Dedicado a Joerla, a Brian y a todos los estudiantes que se vean reflejados

¡TAAAM TAAAM TAAAM!

Suena la alarma a las 4:00am, Lourdes abre los ojos asustada, le da un golpe a su despertador todavía sonámbula y lo apaga. Lo que más odia de las mañanas es el fuerte sonido con el que despierta, pero si programa un tono más bajo no lo escucharía nunca.

Se estira en su cama, le suenan todos los huesos, extiende sus piernas y con sus manos trata de tocarse la punta de los dedos de los pies pero fracasa en el intento y sus articulaciones siguen una tétrica melodía, le pide a Dios que le dé fuerzas, le quite el sueño y sin más preámbulos se levanta y va al baño.

Una vez que se cepilla, baña y medio arregla, agarra su mochila azul,  el pan con jamón y el jugo de lechosa que le prepara su mamá. Sale de su casa a las 4:50am, al pisar la acera se persigna, abre el papel de aluminio que envuelve el pan y le da un mordisco, todavía ni el sol se ha asomado y los pajaritos cantan en plena oscuridad mientras ella camina lentamente disfrutando su desayuno.

Lourdes tiene 21 años y estudia el séptimo semestre de Ingeniería Industrial en la Universidad Experimental de su ciudad natal, se despierta tres horas antes de su primera clase para estar a tiempo en la parada y no perder el bus que la lleva directamente a su universidad, la cual queda al otro lado de la ciudad lejos de su hogar.

El  bus pasa por esa parada a las 5:00am, el chofer es un señor amargado que nunca da los buenos días y la mayoría de las veces Lourdes va parada agarrándose del pasamanos, pero a ella no le importa con tal de solo ir en ese autobús y no tener que pasar las calamidades de agarrar el transporte público guayanés en hora pico.

Lourdes llega a las 5:00am, son las 5:15am y nada que pasa, 5:30am y ni una señal del bus. Si el transporte no aparece a las 5:30 eso significa que no pasará ese día. Ella ve un carrito por puesto, extiende su mano en dirección horizontal y levanta el dedo pulgar, el vehículo se detiene y ella sube, da los buenos días y el chofer y los otros pasajeros lo responden.

Llega a la otra parada, paga y se baja del carrito, camina un poco y pasa un autobús con un colector gritando «Alta Vista, Alta Vista, con puesto, con puesto» y se detiene, una pequeña multitud corre hacia el bus -entre ellos Lourdes- se tropiezan unos a otros y se dan golpes no intencionados, mostrando su desespero por subir a la unidad de trasporte y llegar temprano a su destino.

Lourdes logra entrar en el bus, pero va tan full que ella queda en la puerta, se coloca la mochila en el pecho y se sujeta tan fuerte de un tubo que sus nudillos se emblanquecen, atrás de ella va un muchacho con una pierna dentro del autobús y otra pierna guindando en la nada, la mayoría de las personas que están paradas van con el ceño fruncido y unas pegadas de otras aguantándose entre sí, las que están sentadas van casi durmiéndose y el chofer va cantando una salsa cabilla a todo pulmón, cada vez que el bus frena una que otra persona se da un buen golpe y Lourdes se asusta.

Al llegar a Alta Vista, son casi las 6:15am, Lourdes se baja del bus, le paga al colector y le da las gracias, va corriendo hacia otra parada ligando a que pase un bus de la universidad, se encuentra con Ángel, el mejor amigo de su hermana menor, que estudia Ingeniería Informática  en la misma universidad que ella, se saludan y se juntan para esperar el bus.

—Ángel ¿tienes rato aquí?

—No tanto, como 15 minutos, el bus siempre pasa a las 6:30am  —le responde Ángel.

Mientras ellos conversan, más jóvenes van llegando a la parada, en el ambiente se siente la incertidumbre ¿pasará o no el bus? Cuando ya casi todos se dan por vencidos aparece a lo lejos un vehículo muy deteriorado de color blanco con calcomanías verdes y azules, los estudiantes se alegran y se reúnen a esperar que el bus pare, se suben todos a él y sienten que por fin van camino a la universidad.

