no me arrastré hasta aquí
-a esta puntada muerta
a esta hoja o verso roto
de silencio opaco-
a escribir un poema
sin antes decir:

quiero a éste hombre
y quiero a éste hombre
justo en el punto
en el que él corrobora
que no me quiere

camisa de flores y hojas
no encaja en su anhelo
de mujer-hombre
techo vientre y pan caliente

me bastaba quedarnos
tendidos lagartos al sol
abrazarse muerto el día
y los sueños hechos harapos

atravesar impares la desidia
el viento húmedo
la lluvia violenta
sin ansias
cada uno consigo mismo

quiero a éste hombre
y él muerto de miedo
ante la vida y los repliegues
de la Historia y de los pueblos
encolerizados

quiero a éste hombre
y he perdido el hilo de mis días
por nombrarlo

se hicieron añicos en el suelo
las letras de mi nombre
sé que llora mi madre
en algún hueco de la tierra
mi madre llora allá abajo
porque yo
por estéril o por cobarde
intenté remendar
un verso roto
sin antes echar flores
a su hoguera

Escrito por María Virginia Finozzi

Hija de un carnicero de pueblo Belén (al norte del Uruguay), me bautizaron María Virginia mediando los 90′ cuando se dieron cuenta de que era mujer. No me enseñaron a tocar ningún instrumento, pero me obligaron a leer fuerte y claro alguna cosa importante, aunque yo prefería comer tierra. Hoy Montevideo me habita mientras me entretengo estudiando educación social, pavoneándome entre las plantas y ensanchando el alma. Salú!