-Ya ni le muevas, güey, está muerto.

-No la amueles y ¿ahora qué hacemos?

– ¿Hacemos? Si tú fuiste el que le disparó, te va a cargar la chingada, ahí nos vemos.

-No seas así, Chema, llegamos juntos, nos vamos juntos. Íbamos a michas, no me dejes el paquete a mí solo.

– ¿Y el dinero dónde está? El ruco ya está bien muerto y no hemos visto nada de la lana, así ya no vale ni un quinto.

-Es cuestión de hacer unas llamadas y se arregla, recibimos el dinero y después nos pelamos, ¿qué dices? Ya no tendremos que rendirle cuentas al jefe.

-Tiene que ser rápido, este ojete ya hasta se está inflando y apesta, me toca quedarme con su reloj.

-Juega, mi Chema. Ya verás que todo saldrá bien, nos los chingamos y después cada quien por su lado.

-Ya dijo, mi Chuy. Apúrele que ya está haciendo hambre.
Al Chema lo conocí desde chavito, vivía a dos calles de la mía, allá por el kiosco. Teníamos como doce o catorce años, más o menos y desde entonces se convirtió en mi carnal; a pesar de algunas fallas que hemos tenido. La que más me dolió fue cuando, regresando del jale, llegué cansado a la casa con harta hambre y con antojo de esos frijolitos con chile de queso que tan ricos le quedaban a la Mary, y cuando entré a la cocina ahí estaban los dos echando pasión, sentados en una silla la Mary gritando y dando de sentones en las piernas del Chema. ¡Jijos de su pinche madre! Grité y rápido que se baja la Mary y se va pal patio. Discúlpame, Chuyito, te juro que yo no quería, yo vine a pedirle una cerveza a usté y al ver que no estaba pos la Mary me la ofreció y que me empieza a limpiar el sudor de la frente y que me empieza a echar airesito y pos que se me sienta en las piernas la condenada y pos sea lo que sea uno no es de hule y una cosa llevó a la otra. Por Dios que nos está viendo que así fue, Chuyito, y si no me cree pregúntele a la Mary. Yo daba vueltas por la cocina tratando de no llegar a los golpes, al fin y al cabo, el Chema era más que un amigo, casi mi hermano. Le dije que le creía, pero a la que sí corrí de la casa fue a la Mary, mire que ponérsele a modo a un hombre cuando su marido no está en casa no es de Dios. Recalenté los frijolitos e invité a cenar al Chema, con sus tortillitas recién hechas y las Modelos frías.

La chamba nos llegó por sorpresa, aún ni siquiera cumplíamos los veinte años cuando llegaron tres sombrerudos a dizque hablar de negocios. Traían unos camionetones de harto lujo negras, de esas con unas llantotas, pero eso sí, bien aterradas y medio destartaladas, aunque seguían pareciendo nuevecitas. Nos dieron la mano y ahí estaban paradotes agarrándose la hebilla de sus cinturones.

Buenas, andamos buscando a José María. Pa servirle, ¿qué se le ofrece? Don Ricardo nos dijo que eras un muy buen trabajador, que no te importaba andar en chinga todo el día, mientras se te pagara bien, muy leal, pero que tenías un defectito, que luego luego te prendías y empezabas a tirar de golpes si se te ofendía. Me halaga, don. Pero sí, nadien me juega chueco, por las buenas soy cabrón y por las malas también. Aquí mi Chuy no les dejará mentir, en lo que me pongan sé sacar la chamba, todo sea por mis chamacos y mi señora.

El trabajo que te ofrecemos es muy sencillo, no te desgastará mucho, lo que necesitamos es que hagas uso de la fuerza que tienes. Voy a ir sin rodeos, Don Ricardo no es el mejor hombre del pueblo como todos piensan, sus obras de caridad están financiadas por sus negocios, de todo tipo, si usté me entiende. Siéndole bien sincero no le entiendo muy bien. Mira, guey, él trata de arreglar sus negocios a la buena, sin fallas, pero si las llega a haber, cuidadito. Al que no quiere entrarle se lo quiebra, de la manera que sea, a veces es bastante amable y les arranca los dedos uno por uno, cuenta doña Elena que en un baúl tiene más de trecientos dedos, quesque pal recuerdo. A los que tienen peor suerte se los chinga más feo, los tortura unos días, se mete con sus hijas, con sus hijos, él no distingue entre viejas y fulanos, todo esto para al final dejarlos libres, con la condición de que suelten lana, si no así les va.

