En Family Game, Marlene Ayala nos plantea un universo distópico de vínculos familiares enfermizos con mucho ingenio

 

«Y la risa era como la de papá/ cuando venía a mi cama con magnolias/ pero en realidad eran pájaros sangrando» dice el primer poema de Family Game. Eso de la sangre forma un continuum con el siguiente poema: «Había sangre en el vientre de mis muñecas». Unos poemas después, el yo poético expresa refiriéndose a una escena que imagina: «Me vi desangrada en un cuarto blanco, infinito». Esta sangre contrasta con un cuarto blanco, impoluto, y esto concuerda con la visión que la madre tiene de ella: ella es un ser mugroso que corrompe la pureza de su alrededor.

En Family Game, hay poemas largos y breves, a veces divididos en partes, separados por un número. Está todo muy organizado y mantiene una lógica. Posee el formato de un videojuego, con su «Press start» y sus diversos niveles. Tiene pequeñas ilustraciones que van variando según el nivel. El título es, en parte, irónico. Y muy pegadizo. Está planteado como recreación pero la realidad es que contiene muchos pasajes durísimos, que de juego no tienen nada. Cuando terminé de leer el poemario y empecé a pensar en la reseña, no sabía cómo iba a hacer para reprimir el impulso de citar todo.  Los versos son de algo tan cercano como puede ser la familia para uno pero al mismo tiempo poseen una creatividad desbordante. En este tipo de poesía no hay límites, se dice lo que se tiene que decir y punto. El vínculo nocivo con la madre que se manifiesta recuerda un poco a la poesía de Sylvia Plath o a la novela La débil mental de Ariana Harwicz. Es algo más que material para psicoanálisis, es musa.

También encontramos alusión al capitalismo en «Todos queremos una navidad coca-cola» y «Quisiera ser una Barbie butterfly». «Todos queremos una navidad coca-cola» muestra la utopía detrás de la marca y el choque cultural entre la nieva y el calor de la Argentina. También hay una parte más dura que es aquella relacionada con el padre. «Quisiera ser una Barbie butterfly» también presenta un deseo. El yo poético cuenta que quiere escapar, que el encierro puede desnucarla. Y es que en esta familia se perciben el control por parte de la madre y la presencia perturbadora del padre. Hay como algo a punto de explotar en esa casa. Este poema se conecta con el último del poemario.

Por otro lado, se pueden ver referencias a la cultura virtual en los poemas «Antes de mis 23 años no había nada» y «La primera vez que instalé Messenger», entre otros. «Antes de mis 23 años no había nada» hace referencia a los foros de rol, Messenger y el placer que otorgan los likes en Facebook al alimentar una necesidad de agradar. «La primera vez que instalé Messenger» termina de la siguiente manera: «A veces me olvidaba abiertas las cuentas de Myspace o Metroflog/ y mamá cambiaba la descripción de mi perfil/ poniendo “soy una chica decente/ que le gusta pasar tiempo con papá y mamá”». En estos versos, además de percibirse nostalgia, se lee un matiz cómico y aterrador a la vez.

En una publicación de la revista feminista La Tribu, Marlene explica: «Mamá y papá no estaban orgullosos de mí. Entonces decidí perforarme la lengua con una  estalactita y me puse a escribir poesía. Cuando mamá leyó me dijo que la gente iba a pensar que tenía problemas mentales o que me drogaba. Quizás la poesía sea como un problema mental o una aguja debajo de la lengua». Esta confesión realza el carácter autobiográfico de su obra y la visión de Marlene concuerda con la de Leila Guerriero. En su artículo «Poesía no», Leila Guerriero cuenta que la poesía no es recomendable en el sentido de que te puede dar vuelta el universo, te puede sacudir emociones que están ahí y no querés ver. Pienso que de todos modos, para quienes la elegimos, ese camino es muy fructífero y enriquecedor. Pero para disfrutar de la poesía, es necesario no temerle a la locura.

 

Escrito por Denise Griffith

Es escritora y tiene un poemario próximo a publicarse en abril con la editorial Escritor de la legua. Trabajó en librerías como Kel (libros en inglés) y el Ateneo Grand Splendid (una de las librerías más hermosas del mundo). Asistió al taller literario dictado por el escritor Luis Mey y colaboró en diversas revistas digitales como Suda la lengua, Revista Kundra, Revista Colofón, Soy Pensante, Oculta Lit, Digo Palabra Txt, Revista Cantera y El periódico de las señoras. Se desempeña como crítica de teatro para la página GEOteatral. Contacto: denise.elizabeth.g@hotmail.com