guambo

Fuente fotográfica: ARES-666 (flickr)


Aquí no hay poesía,

tan solo violentada carne creciendo entre los Andes

mi abuela fue violada

mi madre fue violada

mis hermanxs fueron violadxs

qué esperabas entonces de esta poesía violada

Pachakamac borda el mar que te trajo la muerte

borda el dios que te trajo el olvido

 

Primavera nuclear Andina, Agustín Guambo

 

Agustín Guambo es poeta, psicólogo clínico por la Universidad Central, máster en Antropología por la Flacso, maestrante actual en la Universidad Andina del Ecuador y dirige el Proyecto Anarko editorial Murcielagario Kartonera en la ciudad de Quito. Este autor es sin duda uno de los escritores jóvenes que más da de qué hablar, no solo dentro del territorio ecuatoriano, sino en gran parte de los países de habla hispana, especialmente en Perú y Argentina, donde es admirado y leído por jóvenes que como él resisten a diario en el quehacer literario independiente. Este autor viene realizando (o intentando) un trabajo literario de más de diez años, sin embargo su tercer poemario Ceniza de Rinoceronte, es el que más impacto causó entre sus lectores, con el que además obtuvo el primer lugar en el Concurso Hispanoamericano de Poesía Rubén Bonifaz (México, 2014).

En este libro se observaban claramente los vestigios de una confluencia de varias culturas, alusivas a algunos habitantes de ciudades como Quito; atrapadas entre las montañas y la neblina del páramo pero con una construcción que remite a la de una ciudad española del siglo XV, y las vicisitudes de cualquier muchacho de ciudad donde el rock, el alcohol, el arte y el sexo se ensamblan como una sola bandera de libertad anhelada.

 

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Ceniza de Rinoceronte toma como escenario la fría y costera ciudad de Lima, donde yace una pareja inmersa en un amor violento y delirante. Dentro del mismo, el lector se enfrentaba con una carga de imágenes como bombas enterradas en las páginas, que al ser tocadas, hacían de añicos sus rostros. En el territorio que compete al libro, se encuentran en confrontación; el castellano, lengua adquirida por los conflictos históricos que tienen que ver no solo con la invasión de América, sino también con problemas políticos y sociales actuales. El inglés como medio de donde a los jóvenes les llega sobre todo la música de occidente, y el quichua, como un velero en el horizonte de una sociedad en conflicto constante con su identidad. Un velero oscilante, casi invisible que son las lenguas originarias. Silenciadas en principio a fuerza y sangre, y en la actualidad por convicción propia de los que la hablan, para intentar encajar dentro de las lógicas de la urbe y el consumo al que son sometidos.

Sin embargo Guambo, anuncia un segundo trabajo más contestatario donde otra vez estos tres conflictos lingüísticos no solo se encuentran; boxean, danzan y finalmente eclosionan, dando como resultado un nuevo texto, cóctel entre la multiplicidad identitaria y la inconformidad de la sociedad a la que  pertenece: Primavera nuclear andina.

Este texto, fue publicado por difusión a/terna ediciones en el año 2017, dentro de *Expansiva*, colección de nueva literatura latinoamericana. Editado y diagramado por Juan Manuel Corbera y Nadia Sol, otros jóvenes residentes en Buenos Aires que dirigen un espacio de producción y difusión literaria independiente llamado Escrituras Indie. Primavera nuclear andina, llega a los lectores a través de una plaqueta, que fue presentada en el marco del II Festival de Poesía de Quito: Lectura de un kaníbal urbano, en la ANTIFIL en Lima, Perú y también en festivales de otras ciudades como La Paz, Tacna y Buenos Aires en el mismo año.

Dicho por el autor Primavera nuclear andina es un texto introductorio a lo que sería un poemario en el que se encuentra trabajando actualmente. Dentro del texto no hay lugar para otro afecto que no sea el hacerse polvo con la realidad. Hacerse uno con el dolor del tránsito humano de los que habitaban este territorio y que ahora son los más extraños en él. Hacerse polvo y latido de canto en quichua, aunque las limitaciones del idioma no permitan a los lectores entender a ciencia cierta de qué está hablando el autor cuando dice: — ¿pampachamuni apullay uyahuanquichu, manucha? —1i   Entrarían en juego la capacidad del mismo en dejarse afectar por lo escrito, más que en decodificarlo.