Ya vámonos, Chema, ya va a empezar el box y estará re quete buena. Gracias, señores, pero es de que no es el hombre que buscan, muchas gracias.

No me chingues, Chuy, estamos platicando bien.

Yo empezaba a desesperarme y uno de los tipos, el más flaco de todos sacó su celular y se alejó para hablar con alguien. Yo hacía circulitos en la tierra con mi pie.

¿Y pa qué soy bueno?

Pues mira, Don Ricardo ya no tiene las energías de antes, necesita un sustituto que se encargue del trabajo sucio, mientras él se ocupa del dinero y otros asuntos.

Yo me regresé pa la casa y ya no escuché más, sin embargo, cuando las camionetas se fueron y Chema regresó dijo:

-Nos va a ir de lujo, Chuy. Ve nomás el fajote de dinero que nos dieron y aún ni empezamos.

– ¿Nos va a ir? Pero a mí en ningún momento me ofrecieron nada.

-No te preocupes, yo me encargué de todo, te darán menos de lo que a mí, pero aun así te irá bien. De jodido sacas diez mil pesitos por trabajo, pa que ya salgas de pobre, mi Chuy.

-Esas son tonterías, Chema, es andar en peligro todo el día, así ni se disfruta el dinero que te dan, ¿cuánto dijiste?

-Diez mil, como mínimo, ya la hicimos, Chuy.

II

Pronto perdoné a la Mary, al fin y al cabo, decía que me quería, y cómo no. Me hacía mis huevitos todos los días y un café tan rico que ni cómo dejarla, a mí jamás me quedaría igual. Ella nunca estuvo de acuerdo con nuestro jale, pero se le olvidaba cuando recibía mi paga y llegaba a la casa con unos huarachitos nuevos para ella, o como cuando me dieron mi primer carro, no era la gran cosa, pero casi nadie en el pueblo tenía. Salíamos a dar la vuelta en él por el kiosko y ella como si no conociera a nadie, ni siquiera los volteaba a ver. Se transformaba, pero al volver a la casa era la misma de siempre, se descalzaba y se ponía a tejer. Yo sentía que el dinero la había cambiado, aunque su sazón seguía siendo delicioso, cada vez me platicaba menos, a la hora de la intimidá hasta parecía que lo hacía con un bulto, ya ni se movía. Andaba rara la Mary.

III

Nosotros no teníamos que hacer gran cosa, los huercos de las camionetas (que nunca supimos sus nombres, solo sabíamos que les decían “la rana”, “tuerto” y “el diecinueve” porque le faltaba un dedo), nos traían a los levantados, les dábamos una calentadita y les sacábamos la información que nos pudiera ser útil. Chema tenía una pegada increíble, no necesitaba usar armas. A mí nunca me gustó la violencia, pero el trabajo era el trabajo. A mí me gustaba más jugar con su mente, cuando parecía que no querían hablar les rociaba gasolina en todo el cuerpo y me ponía a fumar cerca de ellos, cuando fingía que iba a tirarles encima mi cigarro de pronto la lengua se les soltaba, chillaban como maricas y hasta los pies te querían besar para que los soltaras.

Era ahí cuando Chema los soltaba y se los llevaba a Don Ricardo, para que él decidiera qué hacer con ellos. Era un jale tranquilo, lo más feo era ver a Don Richie en acción, cogerse a las esposas, hijas y huercos de sus enemigos era lo canijo, uno quedaba asqueado, incluso si al llegar a la casa la Mary estaba dispuesta a tratarme como se debe tratar a un marido, yo me negaba, no me podía quitar de la cabezota la imagen de niños siendo maltratados de esa manera, los cabrones eran una cosa, los niños son sagrados. Pero el trabajo era el trabajo.

Pa mí que el Chema me estaba robando, yo nunca recibí un peso de Don Ricardo, siempre me lo daba él en un sobrecito amarillo, pero el de él se veía mucho más grande que el que me entregaba. Es que lo mío está en puros billetes de a cincuenta, Chuy, es eso, no te agüites, te invito una cerveza. Ta bueno, yo le creía. Muy pronto los chamacos de Chema estaban irreconocibles, andaban vestiditos como catrines, ni parecían de pueblo y la señora ni hablar, unos peinados y unos abrigos que no importaba que hubiera un calor infernal, ella se los ponía, pa no perder la elegancia, decía. Ni que yo no los conociera, pero así era la comadre.

