Eutanasia de la fe es un libro escrito por Andrea de León, una joven poeta de Querétaro. Fue publicado un poco después de su muerte este año en Ediciones El Humo.

Es un poemario durísimo y triste que no por eso deja de ser alegre, ni deja de tener espacio para el sentido del humor.

Cuenta una historia que encierra muchas historias. Pero sobre todo la que se nombra en un poema, la historia de Antígona que busca dar sepultura al cuerpo de su hermano.

Antígona

Ya te encontré hermano en tu arena recostado te encontré sobre la luz profunda del incendio en la sumergida torre de mi odio con la voz callada y los ojos abiertos.

Eutanasia de la fe funciona como un ritual fúnebre. En una época en la que Dios ha muerto y los rituales religiosos están desgastados y débiles, una escritora jovencísima descubre la única forma de sobrellevar el luto, reinventar los rituales, resignificar las palabras, incluso si es necesario, deshacerlas. Andrea descubre la muerte de Dios como un alivio, como la forma de terminar con la esperanza devastadora.

 VI

A veces todavía, le quiero rezar a Diosito, pero me acuerdo cuando era niña de noveno cumpleaños y empecé a elaborar peticiones antes de apagar las velas, hasta los once que mi mamá se tuvo que curar solita y es que aprender a vivir con la enfermedad es para mí una forma de autocuración, algo que hizo mi familia hasta que Dios nos dejó.

Andrea descubre que Dios no es cruel ni omnipotente. Dios es cobarde y flojo. Dios prefiere no estar. “Dios muere / sólo para no escuchar la súplica”. El yo poético se sabe desterrado del lenguaje. Hay un código en la vida que ya no entiende y asume la responsabilidad de la muerte. El yo poético se sabe cuerpo que muere.

Es un libro maduro, un libro con una sabiduría velada, renuncia a la vida con la certeza de no comprender el misterio detrás del sentido. No tiene caso seguir, sabiendo que no hay ningún secreto.

Andrea subvierte la tradición, se vuelve anti-mística, deshace al dios anhelado y convierte a la muerte en un destino ineludible pero personal, una decisión que la resguarda, ella se hará cargo de sí misma. Se hace cargo de sus palabras, de sus sentimientos, de sus acciones, de su cuerpo y de los cuerpos que ya no están, pero que evoca desde el lenguaje, incluso cuando dice:

III

Qué se supone que les conteste cuando preguntan si soy hija única, qué se les dice a los curiosos, yo les contesto que sí, que soy hija sola y no entro en detalles, procuro cambiar el tema.    Ojalá ella me perdone no mencionar su existencia, pero la vez que lo hice creo no gustó, y es que la gente prefiere ser feliz.

Tendríamos que hablar también el cuerpo. Ese cuerpo que se revela ante la enfermedad intrusa. El cuerpo desea vivir a pesar de todo. El cuerpo desea la experiencia, desea el goce y lo busca, y lo encuentra, lo tiene en el momento en el que el cuerpo se sabe mortal. Cuando sopesa el valor de la vida.

Si tuvieras que morir otra vez

A Miriam Reyes

Sería delicadamente,

te sujetaría en los brazos

bajo el sol

hasta erosionarte cada rizo

que te heredó Mamá.

La sangre escurriría cálida hasta el ombligo

para que éste la bebiera,

como vino de consagración

y si así pudieras nacer de nuevo

te nacería lo juro.

Pero parecía que tú eras el único

que podía entender

este lobo que traigo en toda la sangre

hasta el vientre

que se come todo lo mío.

Tú como bebé morirías o

moriría yo, o juntos

y entonces,

Mamá estaría triste otra vez.

Habla un cuerpo que se sabe vulnerable porque pertenece a un mundo en el que roban, matan y violan, mientras una tiene que tomar el camión, porque hay que que llegar a trabajar aunque duela, aunque el coche esté descompuesto, aunque el cuerpo esté enfermo. Aún así es un cuerpo que se sobrepone, es una voz que enuncia desde la rabia y desde la tristeza. Es una voz que dice exactamente lo que tiene que decir, y los demás tenemos que aprender a vivir con ello.

Esta lluvia de crisis que no nos deja la herencia

ni lo obtenido, esta lluvia que quiquiriquea agua

desde el techo de la mohosa

y ¿el auto? mi auto más destartalado que el viernes

pero qué importa, si bendita es la ruta 12

que me lleva al recorrido nocturno, antes de la jornada

pero más bendita la 12 que no lleva estéreo,

o muchachas mironas, ni celosos novios,

o muchachas canijas, ni novios celosos

pero más bendita la que hoy no me lleva.

Que esta noche maten, roben, violen

hoy no trabajo, que los niños sepan

que el bueno a veces pierde

que los niños sepan que los buenos

también se preguntan ¿por qué ser bueno?

Y ¿por qué ser bueno? cuando la calle charqueada lo

más inocente que encuentro

es una mirada muchacha, que me pide que la compre

que esta noche maten, roben, violen,

porque hoy no trabajo,

y me pregunto si sería bueno renunciar de una vez,

porque por cada 2 aplacados, salen una decena,  canas y

¼ de arruga.

Hoy no trabajo, que los niños se enteren que aquí

matan, roban, violan

y que tuve que vender lo que quedó del batimóvil.

El golpe que aplasta a una mosca nos despierta, nos permite acceder un poco a la sabiduría de Andrea. El cuerpo de una mosca se nos presenta como una imagen del cuerpo muerto, del cuerpo que necesita un golpe para entenderlo todo, para aferrarse a la vida o los últimos momento de vida, porque es lo que hay.

Una mosca

Ayer maté una mosca la rocié excesivamente de un limpiador violeta y cayó aniquilada por el mismísimo matamoscas, la tomé con cautela y la llevé rápido a la sala de enjuague, pero nada ella siguió muerta, y más que muerta parecía dormida, intacta (si no supiera que fui yo quien la mató pensaría que tiene vida) porque ahí, donde la acomodé se ve muy bien, muy normal, muy mosca, y mi intención en realidad no fue matarla pero mi intención en realidad fue revivirla.

En en libro confluyen muchas tradiciones literarias, que hablan de un búsqueda formal.  Andrea trabajó en este libro, dialogó con la poesía visual, el creacionismo y la antipoesía. Un trabajo, hay que repetirlo, porque acomodar palabras no es solamente un juego o un presagio. Andrea seguramente dedicó horas y días y meses y años a la escritura de este libro, engañosamente corto. Lo que tienen sus poemas es lo que tienen los poemas que son buenos, no se acaban nunca. Porque cada vez es igual de duro el golpe con el que materializa la realidad.

VII

Cuatro años son muchos cuando se trata de conocer los hospitales, pero muy pocos cuando es la colita del vivir si así se le puede llamar a eso que el Señor le vino a dar a mi  hermana, mi Señor Padre.  Por otro lado eso de trabajar es muy demandante y es que a veces pienso si ella me seguía queriendo con todo y que no fui a ver cómo es que se moría, pero no me arrepiento de no haber puesto pie en la habitación 202 zona de muertos anémicos y desahuciados hospital siglo XXI,  México D.F.

 

Escrito por Anaclara Muro

Anaclara Muro Chávez (Zamora, Michoacán 1989). Estudió letras hispánicas en la UNAM. Publicó No ser la Power Ranger Rosa (2017) en la editorial Montea y Princesas para armar (2017) en Editorial el Humo. Forma parte de Horizontal Taller de Escrituras y Lucha de Escritores Anónimos. Impulsa el Slam Poético Queretano. Es editora de El Periódico de las Señoras.