En esta publicación, al igual que en Ceniza de rinoceronte  la presencia de este mamífero, como un ente itinerante en las montañas abre una serie de preguntas sobre a qué precisamente quiere remitirse el autor con esta figura: “Año 5522 (—calendario andino—) el trino de los átomos incendia los páramos del cosmos el polvo de las estrellas crea una tempestad hermosa y acéfala rinocerontes vagan en los andes”En el prólogo del poemario el escritor ecuatoriano Huilo Ruales abre dicha pregunta y la responde de la siguiente manera: “¿Quién es el rinoceronte, el poeta o Godot o el padre? (…) El rinoceronte es el poeta más el padre más Godot más la ciudad nocturna más el pretérito más el sueño olvidado que lo tenemos tatuado. Más la fuerza con la que se intenta decir lo que no se dice. Más el silencio que es el lago de donde salen y a dónde van los poetas con sus alas demasiado grandes para cruzar a pie la ciénaga la nieve el fuego que todo lo transforma en ceniza. La palabra es el ave fénix degollada”  3.

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Arte urbano de IZREAL

 

Se podría decir que la voz poética deviene rinoceronte como metáfora del sentimiento de extrañeza en un territorio que se supone propio. El rinoceronte como ese algo inverosímil existente precisamente en dicha incredulidad. El rinoceronte, que es en su totalidad la existencia de las poblaciones posteriores a las invasiones y en la coexistencia caótica de una urbe española/occidental en mitad de una montaña del páramo. El animal como representación del absurdo en el dolor y viceversa.

 

En el lanzamiento del poemario ganador del premio en México, Agustín Guambo mencionó lo siguiente: Agradezco a mis padres que aunque no sabían leer fueron los primeros que me acercaron a la literatura. Guambo, que además no es su nombre verdadero sino la apropiación que hace del nombre de su abuelo. Nombre con el que se identifica más y de esta manera reivindica algo de la memoria indígena que sus padres fueron silenciando al llegar a la ciudad de Quito.

Menciona también que a pesar de que la lengua materna de ellos era el quichua, nunca la hablaban en casa, el autor por convicción e iniciativa propia empezó a recolectar y a su vez recuperar lo que sus progenitores sin saberlo le estaban negando, y es esa oportunidad de ejercer el derecho de hablar una lengua no occidental. Una lengua quizás más propia. En el diccionario de estudios culturales latinoamericanos se encuentra la siguiente anotación sobre cultura:

La cultura puede entenderse como dimensión y expresión de la vida humana, mediante símbolos y artefactos; como el campo de producción, circulación y consumo de signos; y como una praxis que se articula en una teoría. Puede hablarse de cultura urbana, de cultura mediática, de cultura popular, de cultura de masas, de cultura letrada. Quizá estas tres últimas clasificaciones han sido de las más discutidas y polémicas, de manera que tanto la cultura popular como la cultura de masas, han sido opuestas a la cultura artística y a la letrada (…) Sin embargo, en el contexto latinoamericano ha surgido la inquietud por la invasión de la cultura masiva, mediática, propia a la segunda mitad (postmoderna) del siglo XX, al tiempo que se ha intentado recuperar la importancia del valor estético, reconociendo la dimensión simbólico-política de la cultura (Sarlo).4

La poética de Agustín Guambo entra dentro de este grupo resistente, más allá de la academia. Grupos y personas que ponen en cuestión el bombardeo mediático de consumo y el desarrollismo modernista. Discurso que se sigue repitiendo en el país desde los tiempos en que se empezaba a fundar la república. Discurso lleno de afectos lejanos a la realidad que acontece en su propia sociedad: “incendiados por tu canto acumularemos frutos y olvido en calles del Comité del Pueblo        destruidos por la noche correremos bajo los árboles de San Juan            buscando nuestros oxidados apus nos verás escarbar por La Chorrera Pachacamack            una nueva enfermedad habita nuestro adn          estamos infectados de civilización locuraurbana canibalismo aislamiento caos                 ¡¡¡Pachacamack Ama yapa puñuychu Pachacamack kanwankani Yanapay!!!”.5

