*

por la tarde dije sigilo frenando la luz

única manifiesta en este arraigo

 

cosas están desapareciendo

 

hay un grito desde el fuego

la oquedad

 

hoy pude decir sigilo

que es el soplo

 

calle vacía

tu nombre

 

mi voz se arranca por el tiempo

el aullido quema mi figura en la distancia

 

conocí tu sigilo en el obstáculo

la imaginación de mi boca ausente

mordeduras que van dejando

todas las cosas al marcharse

 

(la luz inadvertida

la luz oscura)

 

*

mi única palabra
viaja por las rendijas de este mismo silencio
cría y hace surgir las manos que no me alcanzan
padre del espacio de mi única palabra en la boca

tengo todo el mar para avanzar
y estirarme hacia la espalda de donde pende completa la música

pero hay una sola palabra entre la angustia

pero solo hay mar y una sola palabra

soy yo todo el mar que se silencia
bajo mi lengua
abrazada a la única palabra
que es una palabra
que tiene tu nombre
dependiendo del silencio
y de un llanto escondido en la madera de mi pieza

 

*

yo he sido columna ausente

el grito prensado del silencio

que se ataja de una ventana

para caerse

alimentarse

herirme en la pregunta

 

el alimento ayuna mi boca

 

el constructo vacío y uniforme

baila poblando toda esta casa

 

si todo lo que he escrito fuera verdad

y no la ausencia

 

*

un árbol torcido en la avenida, una casa sin sombra, una vereda de sol, una noche con figura de hombre adentro del árbol torcido de la avenida. yo subía agria y sin fe, ágrafa por lo oscuro, en puna había trizado el cariño porque el fuego no era más que vaho protervo, moho, ahogo impuro, sosiego vidente, roca de golpe, ciego encandilado, tierra yerma, puño con sangre, muere sin árbol sin pájaro y sin sombra. por ti, ya no sé cómo estar debajo de la noche, por ti, no sé dónde estoy en la noche, me voy a la orilla y retorno en vela, la noche es un punto haciéndose vértice en el infinito, un flamear del sueño, la noche se fue, es un ojo cerrado, ya no sé dónde estoy en la noche. la noche y el ladrido del recuerdo, volvióse fuego y légamo, rosa en torno de un ave, humedad que ofrenda el aire, hospicio de ola que queda en la memoria, atajo que arribo en el sueño, la noche es el candado que abro cuando duermo, tronco que va ardiendo río abajo, residencia azul del miedo, ropajes del demonio que aún te desataja de mi corazón, hoy la noche es la mano vacía, la sangre que molusco se pega a mis rocas, útero y víbora que se tuerce, sierpe de los parajes silenciosos como un desierto, la noche no es el día, la noche se luce como una piedra quebrada envuelta en la página en blanco, un libro que se atormenta con los gestos de una poeta que no escribe: discordancia que tatarea tu nombre, verbo que conjuga al caminante que excedo, terca huida abandonada, un color compasivo que rueda primitivo en las ceremonias imperfectas, presas del ayer. no te quiero nombrar: se cae de un vientre de agua el animal, se cerca la noche con enjambres de deseos ruidosos pero mudos, tú sabes pues, esas noches que colindan con la hoguera del pájaro muerto. trajina la herida la sombra, se incendia para entrar al estrecho habitáculo, prado fijo en sequía que se detiene en la espera. las jadeantes plantas reptarán hasta tu raíz haciendo de tus venas solo un parloteo, un himno del olvido.

 

 

 

 

 

 

 

Escrito por Natalia Rojas

Natalia Rojas (1983) Tiene estudios de Literatura y Restauración. En el 2008 participó del Taller de Poesía de La Sebastiana. En 2011 publica la plaquette Pedernal en coedición Chile- Argentina por Cuadro de tiza y VOX Ediciones, Santiago-Buenos Aires.