A LA MUJER QUE CONOCÍ EN EL PSIQUIÁTRICO

A Pauline Boyer

Cuando te conocí un huracán abría las puertas de la locura
y de tu pelo volaban pájaros en dirección al sol.

Éramos felices desnudos bajo la lluvia
y nos besábamos en los consultorios cuando salían las enfermeras.

Yo creía en ti y tú creías en las mariposas blancas
que nacen del corazón de los epilépticos.

En los huertos recogíamos frutos junto a los pacientes
y jugábamos a liberar pájaros que volaban y cantaban en nuestras manos.

Y no podíamos parar de reír y reír frente a la muerte,
cada vez que en un rostro enfermo admirábamos salir el sol.

Entonces fueron los internos en silla de ruedas
que nos enseñaron a amar las flores amarillas.
Y yo veía cada vez más en tus ojos
el reflejo que dejan los pájaros al volar en el cielo

Bajo la lluvia el delirio cantaba y florecía en los jardines del psiquiátrico
y nosotros hacíamos el amor sin importar las lágrimas que golpeaban las ventanas.

Desde entonces el estar juntos fue tener los brazos abiertos al subir y bajar de la marea .
Y en nuestro corazón un niño paraba de llorar, y de pedir que lo besáramos,
que amáramos la vida, y los espejos rotos en nuestras manos dejaron de partirse sin razón y el río negro que llevaba nuestras penas se secó en las rocas polvorosas del olvido.

Ahora el amor nos sorprende en las veredas
como una sonrisa que sopla flores de verano.
Y una tormenta de luciérnagas nos llena el pecho al abrir las puertas de nuestra casa.

Porque la belleza se parece cada vez más al café con leche por las mañanas, y encontramos una verdad al cortar las naranjas, o al saludar al panadero de la esquina. Y los geranios por fin empiezan a florecer en las ventanas y en tus vestidos rojos.

Mientras los ciruelos envejecen y el río lleva las lágrimas que a veces derramamos en los brazos del viento.
Y pagamos las facturas del gas y alimentamos nuestro gato sin pensar mucho en el mañana.
Y aprendemos que la alegría nos espera al cruzar el jardín o al saborear una manzana, que es así de simple.

Y si alguna vez pensamos que el estar el uno frente al otro es algo imaginario, que al final estamos solos,
nos quedamos callados y dejamos soplar el viento.

Porque las gaviotas del presente vuelan a nuestro alrededor cuando nos abrazamos.
Y el aire es más claro entre tus manos.
Y los duraznos son más dulces.

 

Sucre, Bolivia 2014.

Escrito por Omar Alarcón

Omar Alarcón (1986, Bolivia) es Poeta y Cineasta. Ha publicado el libro de poesía "El corazón entrega sus muertos" el año 2007. Desde entonces ha participado en diferentes festivales de poesía nacionales e internacionales. Es co-fundador y editor de Editorial Pasanaku. Su cortometraje documental "Mirando el Espejo" ganó el Premio Nacional de Cine en Bolivia y el 1er lugar en Festimaj (Festival internacional de Cortometrajes, Francia) el año 2017. e-mail: omar_alarconp@hotmail.com