En el trayecto Lourdes le agrade a Dios y le pide que su día sea bueno, va viendo por la ventana a las personas que andan de un lado a otro todos sumergidos en su embrollo cotidiano, observa el paisaje de la ciudad y los rayos calientes del sol que atraviesan el vidrio de la ventana hacen que ella se incorpore y le dé la espalda.

Por fin llegan a la universidad y el resto de la mañana transcurre rápidamente entre clase y clase.

Al mediodía Ángel va al comedor de la universidad y aprovecha la hora del almuerzo para tocar amenas melodías en la guitarra y canta una que otra balada corta venas, esa es la manera en la que todos los días él recoge un poco de dinero que le sirve para pagar los pasajes que lo llevan de vuelta a su casa.

En otra parte de la ciudad está lloviendo fuertemente, Isabel, la hermana menor de Lourdes, estudia Comunicación Social y está caminando bajo el aguacero, tiene clases a las 2:00pm y presiente que llegará un poco tarde, no tiene paraguas y se está tapando con su chaqueta de blue jean, la fría agua se cuela por la prenda y le moja el cabello y la cara, sus labios tiemblan por el frío, no se había dado cuenta que sus zapatos tienen unos huecos en la suela hasta ese momento, con cada paso que da, de su calzado salen chorros de agua, sus pies parecen estar nadando en una piscina.

Después de 20 minutos caminando bajo la lluvia Isabel llega a su universidad, entra al baño y se quita los zapatos, les saca el agua en el lavamanos y luego los exprime, hace lo mismo con su chaqueta y su camisa. Un poco más seca Isabel va a su clase y sufre con el frío del aire acondicionado del salón.

Como todos los días un poco después de las 5:00pm, las hermanas se encuentran en la parada del Bus de Transito Rápido (BTR) -que no le hace honor a su nombre-. Lourdes siempre llega antes y hace la larga fila, al rato llega Isabel y comienzan a contarse lo que les pasó en el día.

—Esta mañana no pasó el autobús de la universidad y me fui guindada en un bus hasta Alta Vista —le comenta Lourdes a su hermanita.

—¡No, si te contara! Me cayó un palo de agua mientras iba caminando a la universidad y me mojé de pies a cabeza, los zapatos tienen unos huecos en la suela y mis pies iban nadando ahí —le dice riéndose a su hermana, como buena venezolana- siempre sacándole el lado gracioso a su desgracia. —Cuando llegué a la universidad me volví loca exprimiendo todo y luego entré al salón y pasé toda la clase congelándome.

—¡Ay por Dios, pobrecita! A mí también me ha pasado eso, y ningún bus me quiere subir porque parezco un pollito remojado —Lourdes se ríe con sinceridad.

—Quiero comprarme una galleta, tengo hambre —le dice Isabel a su hermana.

—Recuerda que si descompletas el dinero mañana no te va a alcanzar para ir a la universidad —le contesta Lourdes y se suben al BTR.

Una vez que llegan a su casa, saludan a sus padres, cenan, estudian y preparan todo para el próximo día de clases, Lourdes va a su cuarto, apaga la luz, se acuesta en la cama y le agradece a Dios por tener salud, comida y estudios, le da las gracias por tener a sus padres y a su hermana vivos y le pide que mañana todo sea mejor.

Isabel antes de dormir le agradece a Dios todo lo bueno, le pide que la proteja y que su país mejore.

Ángel antes de dormir deja todo listo para el próximo día, cuenta el dinero que reunió, le da las gracias a ‘Chuito’ y se duerme.

Las vivencias diarias de Ángel, Lourdes e Isabel son parecidas a las de muchos estudiantes venezolanos que salen todos los días a patear las calles y a dar lo mejor de sí en sus estudios. Así no todo sea color de rosa y les haya tocado vivir un difícil capítulo en la historia de su país. Ellos no se detienen, siguen adelante pese a las adversidades que les ocurran, se esfuerzan para que en un futuro próximo puedan ser excelentes profesionales, con la esperanza de que el día de mañana todo sea mejor.

Escrito por Joelnix Boada

(Ciudad Guayana, Venezuela, 1997) Estudiante de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello extensión Guayana. Todo comenzó a sus 13 años cuando escribió la historia detrás de su sonrisa.