Infernario

la garganta del acordeón raspa

no hay declaración después

de que el cielo escupe a nuestro rostro

después cuando abrimos los ojos

 

qué importa mañana

si estamos fuera de tiempo,

el tiempo como invento con tentáculos

que intenta apretujarnos

             y no dejarnos continuar con la marcha

 

hormigas 1-2, 1-2 se detienen

en nuestro estómago infernario

el estómago guarda orugas filantrópicas  

las encapsula junto al aroma

del lúpulo con los años

 

aguardiente con el que se bendicen los libros

                  a las mujeres

y los jolgorios

 

somos eso: la sensación de calidez

al segundo trago, el cáliz,

el tafil que nos ayuda con

los intrusos del insomnio

con el que se manda al vacío 

cada conjucación

que no es presente, ni regalo,

que es jodido, a ratos extensos

 

somos los reptiles que carcome el olvido

no olvido – no olvidas  

ella no olvida

ustedes tampoco

 

tiempo a vapor, barcas a mar abierto,

nos desangra el calendario

y los ruidos de una cuchilla

que se afila en nuestra carne.

 

 

Cometa eléctrico

los senos son lunares revólver

revolverse en el mar

volver, como siempre

al sucio juego de perder todo

 

que los síntomas cartográficos del cuerpo

tomen el retorno al metacarpo atrofiado

al ubicuo recuerdo,

amable en los sueños de desesperación

amable y silencioso hielo seco

el que va habitando las almas

 

es la piel que se comen los gusanos

el destierro, las cenizas a posteriori

el cabello encriptado y fósil

 

las lámparas que cuando se les antoja

encienden fosforescente

o se apagan de pronto / de humor impredecible

con la frivolidad que acompleja

 

un cometa eléctrico aparece

trepanaciones por la tarde

para hacer que seamos mecánicos

y  todo salga sobrando

porque la gravedad no hace que

choquemos nuestros labios inconclusos

ni estos huesos sonámbulos

 

nadie nos dice algo como: 

molusco descalzo

ve por tu aventura sin sedante

derrumba los montes

con resorteras de plata

y cuéntame a tu regreso:

cómo es que funcionan  los pliegues

entre sus caderas carcomidas. 

Escrito por Sandrah Mendoza

Sandrah Mendoza (México, 1994). Poeta y gestora cultural. Fundadora y directora de Libertad en Voz Alta; creadora del primer y segundo ciclo de Slams de Poesía dentro de Centros Penitenciarios de la CDMX. Participante en diversos Encuentros de Poesía. Subdirectora de Colectivo POM. Otras entradas de poesía y crónica en: jodiendomisfalanges.blogspot.com