Esta entrevista surge en el marco del III Encuentro Hispanoamericano de Escritores realizado en diciembre de 2017 en Santa Clara, Cuba. Habla Idiel García, poeta a cargo del evento que en su tercera versión reunió a escritores de Chile, Panamá y de la propia isla.

Idiel García Romero (Villa Clara, 1980). Poeta y narrador. Entre sus libros publicados destacan Los días de mi muerte (Editorial Capiro, 2007), El jardín de las delicias (Ediciones Sed de Belleza, 2010), Manual de ilusiones (Editorial Capiro, 2015), con el que obtuvo el XXVI Premio Fundación de la Ciudad de Santa Clara y ¡No soy un héroe! (Ediciones Áncoras, 2016). Entre variados reconocimientos destacan el Premio Nacional de Cuento César Galeano en 2011, el Premio Nacional de Reseña Crítica Segur en 2012 y el IV Premio Internacional de Poesía Ángel Ganivet, Helsinki, Finlandia, en 2012. Actualmente es coordinador de Ediciones Sed de Belleza.

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Por diversas circunstancias, Cuba aparece como una isla literal y simbólicamente hablando. ¿Cómo ves el diálogo literario y cultural con el resto de América Latina? ¿Cómo se construyen los puentes que desafían, en cierta forma, el bloqueo?

Si soy completamente sincero, tengo que decir que ese diálogo literario con el resto de América Latina es muy débil. En los últimos años hemos visto emerger con una fuerza atroz cierta pasión desmedida por la literatura en lengua inglesa. Esa pasión es todavía mayor por la literatura norteamericana, solo unos pocos escritores se preocupan por mantenerse informados respecto a lo que sucede en Latinoamérica. Debo mencionar que hay muchísimos autores en lengua inglesa de muy alto nivel, no solo de los Estados Unidos, sino que también de Inglaterra, Irlanda, Sudáfrica y otros países angloparlantes incluyendo el Caribe. Admiro la novela norteamericana desde Faulkner hasta Philip Roth. No se trata de negar la literatura solo porque se haya desatado una pasión. Creo, sinceramente, que el escritor tiene que absorber todo lo que pueda. Lo que en realidad me preocupa es otra cosa: las traducciones. A menudo me enrolo en discusiones literarias con un amigo, apasionado de estas literaturas y de Borges, en donde le digo que en la literatura española hay autores tan valiosos como los norteamericanos. Siempre le hablo de Muñoz Molina, de Ballester, Camilo José Cela, Delibes, Juan y Luis Goytisolo, Francisco Umbral y muchos otros. Me preocupa mucho la total devoción por las literaturas anglófonas que existe en los jóvenes escritores. Ahora mismo, si lees un libro de narrativa joven cubana, te encontrarás con que la mayoría de los textos se parecen, que no hay una prosa de gran nivel, sino que los escritores trabajan con oraciones simples, cortadas. Creo que en este fenómeno inciden varios factores, uno de ellos es el hecho de que el diálogo con las literaturas latinoamericanas es muy débil. Basta señalar que en Cuba no circulan libros de ninguna de las editoriales que hoy en día marcan los destinos de nuestra lengua, pero más que eso, no circulan ni siquiera textos de las pequeñas editoriales. Si se leen esos autores es gracias al archivo digital. Por ejemplo, Bolaño empezó a leerse hace unos diez años, Jorge Edwards apenas, Fernando del Paso casi nada, Pitol un poco más, Fresán algo, Ampuero muy poco, Volpi te diría que nada, Piglia por ahí, Jorge Franco casi nada, Giannina Braschi nada de nada, Martín Casariego apenas, José Ángel Mañas menos, y esos son solo unos pocos, hay otros que ni siquiera se nombran. Por ejemplo, en la literatura para niños, una autora como Marcela Paz, que es todo un clásico en tu país, en Cuba no la conocen ni los autores que trabajan el género. O sea que el diálogo con las literaturas latinoamericanas es apenas un balbuceo. Desafiar el bloqueo es bastante difícil. Primero hay que tener conciencia al respecto, pues el bloqueo es parte de la idiosincrasia del cubano y esto es lo más trágico, porque la gente se acomoda a las circunstancias y deja de buscar alternativas. Para lograr un diálogo existen iniciativas como el Encuentro Hispanoamericano de Escritores que intenta lograr un acercamiento. Pero habría que ser bien ingenuo para creer que eso es un gran paso. Apenas deja un saldo positivo, pues son muchas las dificultades que enfrenta un proyecto como este. Otros proyectos como la publicación de autores latinoamericanos son también impulsos mínimos. Están las Ferias del Libro, pero creo que el diálogo depende totalmente de las nuevas tecnologías y el intercambio en redes que permitan un acercamiento a otros proyectos alternativos.

