Era ese el sonido que hicieron tus manos cuando aconteció el hastío, “la palabra amor” dices y te inclinas como un santo / el sonido se filtró como un escarabajo lento entre tus sienes/ ahora arrebatan lenguas como si nada, las esparcen junto a la desdicha de no tener un eco que las acompañe/ sopla tu mano y dime si era ese el sonido y empuja como nunca las iniciales muertas que alguna vez callaron cuando te diste cuenta que para nada servían/ ves al hombre  solo  y piensas en lo acontecido como algo lejano, apenas visible.

Pero el escarabajo modifica la imagen/ quiere un nombre  para alcanzar el olvido/ y con eso finaliza el ritual inútil de repetir palabras/ nada que no se haya dicho antes/ nada que no se haya escrito/ deja al hombre  reconciliarse con él mismo / deja que la ciudad se acomode en ese sonido/no te arrastres ahora que estás cerca.

No detengas el sonido con un golpe.

 

 

OJO DE BUEY

 

El incrédulo movimiento acechando en la punta de los dedos.

Así mismo aprieta en la fisura del recuerdo  debajo de  las sábanas/ intenta proyectarse pero se aleja/ torpe intento de querer resistir debajo de las sábanas.

Mojo sus labios en el brebaje y soñó profundo / la carne doliente reposó como santa como virgen/ un manojo de cristales en sus mano / “has de llevar esta piedra” me dijo / y el incrédulo movimiento acechó en la punta de los dedos ascendió por el vientre/ eligió los párpados

… allí, se quedo.

 

 

Escrito por Magdalena Portillo

Montevideo, Uruguay 1991.