Sabré

que después del llanto

jamás estuve tan lejos

como para volver si alguien grita

Ruego por que las vírgenes

sigan intactas.

 

No habrá quien mire

florecer las niñas

que no llegaron al jardín

por temor a no saber correr

con las botas llenas de tierra

 

Faltará un manto

para cubrir los rostros fracturados

en mi ausencia

nadie excepto yo

para sostener las manos tibias.

 

Hasta aquí llegan los cerros

para decirme que todo ya viví

pero me he quedado sorda

Sólo entre sueños

identifico el sonido

del agua al caer

y los autos

cuando chocan

 

Abro la puerta

busco las calles de la infancia

y no hay gente

 

me aferro a las faldas largas

saliendo de la iglesia

para que nunca cambien su textura

Recorro con la lengua

lo que resta de memoria

para que no digan que no intenté

salvar a Martina del precipicio

(sin que lo pidiera)

lastimando mis rodillas

que esperé hasta que llegaran

para mantenerme con la vida suficiente

hacer de todo

Evitar fallar

que olviden que alguna vez estuve aquí.

Escrito por Cristina Meza

Guadalajara, Jalisco, México. Poeta y artista plástica.