Algo que me llamó la atención al estar en Santa Clara, y a diferencia de Chile, es la cantidad de premios literarios a los que pueden optar los escritores. ¿Qué importancia tienen estos premios, sobre todo para los jóvenes que deciden dedicarse a la escritura? Y, por otra parte, ¿cómo se valida un premio por sobre otro habiendo tantos a los que optar?

En Cuba los premios no son muy significativos. Apenas pagan. Pero el incentivo es la publicación, con tiradas superiores a los 500 ejemplares y eso es bastante cuando lo comparas con la mayoría de las editoriales latinoamericanas. Te diría que hay al menos uno de esos premios por provincia y otros diez o doce que son un simple reconocimiento. Hay otros que publican la obra en revistas, en digital, y además están las becas de creación, que permiten que un autor cobre un estipendio durante seis meses para finalizar su obra. La importancia radica en que verdaderamente son un estímulo para la escritura. Algunos premios como el de la UNEAC, el Guillén, el Carpentier, el Casa de las Américas, los Premios Calendarios de la AHS, o el Premio David o el Pinos Nuevos de Letras Cubanas, logran visibilizar a sus ganadores en los medios de comunicación. Muchos lectores y escritores jóvenes anhelan ganarlos. Hay otros como el Premio de La Gaceta, el Julio Cortázar o el Cuba Poesía que pagan bastante bien e incluyen viajes a festivales. La validación radica en el rigor de los jurados, las perspectivas futuras que abren algunos, la promoción que conllevan los más importantes y el prestigio histórico de otros.

Tuve la oportunidad de conocer a dos editoriales que están hoy en día publicando autores cubanos y extranjeros. Me refiero a Sed de Belleza, en Santa Clara, y Áncora Ediciones, en la Isla de la Juventud. Me parece interesante que dos editoriales locales publiquen tiradas de 1000, 2000 o 3000 ejemplares. En Chile, con suerte, las editoriales independientes se arriesgan con 200 o 300 ejemplares a nivel nacional y sobre todo funcionan y se concentran en la capital del país.

En Cuba, la producción de libros no opera bajo la lógica del mercado. Las editoriales no están presionadas por la necesidad de ganancias. Para que tengas una idea, las editoriales cubanas, salvo dos o tres casos aislados, no son empresas. No venden sus libros, sino que los entregan a los supervisores del proceso editorial, que financian y comercializan los libros: el Instituto Cubano del Libro (ICL). Las editoriales son subvencionadas por el Estado, quien paga los costos de producción, así como también los derechos de autor a los escritores cubanos (a los extranjeros no se les paga). De esta manera, no existe la necesidad de autofinanciarse. Esto permite que los lectores puedan acceder a los libros a precios menores al costo de producción. Por ejemplo, Papeles falsos de Valeria Luiselli se comercializa a $10.00 MN, esto es más menos 0.30 centavos de dólar.

A nivel latinoamericano, ¿qué se lee hoy en Cuba? ¿Cómo se accede a las nuevas voces que están dando que hablar? Me imagino que obligados por el bloqueo, las vanguardias llegan un poco más tardías.

Se lee por Internet o los libros conseguidos en el exterior. Ahora mismo, por ejemplo, se está leyendo mucho a Bolaño, se sigue leyendo a Borges (esto lo veo como un atraso tremendo; Borges es un maestro indiscutible, pero hay que dejarlo atrás. La literatura ya pasó por él hace tiempo). Se lee a Pitol, a Gamboa un poco. En poesía mucho a Nicanor Parra, Neruda, Vallejo, se conoce poco a los continuadores, la generación post boom, y menos todavía a los de tu generación.

El escritor cubano Sergio García Zamora publicó recientemente por Ediciones Áncoras el libro La condición inHUMANA (2016). En él llama la atención la construcción de un texto a partir de fragmentos que cruzan un poco el aforismo con la irreverencia poética. En algunos aspectos me recuerda mucho al trabajo del chileno Nicanor Parra. ¿En qué están hoy en día los escritores cubanos? ¿Cómo se relacionan con la tradición de su propio país? ¿A qué apunta la poética del escritor joven en Cuba?

