Debo soltar este enjambre de ojos

para estrangular tu voz con su zumbido

y que sus párpados en tu grito

se froten, para adelgazarlo.

La luz que se cuela en su retina,

yo mismo la domé, arrimando su sed

a la puerta de tus lagrimales,

encadené el dolor, lo dejé secarse.

 

Ahora sabes que puedes desconfiar en mí,

en mí puedes recargar todas las muertes

que te han dedicado, toda la pólvora,

todo el filo, todas las plagas

sobre las escamas de mi sombra.

 

Incluso puedes desafinar

el burbujeo del corazón

o exagerar su golpe húmedo;

implorar los rezos de las moscas

hasta que se desangren las encías,

o puedas deshierbar mi nombre de tu boca.

 

En la reserva de tu insomnio

se encandila la oscuridad.

Todos los epitafios del Hombre

se van escribiendo en tus ojeras,

y aun en el acantilado del silencio

se puede derramar el amniótico del sueño.

 

En la grieta de esa cicatriz

se asoma el ladrido de tu miedo;

déjalo gruñir, roer la punta de mi rabia,

para matizar la noche de temblores

y que vibre con el crujir de los nervios.

 

Te delatan las texturas del sudor;

apestas a la combustión de otros poros,

al bramido de otros dedos

a la fractura de algunas costillas,

donde se exilia la orfandad de tus huesos.

 

Tu piel se teje con el óxido

que tose el tiempo en las flores.

Sus esporas te cuelgan desde la infancia

y así te aman y así te amo,

con todo mi corazón

y con la mitad de mis pulmones rancios.

 

Eres el retrato inmóvil de los charcos,

la contradicción del agua que te erige,

donde se pudren los ecos de la luz,

para nutrir a una manada de gusanos.

 

Me hidrata este cementerio acuático…

El rencor que convulsiona mis manos,

murmurando una resaca de angustia;

y el afán de pelear sin lucha

que me mantiene vivo.

 

Deberías amaestrar tu sueño,

educarlo para desconfiar de la luz,

de la oscuridad, del aire, del sudor,

de mi enjambre de ojos

que lija las rebabas de tu grito

y, más aún, de mis manos,

que aprendieron la medida exacta de tu cuello

al dormir contigo.

Escrito por Yobany García Medina

Yobany García Medina (Estado de México, 1988). Es licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas, FES-Acatlán (UNAM). Es miembro fundador del Seminario Permanente de Metaficción e Intertextualidad (FES-Acatlán) y ganador del 1er. certamen de minificción Fantástica lascivia, UNAM, DGACU, mayo 2013. Ha participado en diferentes congresos nacionales sobre estudios literarios. Además, ha publicado en diversas revistas y antologías, entre ellas: Revista La Otra Raíz, Penumbria, Palabrijes, Monolito, Revista Bistró, El Humo, Rojo Siena, Revista Dislexia, Revista Nano: minificción latinoamericana, Primera Página, Nocturnario, Revista Minificción, Revista a Buen Puerto, La Rabia del Axólotl, Moria y Destiempos. En esta última publicó el artículo: “Lo metaficcional en la minificción mexicana. Construcción y funcionamiento de la trama”, Revista de curiosidad cultural, Nº. 43 (febrero - marzo), 2015. Actualmente es profesor del Diplomado en Creación Literaria del Centro de Integración Humanística (CUIH).

3 comentarios

  1. Oye me gusta lo que escribes no sabía que eras escritor tendrás que hablarme de eso la próxima vez que te vea 😊

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