Ver el mar y ahogarme.

Sentir como se abre un abismo en mi pecho
y pensar: quizás estoy muriendo.

Darme el pésame.

Mi cuerpo navega en la superficie
desafiando el flujo de las olas
la sangre hierve boca abajo.

Mi sombra me observa desde la orilla:
adiós
que te vaya bien
saludos a todos allá abajo.

 Sube la marea.

Gaviotas se clavan alrededor
para tejer con sus picos
un ataúd líquido
que contenga
todo el dolor que la humanidad
guarda en el agua.

Una oscuridad infinita
me sostiene:
todo está perdonado.

Escrito por Mónica Licea

27 años. Mexicana. Escribo, leo y comparto poesía. Desde hace dos años gestiono el proyecto "Voces Encendidas: Poesía en voz de sus autores". Cuento con la publicación de una plaquette de poesía "Visión de la ira".