por sus sonoridades y contorsiones. La sonoridad sensual del texto, la exuberancia del léxico ente el argumento y el derrame poético».[10]

Para Perlongher, el cuerpo en su totalidad es natural, y todas las emanaciones y secreciones forman parte del mismo como extensiones válidas del propio ser, tan válidas como la palabra. Hace una comparación entre esos flujos desechados por el “cuerpo humano” y “los homosexuales, marginados y excluidos” como restos que secreta el “cuerpo social”, y de esa forma critica a la sociedad. A través de la ficción del lenguaje y la corporeidad del mismo, Perlongher no solo pone el cuerpo políticamente descubierto, sino que les devuelve materialidad a los cuerpos desvaídos de los desaparecidos.

Los poemas de Perlongher nos colocan como testigos de las apropiaciones del territorio, de las líneas de fuga de un sujeto y de los variados devenires. La escritura del poema “Hay Cadáveres” tiene que ver con una línea de fuga. A través de la poesía, el poeta mostraba lo que estaba sucediendo.  A bordo de un ómnibus, Perlongher narra lo que veía en las casas, en los matorrales, en los centros comerciales, en el campo, etc. Perlongher escribe el poema durante un largo viaje a Buenos Aires en 1981. El poema tiene un estilo neobarroso que plantea la relación entre poesía, política y memoria, logrando una escritura que causa horror de la realidad.

En la poesía, el lenguaje es el elemento principal de las ideas; no funciona solo como “algo” que capta las palabras, sino que nos llama a sentirlas. El poema “Hay Cadáveres” evidencia ese problema moral, como decía Terry Eagleton: «Los poemas son declaraciones morales, entonces, no porque emitan juicios severos según un determinado código, sino porque tratan de valores humanos, de significados y propósitos.»[11] Muestra la sociedad que se reproduce a su alrededor; usa el lenguaje de la moral, donde no solo plantea lo malo, sino que, además, nos muestra el comportamiento de algunos personajes que viven en el poema, dándoles cierto sentido de ironía directa que causa impacto emocional, con juego de palabras y situaciones de la conducta humana.

«En el desierto de los consultorios
en la polvareda de los divanes “inconscientes”
en lo incesante de ese trámite, de ese “proceso” en hospitales
donde el muerto circula, en los pasillos
donde las enfermeras hacen SHHH! con una aguja en los ovarios,
en los huecos
de los escaparates de cristal de orquesta donde los cirujanos
se travisten de ”hombre drapeado”,
laz zarigueyaz de dezhechoz, donde tatúase, o tajéase (o paladea)
un paladar, en tornos
Hay Cadáveres»

La poesía no es un compromiso con la literatura, sino con la vida. En este caso, Perlongher usa su poema para generar una percepción social de la violencia contra los cuerpos; los cuerpos mutilados, los cuerpos desaparecidos, los cuerpos olvidados, haciendo uso del estilo neobarroso, no con el fin de “destruir” el lenguaje, sino más bien con la intención de no permitir que nadie interfiera entre él y la palabra.

El poema responde a este alejamiento, comenzando por la visión entre el campo y la ciudad, la civilización y el salvajismo. Estas líneas de fuga son de las que habla Walter Benjamín, un “perderse en la ciudad”; capturar, observar el objeto del deseo. Un acto de lanzarse a la deriva, para ir a lo nuevo y a lo inesperado.

Perlongher optó por usar la “escatológica de la letra” para subrayar la naturaleza del desperdicio de la lengua. Allí donde el homosexual sudamericano, figura extravagante como “gay hiperfeminizado”, se deslizaría hacia la imagen rimbombante de lo artificial. Esto es lo que produjo la escritura neobarrosa de Perlongher, a través de la emergencia del cuerpo del homosexual como un cuerpo fraccionario que expone lógicas de violencia y deseo. Un cuerpo que, mediante la exageración de la femineidad, ya no forma parte del hombre, sino que trata de devenir en una performance buscando la representación.

El poema “Por qué seremos tan hermosas” es el desafío único que representa como figura de exageración, «ser cada vez más mujer, hasta sobrepasar el límite, yendo más allá de la mujer».[12] Usando el devenir como un mecanismo de autoproducción del yo mediante el uso de disfraces y maquillaje que da lugar a una simulación.

