No es propio del amanecer confundirte
cuando parece que nada más puede morir?
No veo luces parpadeantes sino una extinción intermitente
extraviada en el techo de los impuntuales,
en el capricho de las visiones.

Si se toma tan enserio el juicio
Quién aboga por lo fugaz o lo marchito?
Una desgracia se consuma en las manos de una niña
y ellas, embebidas en correlatos del pasado
lucen poros ubicuos que solo pueden llenarse
con besos.

En la espera de esos labios
soy una voz en el centro de la flor violenta
contenida en un enorme vaso mutilado ¿Se entiende?
estas visiones solo parecen desnudar más el cristal y su eco,
como si eso fuera posible a esta hora

Hay demasiado sobre la alfombra,
ahora veo una jaula en mis cajones
y a la niña nadando detrás de su madre.
-Estas equivocada -diría el violinista que me olvidó en el camino
y que seguramente
también olvidó el brillo de las visiones.

Armónicas visiones
en el diluvio petrificado
siempre llamando
con su voz de llanto.

Escrito por Salenka Chinchin

(Quito- Ecuador,1998).