Por mi interior y el de mi especie
el miedo al vacío corre más fluido
que la mecánica de respirar
que el reflejo de huir en vez de atacar
o que el instintivo primer gemido.

Por mi interior y el de mi especie
la desesperación tiene un largo y documentado recorrido,
rivalizado solo por el de la soledad,
que escuece hasta dormido.

Siempre ha habido un húmedo halo de acoso,
un cercano aliento, pegajoso.
En las nucas erectas
de miles, millones, millares de mentes
inquietas,
ansiosas,
insurrectas,

siempre ha habido temor al oscuro pozo,
siempre ha habido túnel,
precipicio,
escudo poroso,
siempre ha habido pavor a adentrarse en cavernas
aun sabiéndose luminoso.

Siempre han causado respeto las sombras,
y fascinación el fondo,
y atracción la ausencia
o su esbozo.

Pero hasta ahora, hasta que yo, nosotros,
salimos del caparazón teñidos de rojo,
no había habido semejante generación,
no había habido jauría o camada
tan aterrada de mirar de frente a la nada,
de clavarle los ojos al tedio,
de escuchar a la vida callada,
de que el silencio no tenga remedio,
de palpar la inercia desmontada
y dejar intacto el misterio.

¿Cuál fue la última vez que te ensordeció el silencio,
que giraste los ojos hacia dentro
para gozar del color de tu propio esperpento?

¿Cuál fue la última vez que atento
fuiste a buscar a tus pensamientos,
en vez de dejar que fueran ellos
los que de tan grandes,
tan urgentes,
tan expansivos,
tan efervescentes,
surgieran casi asfixiados
de tus océanos de “imputs” y gente?

¿Cuál fue la última vez, pescador de tierra adentro,
que echaste la caña al agua y…
nada más?

¿Que perdiste la vista en el horizonte, que es tu anhelo,
en vez de ser tú mismo pez y cebo,
de ondear la bandera del autoengaño
y poner rumbo a casa
para al llegar triunfante
colgarte en la pared como trofeo?

¿Cuál fue la última vez que tu cráneo
te pareció un hábitat confortable
y no una sala de torturas sin ni un grito,
insoportable?

¿Cuál fue la última vez que te callaste
y no para escuchar,
valorar,
leer,
comentar,
seguir,
mostrar,
sino por amor al no-ruido,
por ganas de ser y estar,
por un segundo robado
de mirar de cerca este sin-sentido,
por un instante de rozar la paz
que tanto deseas acariciar?

El universo no tiene marcha atrás
y el progreso sea soga o escalera,
persevera.
Pero entre interconectividad y el incesante comunicar,
entre las peonzas que hacen turnos para mirarse bailar,
entre el compartir y dar,
subscribir y tomar,
colgar y dar,
gustar y tomar,
enviar y dar,
recibir y tomar,
y dar y tomar
y dar y tomar
y dar y tomar
hasta ser más presencia virtual que cuerpo,
hasta ser más acumulador de “likes” que aliento,
hasta ser más existir “online” que siento,
hasta ser más vídeo viral que viento,
el mundo nunca había estado tan junto
pero entre el bullicio nadie escucha a su centro.

Emite un aviso agudo,
para mí y para mi especie:

“comiendo tanta maravilla
el empacho te va a pudrir por dentro,
de vez en cuando apaga el puto móvil
y mírate los adentros.”

Escrito por Ona Salvat Febrero

Ona Salvat Febrero (Barcelona, 1997). Estudiante de Llengües i Literatures Modernes a la Universitat de Barcelona, poeta y slammer.