«Por qué seremos tan perversas, tan mezquinas
(tan derramadas, tan abiertas)
y abriremos la puerta de calle al
monstruo que mora en las esquinas, o
sea el cielo como una explosión de vaselina (…)
por qué seremos tan pizpiretas, charlatanas
tan solteronas, tan dementes (…)»

El poema representa la imagen del homosexual escandaloso, que desequilibra los modelos de masculinidad y femineidad. «Los textos de Perlongher, en particular, defienden a “la mariquita” como resistencia contracultural contra el machismo, en la medida en que la marica asume voluntaria y solidariamente los atributos de la mujer: devenir mujer como fuga hacia lo menor.»[13] Pero, en este devenir-mujer de Perlongher, hay un proceso de sexualización del cuerpo.

Por otra parte, la voz colectiva que da Perlongher desde este lugar de enunciación para «forjar los medios de otra conciencia y de otras sensibilidades»[14] impulsa en sus poemas el indicio de una “literatura menor”, donde los problemas individuales de las minorías, rápidamente se conectan con la política; es decir, el lugar donde todo alcanza un valor colectivo y desterritorializado en relación de la lengua o cultura mayor. Toda la obra de Perlongher puede ser interpretada como una poética del cuerpo desterritorializado por un deseo de prohibición, contra toda institucionalización jerarquizante e identitaria. De ahí su lucha entre la escritura y la acción política.

Deleuze y Guattari afirman que la literatura es una herramienta para huir de los códigos del poder que regulan el cómo se debe hablar; la gramática que hay que respetar, etc. Las líneas de fuga no son solamente una evasión, sino que son un pie para la creación de otros territorios, de otros mundos. Las líneas de fuga alcanzan un nuevo territorio para el hombre, un territorio molecular e imperceptible: un devenir.

Devenir e identidad

El devenir mujer tiene un valor significante en la propuesta que Deleuze y Guattari llevan al cabo en Mil mesetas sobre los devenires: «Las mujeres, cualquiera que sea su número, son una minoría, definible como estado o subconjunto; pero solo crean si hacen posible un devenir que no es propiedad suya, un devenir mujer que encierre al hombre en su totalidad».[15]

Por el devenir-mujer pasan los demás devenires; es decir, el devenir mujer ejemplifica todo devenir. Devenir es crear nuevos mundos. «Devenir no es alcanzar una forma, sino encontrar una zona de vecindad tal que ya no quepa distinguirse de una mujer, de un animal, o de una molécula.»[16] El devenir no es alcanzar una semejanza, ni identificarse, es encontrar una alianza. El pensamiento Deleuziano muestra que el devenir está ligado a la libertad frente a nosotros mismos, es un acto de liberación, es un acto de fuga de nuestros propios rasgos identitarios.

Néstor Perlongher, un asiduo seguidor de la filosofía de Deleuze y Guattari, plantea un libro de ensayos llamado “Prosa plebeya” en el que a través de sus valoraciones en el apartado de “Los devenires minoritarios” maneja un espacio crítico de la otredad (devenir mujer, negro, travesti, homosexual, niño) y, en tanto que tal, como margen territorial y político donde problematiza los territorios estético-simbólicos del poder y la ideología.  La literatura puede expresar los deseos involuntarios y reprimidos del ser humano y, a través de las líneas de fuga de las que hablan Deleuze y Guattari, querer e intentar romper con las estructuras de poder.

En “Devenir e identidad”, Perlongher menciona que el interés de liberación de las minorías radica en las líneas de fuga.  «Devenir –dice en Mil Mesetas– es, a partir de las formas que se tiene, del sujeto que se es, de los órganos que se posee o de las funciones que se ocupa, extraer partículas, entre las cuales se instauran relaciones de movimiento y de reposo, de velocidad y de lentitud, bien próximas a lo que se está deviniendo y por las cuales se deviene. En ese sentido, el devenir es un proceso de deseo.»[17]

Este devenir, basado en la teoría de Néstor Perlongher, se define como un “entrar en alianza (aberrante), en contagio, en inmisión con el (lo) diferente. El devenir no va de un punto a otro, sino que entra en el “entre” del medio en ese “entre”.[18] El devenir puede interactuar con los cuerpos rechazados: devenir-mujer, devenir-homosexual, devenir-travesti, entre otros. Pero no se “deviene hombre”; «el devenir no funciona en el otro sentido y no se deviene Hombre en tanto el hombre se presenta como una forma de expresión dominante».[19] El rol de poder, que en tanto Hombre ejercen sobre los cuerpos, no les admite situarse al margen. El sujeto varonil heterosexual tiene prohibido el “entre”, no debe dudar de su condición de hombre: blanco, machista, adulto, heterosexual, dominador, etc.

