Una vez más estoy acá enfrente de una hoja en blanco, está única hoja en blanco es la que nunca se me termina, siempre está presta para escribir sobre ella. Páginas y páginas redactadas de todas las cosas que voy viendo, aprendiendo y las comparto con una miríada inagotable de personas que pasan su vista por todas mis palabras escritas, una por una.

pexels-photo-385997Noviembre, Diciembre y Enero en Paraguay tienen sus encantos. Noviembre comienza con una ebullición casi inesperada y en Diciembre eclosiona en una multitud emocionada por alguna cosa que a veces no me llega, o que no comprendo. Pueden ser las fiestas, las compras o el final de todo, la cuenta regresiva para las cosas nuevas que empiezan a despuntar. Ese es el ciclo. Las vacaciones de Enero se vuelven una delicia después del frenesí de las fiestas de fin de año y después como en un invierno perpetuo, arropado de nuestro sol mediterráneo, volvemos a nuestra rutina gris, esperando al verano que nunca se va del todo por acá, excepto del ánimo festivo de la gente de ciudad.

Al final estos meses siempre son los patronos de todas las cosas que comienzan, como este espacio, este posteo inicial después de las inusitadas vacaciones de las que hablaré más adelante, para darles una pincelada de cómo es viajar de palmo a palmo sobre ruedas  y que por fin me llevaron a conocer la ciudad en donde nací, (si, así mismo, nunca conocí mi ciudad de origen) Ciudad del Este, cuna del comercio transfronterizo. Real, peso, guaraní se mezcla, entrelazan, se toman un caipi, un mate y un tereré y se regresan a sus diferentes puestos saliendo al camino de potenciales clientes.

Espero que mis retratos de ciudad no me conviertan en la tía aburrida que habla de sus vacaciones a sus sobrinos. Lo que me salva de eso (creo yo) es que traigo “recuerditos”, los colecciono en mi memoria de los lugares de adónde voy, pienso colmar miles de hojas blancas, escritas una y otra vez en una primavera inagotable de letras que van a florecer a la vista  de los que visitan este espacio, sin importar en que estación o mes estemos. Todos los días viajamos de diferentes estados anímicos o de un punto del estrés al punto de la autorrealización personal sin mucho equipaje, más que nuestras fijaciones o proyectos. Lo que hagamos con esos “micro viajes” será lo que nos edifique todos los días.

¿Al final quien dijo que los viajes iban a ser solo terrenales?