Hoy escucharé una canción que odio a volumen máximo hasta que mis ojos estallen de sangre porque nunca la bailaremos juntos porque odias como yo el pop

y el rock nos odia por ser hijos de la nada un 15 de octubre de 1987 bailando en una esquina iluminada por un faro incendiándose tú no llegaste de pronto tú ya venías bailando toda la noche pero

no importa si llegaste corriendo o bajo la lluvia pero llegaste antes de que me preguntaran quien era mi pareja y aunque no respondí tu nombre ahora lo tengo en esta habitación vacía y lo uso para abrigarme los días cálidos y los días fúnebres lo visto como paraguas para evitar las lágrimas de todos y las propias porque tú no has muerto y no lo harás

si alguien te piensa puedes existir por siempre y eso me hizo joven hasta que aprendí a perder lentamente la vida como el tren que nunca se detiene por más que rujes y sostengas tu boleto electrónico ante un maquinista que no sabe código binario

pero tú no quieres engañarte, tampoco

esa esquina de los años 90 no está sola en invierno

porque allí van las parejas a esconderse y abrigarse aun cuando nada cambia realmente hasta que decides pensarlo

el swing y el jazz son danzas prohibidas de vestidos elegantes y pasos monstruosamente ciertos y cuidadosos a menos que tengas prisa

pero si tienes prisa

 

Yo tendría que pensarte desde el lugar desde que te conozco y

no desde los abismos que suenan cuando me quedo callado en el cuarto oscuro del cuarto 505 del hotel de esa avenida ya olvidada

donde no sabes que voy ni cómo llego pero sabes que estoy, sabes que estoy pero no me preguntas porque

quieres creer que es algo que debo hacer por ti o por mí, no importa,

llego a la avenida cruzando calles prohibidas, pisando cadáveres bebidas rancias y uno que otro sol amargado por la luz de la luna

es tarde, me llamaste pero hasta allí no llega sino otra voz que la del interior la única que encuentro en ese cuarto oscuro los jueves cuando te digo que me voy

me voy y no tenía a dónde entonces creé ese lugar para abrigar pensamientos prohibidos que no puedo desaparecer como desaparezco mi cuerpo cuando estoy acostado a tu lado y no puedes tocarme

algún día te habría llegado una carta un oficial con una identificación falsa y habrías descubierto mi verdadero nombre, habrías tenido que reconocerme y llevarme detrás de las colinas de primavera, quemarías el colchón pero mis cabellos se volverían oros que no podrías deshacer en tu memoria, habrías tenido que mentir esconder mi nombre y atesorarlo en tu propio cuarto oscuro

si me hubieras dejado desaparecer

 

abro mis ojos en medio de la noche

y todo parece una verdad

a medias

 

que el cielo es rojo por enojo y azul

cuando viene por defecto

por qué quieres tú morir joven

Escrito por Francisco Cerna

(Lima, 1996) Estudiante minimalista de Lingüística en la PUCP (Perú) y locutor de textos en Poesía Sub25.