Por otra parte, los poemas de Perlongher están experimentando su alteridad, manifestando a través de la escritura su diferencia, en la que renuncia a su masculinidad, a su “deber ser” hombre. «Se construye un modo alternativo, disidente de ser, de vivir su identidad, su sexualidad; lanzándose a la deriva por los bordes del patrón de comportamiento convencional.»[20]

Pero, a interpretación personal, Perlongher habla del devenir mujer como argumento para manifestar que “la mujer no existe”, al menos no existe de la forma ideal que se tiene construido socialmente como “lo femenino”. Para este autor, devenir mujer involucra variadas posibilidades para obtener la consideración de “mujer”, esto conlleva a la manera que tiene de relacionarse con los otros, por ello maneja el tema de “devenir mujer” como un “devenir molecular.” En el devenir-mujer, la mujer no es una entidad esencializada, sino una colectividad molecular, el devenir mujer consiste en emitir partículas que entren en relación de movimiento y reposo. El devenir-mujer y los demás devenires moleculares llegan al devenir imperceptible que es el fin inmanente del devenir.

Ahora bien, conviene aclarar qué es lo molar, qué es lo molecular y, ¿qué expresan Deleuze y Guattari al usar estos términos?

«Estamos segmentarizados por todas y en todas las direcciones. El hombre es un animal segmentario. (…) Estamos segmentarizados binariamente, según grandes oposiciones duales: las clases sociales, pero también los hombres y las mujeres, los adultos y los niños. (…) Toda sociedad, pero también todo individuo, están, pues atravesados por las dos segmentaridades a la vez; una molar y una molecular. Si se distinguen es porque no tienen los mismos términos, ni las mismas relaciones, ni la misma naturaleza, ni el mismo tipo de multiplicidad.» [21]

El término “molar”, para Deleuze, es toda estructura que ejerce el control; para ello, el Estado es una buena ejemplificación de estructura de poder, ya que tiene segmentos y estratos jerárquicos que lo mantienen en su dominio. El Estado para Deleuze es el segmento duro, el que gobierna, mientras que las masas son el segmento “molecular” que lo mantiene en su dominio. Esas “masas”, o sea las “moléculas” que son parte del Estado, están fraccionadas, en “microsegmentos”; estas son las clases sociales que, al igual que el Estado, buscan sus propios intereses. El objetivo de las estructuras molares es segmentarizar y controlar, a los microsegmentos, que provocan pequeñas o grandes fisuras en su estructura de poder. Deleuze y Guattari denominan “líneas de fuga” a estas fisuras. Es decir, el constante choque entre lo “molar” y lo “molecular”, causará una línea de fuga en el sistema.

La línea de fuga es un acto de resistencia, un escape de la jerarquía, una alteración dentro del sistema; es transformase en “otro” lo que da apertura a otras formas de vida. La escritura como línea de fuga, como técnica. Cada vez que hay una relación diferencial, hay escritura que se utilizará como herramienta para romper el discurso institucional. «Desde el punto de vista de la micro política, una sociedad se define por sus líneas de fuga, que son moleculares. Siempre fluye o huye de algo que escapa a las organizaciones binarias, al aparato de resonancia, a la máquina de sobrecodificación: todo lo que se denomina “evolución de las costumbres”.»[22]

Volviendo a Perlongher, la literatura es una búsqueda y un encuentro con nuestros deseos; una manera de afrontar la vida; una salida de las estructuras que el Estado ha impuesto. Perlongher, a través de sus poemas, ha logrado desterritorializar lo que el lenguaje había territorializado. Se menciona esto porque Perlongher ya no usa un lenguaje que sigue el ritmo de lo establecido en el espacio social; ahora marca violencia en el uso del mismo. Por medio de las líneas de fuga concibe el mundo del otro: el mundo de la homosexualidad, en donde no se sujeta a la política, donde se siente un poco más libre. La literatura es esa salida de lo molar (aunque no toda literatura tiene ese propósito).

Barthes sostiene que «la escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco y negro, donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe».[23] Además de eso, menciona que «el autor es un personaje moderno producido por nuestra sociedad». Con esto, el autor solo habla el idioma, el sentido del texto no está en lo que quiere decir el autor, está en su destinatario. El texto, la obra, se cumple en el lector; en cierto modo, el autor se ve afectado por la escritura.