Si bien la voz poética renuncia y acusa esta civilización que se expande como una enfermedad viral en las poblaciones, la voz es parte de esta urbe. La vive, usa, rehúsa destruye y reedifica, dentro del absurdo cósmico y el delirio de las montañas, como un shaman construyendo sus rituales sobre el pavimento. Es ahí donde se puede vislumbrar dicha hibridación. Ya no es la voz de los poetas modernistas ecuatorianos intentando emular, llegando casi al plagio, a los poetas malditos franceses. Ni son los autores de la generación del treinta, con un realismo social e indigenismo que en su momento fue necesario, pero que en la actualidad resulta caduco y beligerante, por el hecho de que en cierta forma esa realidad ya no les pertenece del todo a las nuevas generaciones.

Guambo trae en su poética un discurso insumiso y guerrero, no desde la mirada que se le da un problema en cuestión como quien mira desde una zona de confort. Este autor habla desde su indigeneidad, su mestizaje y desde los que le antecedieron, pero también habla desde los que están viviendo y guerreando la urbe en tiempo presente. Aquí y ahora. Es una voz en la que cualquier joven lleno de hastío y aburrimiento de la monotonía a la que a fuerzas los lleva la ciudad podría desarrollar no solo empatía sino verse reflejado en las páginas, ver su propia desazón en la que el autor imprimió en el papel: “Café y silencio/ café y lejanía/ porque esto también era parte de amar/y nos dividimos/ uno era el poeta y otro el muerto que cargaba al poeta/envejecimos… como estrellas que nadie nunca miró,/menos nombró/Entonces comenzamos a morir, pero seguíamos ebrios y drogados/drogados y ebrios/y el mundo nos seguía valiendo verga”.6

Agustín anuncia un después en la poesía ecuatoriana, un después del que algunos lectores se pierden por falta de reconocimiento del presente literario. Un presente donde la civilización actual camina de la mano con civilizaciones de antaño y algunas extintas ya. Sin duda alguna, los rinocerontes no solo vagan por los Andes sino en todas las regiones del Ecuador continental e insular donde una muchacha o muchacho escapa de la comodidad y alienación forzosa hacia el caos del reencuentro con sus raíces en una calle de su barrio.

 

Lean el poema aquí

 

 

 

 


[1]Agustín Guambo, “[iii]” en Primavera nuclear andina (Buenos Aires: Difusión a/terna, 2017), 8.

[i] ¿Acá arrodillado te imploro apu,, me escuchas? 4

[2] Agustín Guambo, “[iii]” en Primavera nuclear andina (Buenos Aires: Difusión a/terna, 2017), 16.

[3]HuiloRuales, “Las cenizas luminosas de Agustín” en Ceniza de rinoceronte (Quito: La caída, 2015), 8.

[4]Mónica Szurmuk y Robert MckeeIrwin, “Cultura” en Diccionario de Estudios Culturales Latinoamericanos (México DF: Siglo XXI editores, 2009). 55. 7 8 

[5] Agustín Guambo, “lectura del libro de los Andes o canto de la cicatriz indígena” en Primavera nuclear andina (Buenos Aires: Difusión a/terna, 2017),  14.

[6] Agustín Guambo, “lectura del libro de los Andes o canto de la cicatriz indígena” en Primavera nuclear andina (Buenos Aires: Difusión a/terna, 2017),  20.

Escrito por Yuliana Ortiz Ruano

Yuliana Ortiz Ruano (Esmeraldas, Ecuador, 1992) Gestora, co-editora en Cráneo de Pangea. Ha publicado: Sovoz (Hanan Harawi y Todos tus crímenes quedarán impunes, co-edicón peruanoecuatoriana). . Mención de honor en el premio nacional Poesía en Paralelo 0 con su segundo poemario 'Canciones desde el fin del mundo'(Amauta&Yaguar, Buenos Aires, 2018). Textos suyos aparecen en varias revistas virtuales. Escribe para Las Críticas y es clúster de Liberoamérica en Guayaquil - Ecuador.