Algo suena en la orilla de la mente
afilado, lengu-a-paladar
no es el sonido de una palabra,

es el recuerdo de haberla pronunciado.

Nacemos
con la boca llena de tumores
hablamos
a garabatos,

intuimos
la esencia del nombre de Dios,
andando a gatas, bajo las camas,
y no se dice

pero se parece al aliento que dejan
los higos y las naranjas pasadas.

Mantengo la mano abierta cuando me arrastro
en caso de que Dios
quiera tomarla.

¡Qué rostro tan dulce me espera del otro lado de mi rostro!,
soy igual que las flores sin pulpa
duermo como acto de amor.

Tengo una boquita
tonta y abierta que espera
junto al silbido de la sábana

y pienso que la entrada a la garganta
es seguramente dulce y rugosa
como dedos contra la vagina

Diose-ntre sueños oye lo que digo
aplaude, qué maravilla,
qué maravillosa, niña,

pone un hueso de durazno bajo mi lengua
felices de lo linda que es mi cara

quiero pedirle que me haga sorda, pero mis encías
se ponen tiernas
sólo logro escupir dientes
reímos tan fuerte que lloro de miedo
de pensar que se descosa mi garganta.

Hoy conservo de entonces un camino
de saliva, de la boc-al-cuello
del cuello a los labios

y el recuerdo

de una tarde en que hablé,
sin parar, por varias horas.

Escrito por Selene María

Poeta en Guadalajara, México.

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