No quería

que las palabras salieran

sin haberlas pensado.

Tenía miedo, tengo miedo

de lo que nunca puedo llegar

a decir del todo.

Es  como eso

de lo que quiero hablar

hace ya tres semanas:

el incendio en medio de la montaña.

 

Y es que el fuego

siempre me hizo pensar en el hogar,

una calidez que construye.

Pero ahí, el fuego

era otra cosa.

 

El humo en realidad, el recuerdo del humo

un gris helado apagándose entre los árboles

subiendo hasta  las nubes para perderse.

Un hogar que se consume,

que se transforma caliente

entre cenizas y el miedo

que llega desde allá

y trepa al pecho de a bocanadas.

 

Un incendio tiene el olor a lo que fue

olor a pérdida

como cuando me senté a descubrir

el aliento del río

que se desprendía

después de hacerse cascada,

el agua tiene el olor de donde pasa.

La retuve entre los dedos

era el pasto el cielo

las piedras los peces

el viento las hojas las algas.

Un instante duró, lo que tarda algo en irse

nada.

 

Y ahí, en ese rato que se queda

es donde quiero que vivas siempre:

el momento antes de volverte otra cosa

el minuto antes de la pérdida

el instante antes del miedo.

 

Lucía Vargas

Escrito por Lucía Vargas

Argentina. Viajera empedernida desde noviembre de 2015 (recorrí Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Uruguay y Argentina). Licenciada y profesora en Letras. Docente de talleres literarios a distancia, dibujante amateur, lectora voraz.

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