Yo, Carmen, tu mujer, amo tus labios
mentirosos
pues yo soy la más gruesa, la de mejor
salud y la más mentirosa.

Carmen Ollé

Todo empezó en el estacionamiento de una librería en la Ciudad de México. Encontré de oferta una antología de poesía peruana: La mitad del cuerpo sonríe, editada por Víctor Manuel Mendiola bajo el sello del Fondo de Cultura Económica.

Acostumbro leer los prólogos y el de este libro era francamente prometedor. Las citas adelantaron algunos poemas que parecían emocionantes, además el acercamiento entre la poesía peruana y la mexicana se me hizo algo interesante. Disculparán que a mis 30 años no hubiera leído casi nada, además de Vallejo y Blanca Varela no sabía nada de la producción poética en Perú. Me sentí insignificante al reconocer a los pocos autores que encontré en el índice.

El siguiente paso fue compartir con alguien la lectura de los poemas que iban iluminando mis días. Él buscó en las librerías locales algunos materiales de Carmen Ollé. Y gracias a la Dirección editorial de la Universidad Veracruzana, Noches de adrenalina llegó a mis manos por menos de cien pesos.

Al parecer, Noches de adrenalina es el primer libro de Carmen. El poema con el que arranca es devastador. Pone sobre la mesa el tema de la mujer con toda la complejidad y naturalidad que inundan la consciencia de la madurez. Probablemente es el poema más conocido de Ollé:

Tener 30 años no cambia nada salvo aproximarse al ataque

cardiaco o al vaciado uterino. Dolencias al margen

nuestros intestinos fluyen y cambian del ser a la nada.

 

Cuando releo esos tres versos confirmo lo que la lectura posterior me ha hecho sospechar. Carmen es una poeta que no solo remarca la temática femenina. Conforma a través de varias líneas de pensamiento, una poética de lo escatológico. Le interesa hablar de la descomposición del humano y claro que lo hace a partir de sí misma, de su cuerpo femenino. Resulta decepcionante que siempre se le reseñe como una voz fundamental para la poesía hecha por mujeres. Como si escribir siendo mujer nos colocara aparte, lejos de la poesía fundamental para un país o para una época.

No quiero detenerme en la injusta categorización de la poesía escrita por mujeres. Quiero invitarlos a leer a Carmen Ollé sin prejuicios de género.

En Noches de adrenalina iremos de la mano de una mujer que va por diversas ciudades. Parte de Lima y de los inconvenientes de no ser lo que los estereotipos desean de una. Nos desplazamos hacia París, la ciudad soñada que resulta defraudar las expectativas de quien viaja. Vamos por las lecturas de una mujer preocupada por la existencia. Por el ser, así en infinitivo, atemporal. Una mujer consciente de la vida y de la muerte, segura de que la relación que establezca con el tiempo y la existencia será sólo mediante su cuerpo:

Las relaciones con las partes de mi cuerpo no son teológicas

son frustraciones derivados del dolor de un cuerpo fetiche.

Hoy perdí un diente:

¿Evacuación de una conciencia sufriente?

Por ello es que, a lo largo del libro, se expone de tantas maneras el tema de la descomposición, de la inconformidad con el cuerpo, pero también de la aceptación. Una voz que no teme al purismo poético y habla con soltura de los desechos corporales así como del placer:

Defecamos con soltura y es el único motor intacto

se corona una era escatológica

Lou Salomé: vagina y ano se aproximan igual que placer

y desesperación en el momento de compartir la soledad.

 

Estoy segura de que momentos como en anterior, son los que hacen de este libro un documento excepcional: la capacidad creadora de sumar acontecimientos impúdicos a cierta exaltación filosófica, todo a través del lenguaje.

El lenguaje es lo que viste e ilumina la desesperanza de los poetas. Así también en Carmen. Cuando habla de su infancia, en la que se detiene poco. Pues a ella la mantiene ocupada el pensar en la que era a los 30 años, en preguntarse si sería la mujer que su cuerpo soportaría a los 80. Buscó reflejarse en la abuela y mucho le reveló esta búsqueda. La adolescencia es el momento que más recalca, acaso porque es el momento del desarrollo humano en el que se da el apogeo de la maduración sexual y las preguntas más insistentes sobre la existencia.

A los 30 años la duda retumba en el cuerpo de Ollé. Su voz se enfrenta al mundo y canta a la descomposición. Para mí, este libro, es un digno canto a la madurez, el reflejo de que crecer no duele y hacerse mayor es la promesa de ir confiando más en la palabra. Por eso decía, ante las dudas y el desconcierto por la existencia, el lenguaje es lo que mejor arropó a Carmen Ollé:

Las palabras transmiten el temblor de los labios

me desvisten en el bosque entre nieve chamuscada

con la risa que desconciertan accedo al miedo en la

tonalidad crispada de sus ojos cuando él representa

mi deseo con sus gestos y me contiene.

Soy feliz por este privilegio el minuto de dicha de aislar

la palabra felicidad y haberla contenido en un acto sencillo.

ante el espejo ella se pregunta por el sentido de sus días

su                MONOTONÍA

no ha deslindado aún aquello que no lo es.

Feliz mientras me deslizaba del mercado

el viento me empujaba donde los pescadores destejían sus redes

tan feliz como una hoja cuando es verde

sin asco al zumbido de las moscas

al arrastrarse de las lagartijas por el lavadero

o a las arañas abandonando sus telares geométricos

y pensaba claramente ¿es esto una conquista?

 

 

Aquí podrán encontrar algunos poemas del libro Todo orgullo humea la noche Carmen Ollé.

Escrito por Adriana Ventura

Escribo poesía y ensayo. Entreno ballenas, cocino mal y soy autora de Geografía negra, Elogio a las rain boots que no tengo, Café Bausch y La rueca de Gabriel.