PÁJAROS ANALÓGICOS

 

Cuervos blancos flotan entre nuestras fronteras humanas y densas.

Es expresión de belleza el pájaro carroñero que espera comerse los restos del cuerpo material que ya no soy.

Sabe de mí, por eso me mira misericordioso y al mismo tiempo con desprecio. Desplaza la humanidad hasta el enfoque exacto. Me obliga a ver mi sombra. A caminar en lo opaco y a resarcirme de mí.

Que sería del todo sin la proyección. Que banal sería el canto empoderado de las bandadas si no me recordarán la inexistencia del tiempo.

 

TRANSMUTANDO

 

Dándote un respiro es que respiré del éter. Soltándote es que amarre del viento. Y la libertad también me dio la espalda por momentos y en mi pelo un enjambre ¡Es mi linaje materno! Y gorriones chillando con sus picos abiertos. Gusanos muriendo sin que nadie los lamente y en la mente -la mente- que transmuta las muertes y alimento celeste para los pájaros hambrientos.

Murió el solemne escritor. Tan femeninas formas de comprender la hostilidad.

Nació una mujer completa.

 

-314-

 

Homogénea. Que sea sólo una chimenea. Que ardamos el mismo infierno:

Tu voz y mi palabra.

 

(…)

 

Y ahí estabas tú,

Con mi idéntica forma de colocar los hombros.

Cantabas en mi mudez, tu voz iba hacia el centro,

Mientras la mía gemía de introspección.

 

PLATÓNICO

 

Ínfimos retazos de vos,

En las rutas invisibles. Nada con vos se puede poseer,

sólo es un sopor en mis costados.

Vos Tomas la tela y la hundís o la enroscas por tus vértices, me gusta verte altiva. Arriba haciendo figuras del tiempo y del aire, con telas que te abrazan y masturban.

 

(…)

 

<Para que seas inmaterial, para que no formes frontera de amores ordinarios>

 

Este mirar a párpados cerrados. Otro atardecer y otro. Sucesivas cápsulas de olvido. Hasta que recobre el sentido de la no existencia del tiempo, hasta que subió dando volteretas del inconsistente al supraconsciente tu beso mojado. El tiempo es una proyección colectiva ¡No existe! Gritaste.

 

VIEJA

Cesarán las voces, los ritos, los puentes. Cesará el sonido, la piedra, la poesía. Las retóricas, los gobiernos, <también se irán> los progenitores, la genética maldita.

Se irán las muertes tras la muerte, se irá la vida tras el comienzo de otra vida. Se irán las manchas, los óleos, las represiones. No cargaras en tu espalda los pesos del despertar, del conciliar el sueño.

Me volverás a visualizar, tranquila. No pueden desligarse las almas.

 

 

-317-

Y a ver que sale del sarcófago si husmeo dentro de él, si el rayo parte mi estabilidad en cuatro o cinco piezas inquietas, que corren desesperadamente a reencontrarse porque en sus profundidades ellas saben que encajan a la perfección.

 

(…)

 

¿Podré en estado gaseoso rozarte la piel? Ya evaporada ser la nube que cubra tu cabeza, el viento que avecina una tormenta.

Levanta tu rostro, oxigena tu nariz, yo llegare líquida (haré un traspaso de elemento) y golpeare con la fuerza del encuentro tu cara tendida al cielo.

Escrito por Brenda Ananquel Anaya

Brenda Ananquel Anaya, nació en Buenos Aires en 1991. Actualmente viaja por Latinoamérica redactando sus experiencias.