¿Por qué tú no me compras unos abrigos como esos? Ay, Mary, a ti ni te gusta eso, ¿o sí? Pos no es de que me guste, pero el Chema sí le compra hartas cosas a la comadre y se le ven re bonitos, yo quisiera que de vez en cuando me compraran más cosas, no vaya a ser… ¿No vaya a ser qué? Nada, ya duérmete Chuy. Pronto te compraré todo lo que necesites, tú no te apures por eso. Sí, Jesús, yo sigo esperando paciente.

Nunca tuvimos problemas, uno olvidaba rápido las cosas que hacía, por más feas que fueran. La violencia se volvía parte de uno y de repente ya no podías sacártela con nada, cada día podías ser más cruel que ayer, era como el dinero; uno siempre quería tener más y más, como si eso te dejara la consciencia tranquila, ya lo pagaremos en la otra vida. Mi consciencia no podía estar tranquila, menos con la Mary, de eso sí que me arrepiento, yo le dije que estaba borracho, pero no, me salió de la nada, le pegué tan duro que ni siquiera pudo levantar la cabeza para verme, se quedó ahí, viendo hacia el suelo mientras lloraba.

¿Qué estás haciendo? Nada, Jesús. Exactamente, nunca estás haciendo nada, nomás paradota en la puerta viendo pasar a los pelados, ¿te gustan? Seguro ya te los cogiste, yo chingándole todo el día y tú revolcándote con quien se te cruce primero. Pero, Jesús, cómo puedes pensar eso, no tengo nada que hacer en la casa, la cuido, te hago la comida como te gusta, voy a ver a la comadre, a sus huerquitos. ¡Cállate! Ya va siendo hora de que vayas dejando de ir pallá, nomás te mete ideas la vieja esa, no quiero que vuelvas a verla.  Le pegué muy fuerte. Le pedí perdón a ella y a Dios, yo no quería hacerlo, no sé en qué me han convertido estos cabrones, le puedo hacer lo que me pidan a cualquiera, menos a la Mary, es lo único que tengo y la quiero rete harto.

IV

Algo traía el Chema, andaba como pensativo, parecía triste, pero de inmediato decía cosas para que te rieras y no te dieras cuenta, yo lo conocía, algo pasaba. Compadre, ¿pos qué tiene? Hace días que lo noto medio tristón, ¿qué tiene? Nombre, Chuy, cuál triste, estoy mejor que nunca, es solo que hay algo que me ha andado rondando la mente que no me deja dormir tranquilo. Ah, jijo. ¿pues qué será? Le voy a contar, a usté también puede interesarle. No, compadre, ya le dije que yo no le voy a entrar a vender chingaderas, esas madres acaban con los niños del pueblo y luego ahí andan llorando sus madrecitas porque se los secuestran o acaban muertos, yo no le entro a las drogas, ya lo habíamos hablado, no me chingue. Pérate, canijo, déjame hablar, pues. ¿Te acuerdas del Joaquín? Ayer fue a verme, estaba muy encabronado, parece que Don Ricardo se lo va a chingar si no le da una lana, según él ya le pagó, pero Don Ricardo le exige que le pague otra vez, la mera verdá yo le creo, no será la primera vez que hace eso el viejo. Insiste en que no le pagará ni madres, se lo quiere echar, se lo quiere echar todito, tenerlo amarradito unos días hasta que olvide la deuda y pa eso vino a buscarme, quiere que le ayude. Le haremos así, tú te encargarás de llevarlo al rancho de Joaquín, al viejito, donde tiene las milpas, una vez ahí… Pérate, pérate, ni siquiera me has preguntado si quiero hacerlo, nombre, sácate, es jugar con el mismísimo diablo, yo estoy muy a gusto así sacando mis centavos honradamente. Honradamente, chingado, vas a hacer exactamente lo mismo, pero por más dinero, no seas joto, por eso la Mary se te pone chencha, ella necesita un machito de verdá. ¿Qué tiene que ver la Mary? Nada, hombre, te digo que le entres, después de chingarlo volvemos a trabajar con él y ni quién se entere. No quiero, no, mi Chema, siempre salgo perdiendo en estos negocios, es muy peligroso meterse con el patrón, sabe dónde vivimos, conoce a nuestras familias. Agárrate los huevitos, yo sé lo que te digo, te va a tocar lo de un mes de trabajo con este viejo marro. ¿Seguro no habrá fallas? Oiga, me ofende, ¿cuándo le he quedado mal? Bueno, la vez que… No se diga más, es un trato, Chuy, todo estará bien, usté tranquilo.

