No soy hija de mi madre

Me metí en un agujero y esperé la muerte.
Yo jamás quise ser encontrada.
Por favor,
no me abandones como ya lo han hecho

Una vez quise ahogarme,
nadé mar adentro,
tanto como pude,
pero me regresó como si fuera basura

En los abismos del mar
se encontraba mi padre,
Dios, él; ellos tampoco me querían.
Yo era tan feliz hasta que se fue

Mi madre era feliz
hasta que se divorciaron,
y ya no confiaba en los hombres,
ya no confía en mí, porque soy como mi padre

Los mismos ojos, la misma boca,
la misma sensación de odio,
no me tolera, soy una poeta,
no soy tan hija de mi madre

Soy más de él que de nadie más,
soy más fracaso, más palabras,
y menos actos; soy mi padre

 

La última cena

¿Cómo supe que era la última cena?,
si habíamos tenido tantas,
si habíamos comido tanto,
¿Cómo lo supe?

Es porque mamá preparó pasta,
y nunca le ha quedado bien,
papá ya no besaba a mi madre;
y esa noche, Judas le besó la mejilla

Mi madre recitó la oración,
ella comienza con un Padre Nuestro
y yo aprieto la mandíbula, las manos,
y todo acaba con un líbranos del mal

Mamá resucitó al segundo día;
mi padre no volvió a cenar con nosotros

 

Roma Rey (Paola Florisel Mejía Reséndiz, Coahuila, 1996). Poeta en formación. Estudiante de la licenciatura en Historia en la Facultad de Filosofía, UAQ. Ha publicado en diversos medios virtuales.