Seguro pudiste observar que en Cuba, sobre todo en poesía, hay muchos escritores jóvenes metidos hasta el cuello en proyectos escriturales bien intensos e interesantes. El problema es cuando uno se pone a buscarle las cinco patas a la poesía (que jamás será un gato, aunque sea rebelde y escurridiza como ellos). La variedad es una característica hoy en día en la poesía cubana, es casi imposible resumir sus rasgos en una entrevista. Hay de todo, poetas que escriben a lo Borges, poetas que se quedaron en la posmodernidad, otros que regresaron al coloquialismo, aunque con una mirada menos seria, más influidos por Luis Rogelio Noguera que por Retamar. Hay poetas experimentales de la forma, de la palabra, del ritmo, están los neorrománticos, los neoclasicistas, los conceptualistas, los guerrilleros o mambises, los hiperrealistas, los neolezamianos, los posdiáspora, los whitmanianos, en fin, existe toda una jungla, una Babel de versos. Lo único que puedo decir con seguridad es que la poesía que se cultiva en el oriente del país es mucho más combativa, más aguerrida, tiene un aliento épico tremendo, que parece que viene con machete levantado y a caballo. En cambio, la poesía del occidente está más ligada a los experimentos formales, visuales, mete en el poema lo tecnológico, está más signada por las modas y, me parece, que es algo más superficial. La poesía que se escribe en la región central es mucho más formal, se apega a la tradición de la lengua, bebe más de los poetas hispanos del siglo XX, es más lírica, más intimista. Sin embargo, hay poetas de todas las latitudes de la isla que no calzan de ninguna manera en ese encasillamiento que he tratado de hacer, y esos son los que más me gustan. A estos los llamo “electrones sueltos”.

Por último, estuviste a cargo de la organización del III Encuentro Hispanoamericano de Escritores en Santa Clara junto al patrocinio de la Asociación Hermanos Saíz. Cuéntame un poco de la experiencia de este encuentro, la importancia de la AHS para el escritor y artista joven y cómo proyectas la continuidad de ese espacio de intercambio cultural de las escrituras hispanoamericanas.

El encuentro fue bien atípico. Para empezar, se realiza en septiembre, pero este año hubo una verdadera catástrofe debido al huracán en toda la zona costera de Villa Clara y de otras provincias centrales. Por lo tanto, el evento fue pospuesto para diciembre y se le quitaron dos días, pues no nos podíamos dar el lujo de realizar gastos habiendo tanto por reconstruir. Seguro viste que el techo de la Editorial Sed de Belleza estaba apuntalado. En esas condiciones el Encuentro Hispanoamericano de Escritores no podía tener la magnitud que sí hubiese tenido en otras circunstancias. Sin embargo, a pesar de las dificultades, el evento resultó muy bien. Si bien es un evento pequeño, su finalidad es acercar la literatura cubana. La selección de invitados nacionales se realiza a partir de la convocatoria de la Beca de Creación Casa Seoane de cuento y poesía, cuyos siete finalistas son invitados a participar del evento y de la premiación que se realiza dentro de ese mismo marco. La selección de extranjeros se realiza mediante invitaciones dirigidas previa revisión de currículo y obra. Un asunto necesario para evitar que se prostituya el encuentro.
La idea inicial se me ocurrió hace cuatro años cuando era presidente de la AHS en Villa Clara. Y el objetivo fue siempre abrir un diálogo entre nuestros escritores y el mundo hispanohablante. El encuentro no tiene financiamiento de la AHS, pues no está en la parrilla de eventos establecidos y probablemente nunca lo esté, ya que la tendencia en el país es a disminuir este tipo de eventos en lugar de aumentarlos. Por lo tanto, el financiamiento sale desde nuestras propias gestiones con otras instituciones como el Sectorial Provincial de Cultura, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), el Centro Provincial del Libro y la Literatura (CPLL) y alguna otra que se motiva a colaborar. La producción y organización la hacemos nosotros mismos y ninguno cobra nada. Es todo por amor al arte y que bueno que siga así.
Para el año que viene queremos hacer algo especial, solo esperamos que no nos toque otro huracán. Hasta ahora hay escritores motivados de República Dominicana, España, Chile, Argentina, Venezuela y Colombia. Ojalá la AHS y la UNEAC pudieran hacer más, pero sus presupuestos son más bien simbólicos y, aun así, el artista tiene que ser consciente de que lo verdaderamente determinante es lo que él decida ser. Si decides echar la pelea, es posible que ya esté ganada de antemano.

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Escrito por Francisco García Mendoza

Francisco García Mendoza (Santiago de Chile, 1989). Profesor de Castellano y Magíster en Literatura latinoamericana y chilena por la Universidad de Santiago de Chile. Como autor de ficción ha publicado las novelas Morir de amor (2012) y A ti siempre te gustaron las niñas (2016), ambas por Editorial Librosdementira.