Este río
de árboles en piso
y la tierra que parece
ser la misma
y revolverse
guardándose
en miradas
húmedas en duelo.

Este cementerio que seca
las mismas hojas
que ya antes le habían
adornado a otro muerto.

Una tierra
incontables veces mojada
por otras lágrimas
que igual lloraban
que igual reían
que botaban
en el calzado empolvado
de los restos de huesos
que se quebraron
por querer vivir.

Cuerpos enredándose en el viento.
Una costrita de piel necia
en el párpado derecho.

Escrito por Elizabeth Gamiño

Licenciatura en Cultura y Arte | Editorial Montea | Colima, México.