No estuve tranquilo, todo el camino fue una chinga. Convencí a Don Ricardo de que me acompañara a ver un terrenito que me ofrecían barato, al fin y al cabo, él sabía de eso, no tardó mucho en decirme que sí, seguro ya estando ahí también quisiera comprarlo. Nos fuimos en su camioneta, me dejó manejar, tantos botones en el tablero que ni siquiera sabía pa qué eran me distraían. El camino se terminó y entramos en terracería, a lo lejos se veía la casa de Joaquín, que nos estaba esperando. Por fin llegamos.

Estacioné a un costado del pozo y nos bajamos de la camioneta. Qué bonita casa, pero no veo ningún terreno, acaso estará en la parte de atrás, ahorita preguntamos, me gusta pa que aquí vivan mis huercos, chulo lugar. Apenas iba a prender un cigarro y Joaquín llegó. Hola, culero, ¿qué andas haciendo por aquí? Y lo golpeó fuertemente en el estómago, Don Ricardo había dejado su arma en la camioneta y mientras intentaba pararse le propinó una patada en la cara que lo hizo caer hacia atrás, quiso alzar el cogote, pero así como lo levantó cayó de nuevo al piso.

Don Ricardo despertó y tenía vendados los ojos y la boca. A nosotros nos tocó darle los madrazos. No te vayas a manchar, Chema, si no nos quedamos sin patrón. Tú aprovecha, que se joda. En unos días andará como si nada y la chamba seguirá ahí. Guárdate bien la pistolita, no se vaya a soltar el cabrón.

            Ay, Mary. No le pienses tanto, es lo que más te conviene. No te mereces vivir en esta casa tan jodida, ni un pesito le meten. No lo sé, tú siempre dices lo mismo y nunca cumples nada. Epa, epa, no se me ponga así, yo la espero, no hay prisa, chula. Su blusón se deslizó por sus piernas bañadas de color cobre. Sus senos quedaron al descubierto, tímidamente se endurecieron de a poco. Besaron con lenguas tibias sus bocas, un quejido leve brotó de La Mary. Al poco tiempo se hicieron uno solo mientras ella se aferraba a su cuello quemado por el sol. Era como querer volver al origen de la vida, como si nunca hubiera querido salir de ahí. Un sabor a sal se apoderó de sus espaldas brillantes. Lluvia y fuego en escena al mismo tiempo. Vida y muerte. La Mary era eso.

Listo, muchachos, se pueden ir. Yo me iré adelantando. El cabrón despertará hasta mañana si bien le va, dejen la puerta abierta pa que se vaya. Cuando llegue al pueblo mi gente lo estará esperando, ahí les damos su lanita. Ya después ustedes se arreglan con él. Fue un placer, muchachos. Trataron bien al bato, en sus zapatos lo hubiera matado. Hasta pronto.

Nos despedimos. Maté a Don Ricardo, fue por error. Lo juro por mi madre santa. ¿Y el dinero dónde está? El ruco ya está bien muerto y no hemos visto nada de la lana, así ya no vale ni un quinto. Es cuestión de hacer unas llamadas y se arregla, recibimos el dinero y después nos pelamos, ¿qué dices? Ya no tendremos que rendirle cuentas al jefe.

Nos pelamos, no recibimos la lana, pero al menos estábamos vivos. Llegamos a un sendero, ahí nos esperaban La Mary y la comadre con sus huercos. Hasta aquí llegamos, Chema, lo abracé, él a mí no. No sea puñal, deme la mano. La comadre no estaba, los huercos tampoco. La Mary estaba sentada. Se arreglaba una trenza. ¿Nos vamos, Mary? Lo siento, Chuy. Me voy con Chema. No hagas preguntas. Pinche Chema. Él no tiene la culpa, Chuy. Por favor entiende. Se fueron los dos, Chema se llevó el reloj. Los vi alejarse tomados de la mano, él la cargó de la cintura y le dio vueltas, le plantó un beso y se perdieron en el camino. Yo caminé por mi lado, no volteé más. Siempre lo supe, no debí perdonar a La Mary, ella siempre tuvo la culpa. Al llegar al pueblo fui por un mezcalito, me lo chingué y me caló re gacho, una muchacha se me acercó y se me sentó en la pierna. Sácate de aquí, soy casado, chula. Me fui y caminé hacia el río, estaba seco. Lo crucé y no sabía dónde estaba. No valía la pena llegar a ningún lugar si al final no estaría ahí La Mary ni sus frijolitos. Dios la perdone, quizá yo también lo haga, Méndiga Mary, ni sus huarachitos se llevó.images

Escrito por Adonai Uresti

Estudiante de literatura hispanoamericana. 22. Mexicano. Escritor de relato y cuento fantástico. Lector y seguidor de la literatura contemporánea.