Si el texto literario, a través de las líneas de fuga, indica un determinado contexto y discurso humano, ¿tendríamos que revisar la vida del autor? Si el texto se supone como una respuesta libre que muestra una sociedad, diremos que el autor ha muerto, pues ya no es él quien dará el poder de la palabra de las minorías –en el caso de Perlongher–, sino la palabra por sí misma prexiste transgresora y se situará sobre el significado. A partir de ello, el significante es quien será el protagonista; lo que interesará ya no será el autor, sino la significación que hay en el discurso, en la escritura, en la poesía: la carga social y colectiva que preside en el texto y que se nos muestra tal como está dada.

Néstor Perlongher supo captar que los deseos de transformación social están guiados no solo por la pasión de destrucción del mundo tal como se nos presenta, sino por una perspectiva afirmativa, por un profundo deseo revolucionario. «No es el poder de nombrar lo que confiere la libertad que deriva del discurso del dominio, sino la habilidad de escapar al poder de los significados impuestos por el otro.»

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«No queremos que nos persigan, que nos prendan, ni que nos discriminen, ni que nos maten, ni que nos curen, ni que nos analicen, ni que nos expliquen, ni que nos toleren, ni que nos comprendan: lo que queremos es que nos deseen.» Néstor Perlongher (1949-1992).

 

[1]  Perlongher, Néstor. Prosa plebeya Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980.  «A mediados de 1975, el semanario fascista El Caudillo llama a acabar con los homosexuales y propone lincharlos, haciendo abierta referencia al FLH. En esos momentos, buena parte de los militantes se alejan, proponiendo la disolución; empieza a cundir el terror» Represión y Disolución (p. 83)
[2] Néstor Perlongher, Prosa plebeya. (Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980), 115.
[3] Gilles Deleuze, Crítica y clínica (Barcelona: Anagrama, 1996), 9
[4] Néstor Perlongher, Prosa plebeya. (Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980)
[5] Gilles Deleuze, Crítica y clínica (Barcelona: Anagrama, 1996), 11
[6] Celia Palmeiro «Locas, milicos y fusiles: Néstor Perlongher y la última dictadura Argentina» Estudios 19:38 (Julio – Diciembre: 2008)
[7] Terry Eagleton, Una introducción a la teoría literaria (México: Fondo de Cultura Económica, 1998), 39.
[8] Néstor Perlongher.  Prosa plebeya. (Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980), 94.
[9] Terry Eagleton, Una introducción a la teoría literaria (México: Fondo de Cultura Económica, 1998), 43.
[10] Cristian Ferrer, Prosa plebeya (Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980), 12.
[11] Terry Eagleton, Cómo leer un poema. (Madrid: Ediciones Akal, S.A., 2007)
[12]Severo Sarduy, Escrito sobre un cuerpo. (Buenos Aires: Sudamericana, 1969)
[13] Cecilia Palmeiro, Locas, milicos y fusiles: Néstor Perlongher y la última dictadura argentina. (Estudios 19: 2011), 9-25.
[14] Gilles Deleuze, Félix Guattari, Mil mesetas (París: Les Editions de Minuit, 1980), 30
[15] Ibídem, 108.
[16] Gilles Deleuze, Crítica y clínica (Barcelona: Anagrama, 1996), 5.
[17] Ibídem, 334.
[18] Néstor Perlongher.  Prosa plebeya. (Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980), 68.
[19] Gilles Deleuze, Crítica y clínica (Barcelona: Anagrama, 1996), 5.
[20] Néstor Perlongher.  Prosa plebeya. (Buenos Aires: Ediciones Colihue S.R.L., 1980), 68-69.
[21] Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas (Paris: Les Éditions de Minuit, 1980), 217-218.
[22] Gilles Deleuze y Félix Guattari, Mil mesetas (París: Les Editions de Minuit, 1980), 220
[23] Roland Barthes, El susurro del lenguaje (Barcelona: Paidós, 1994), 65.

Edición del texto: Diana Sánchez L.

Escrito por Isabel Macías Galeas

Guayaquil - Ecuador Egresada de la escuela de Derecho y estudiante de Literatura en Guayaquil. Ha publicado sus ensayos sobre poesía en la revista digital Bichito Editores y Revista Poémame. Seleccionada en la antología de la revista Salto al reverso. Blog personal: https://ispamagadotcom.wordpress.com Contacto: ispamaga@gmail.com