Encontró en sus ojos un profundo dolor, del cual no se había percatado jamás en los diez años que había vivido con ella. Debajo de sus ojos, las pronunciadas ojeras reflejaban el cansancio de sus días. Rozó sus párpados y los abrió lentamente, sus pupilas dilatadas lo estremecieron, los bajó.

Notó su rostro terso y radiante a pesar de su vejez; no encontró las arrugas que siempre iban en aumento y que tanto le desquiciaban.

La miró perplejo, no podía creer lo que tenía ante sí. Tan solo barboteaba continuamente: “Tu algidez me hace desvariar más que tu calor”

Tomó sus manos ásperas y callosas y las besó sin pensarlo dos veces.

Descendió por su vientre y alucinó una vida desesperada por salir y lloró de felicidad, lloró hasta reír.

Subió hasta sus pechos, se prendió de ellos e hizo las veces de un neonato.

Se sacó la ropa a suaves toques, incluso las medias.

Subió encima de ella y empezó a cabalgar cual caballo galopando en su colina.

Gritó despavoridamente y al no ver reacción por parte de ella empezó a golpearla. Su libido incrementaba.

Le dijo que la amaba y que la amará aun muerta.

Se levantó, se puso su yin y su chaqueta. Abrió la puerta de la morgue y salió llorando por su amada muerta; dejando atada una media en una de sus muñecas.

 

 

 

 

 

 

Escrito por Marilia Navarro

Ica, 1990. Ganadora del II Premio de Nanorrelato del Taller de escritores de Barcelona. Presentó su primer libro de poesía Tergiverso (Catavento, 2017) en la FIL Lima 2017. Aparece en la Antología de Poesía Iqueña Poetas en la Arena (Biblioteca Abraham Valdelomar, 2017). Articulista en la web elclosetlgbt.com y productora/conductora del programa radial LGBT+'La chica del clóset'.