The trees

The trees are coming into leaf
Like something almost being said:
The recent buds relax and spread,
Their greenness is a kind of grief.

Is it that they are born again
And we grow old? No, they die too.
Their yearly trick of looking new
Is written down in rings of grain.

Yet still the unresting castles tresh
In fullground thickness every May.
Last year is dead, they seem to say,
begin afresh, afresh, afresh.

 

Los árboles

Los árboles comienzan a dar hojas
como algo que está a punto de ser dicho;
los brotes recientes se relajan y extienden,
su verdor es una especie de tormento.

¿Es que acaso nacieron de nuevo
y nosotros envejecemos? No, ellos también mueren.
Su truco anual de verse como nuevos
está inscrito en los anillos del grano.

Aun así, los incansables cuervos hurgan
en el espesor de la tierra cada mayo.
El año que pasó está muerto, parecen decir,
comiencen otra vez, otra vez, otra vez.

 

Friday Night in the Royal Station Hotel

Light spreads darkly downwards from the high
Clusters of lights over empty chairs
That face each other, coloured differently.
Through open doors, the dining-room declares
A larger loneliness of knives and glass
And silence laid like carpet. A porter reads
An unsold evening paper. Hours pass
And all the salesman have gone back to Leeds,
Leaving full ashtrays in the Conference Room.

In shoeless corridors, the lights burn. How
Isolated like a fort, it is—
The headed paper, made for writing home
(if home existed) letters of exile: Now
Night comes on. Waves fold behind villages.

 

Viernes por la noche en el Royal Station Hotel

 La luz se esparce oscuramente hacia abajo desde los altos
racimos de luces sobre las sillas vacías
que se miran unas a otras, diferentes en sus tonos.
A través de las puertas abiertas, el comedor declara
una vasta soledad de cuchillos y cristal
y un silencio extendido como alfombra. Un portero lee
el periódico no vendido de esta tarde. Las horas pasan
y todos los vendedores han regresado a Leeds,
dejando ceniceros llenos en la sala de conferencias.

En los corredores descalzos, las luces arden. Cuán
aislado, como una fortaleza, es—
El papel estampado, hecho para escribir al hogar
(si es que el hogar existió) cartas del exilio: Ahora
llega la noche. Las olas se pliegan detrás de las aldeas.

 

This be the verse

They fuck you up, your mum and dad.
They may not mean to, but they do.
They fill you with the faults they had
and add some extra, just for you.

But they were fucked up in they turn
by fools in old-style hats and coats,
who half the time were soppy-stern
and half at one another’s throat.

Man hands on misery to man.
Is deepens like a coastal shelf.
Get out as early as you can
and don’t have any kid yourself.

 

Este sea el verso

Te joden, tu mamá y tu papá.
Puede que no quieran, pero lo hacen.
Te llenan con sus defectos
y añaden un poco más, sólo para ti.

Pero a ellos se los jodieron en su momento
otros tontos de sombreros y abrigos antiguos,
quienes la mitad del tiempo eran severo-sentimentales
y la otra mitad estaban sobre la garganta del otro.

El hombre entrega miseria al hombre.
Se profundiza como un arrecife costero.
Escapa tan pronto como puedas,
y no tengas hijos tú mismo.

 

Forget what did

Stopping the diary
was a stun to memory,
was a blank starting,

One no longer cicatrized
by such words, such actions
as bleakened waking.

I wanted them over,
hurried to burial
and looked back on

like the wars and winters
missing behind the windows
of an opaque childhood.

And the empty pages?
Should they ever be filled
Let it be with observed

celestial recurrences,
the day the flowers come;
and when the birds go. 

 

Olvidar lo hecho

Detener el calendario
fue un pasmo para la memoria,
fue un comienzo en blanco,

uno ya no cicatrizado
por tales palabras, tales acciones,
como un despertar desolado.

Quiero que se acaben,
apremiadas para el entierro
y miradas hacia atrás

como las guerras y los inviernos
perdidos detrás de las ventanas
de una niñez opaca.

¿Y las páginas vacías?
¿Deberían ser llenadas alguna vez?
Déjalas ser con las observadas

recurrencias celestes,
el día en que las flores vengan,
y los pájaros se vayan.

 

 

Philip Larkin (1922-1985), Inglaterra. Los poemas seleccionados forman parte del libro High Windows, 1974.

 

Escrito por Micaela Paredes B

Estudiante de PhD in Hispanic Languages and Literature, Stony Brook University. Licenciada en Letras Hispánicas, Pontificia Universidad Católica de Chile.