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¿Has escuchado el chirriar del tren, su grito ahogado en la madrugada como un pájaro gigante que sobrevuela el entresueño buscando su propia muerte? Imagino su majestuosa presencia en el sonido vaporoso manifestándose a menos de un kilómetro de distancia. Yazgo horizontal en mi cama, siento el peso de mis párpados que se entreabren para recibir la oscuridad vacía que precede a un riel eterno; el hierro rompe mis pupilas, y de pronto mis arterias en estado de suspensión friccionan las últimas palabras del día; son las primeras de la noche, hay un lenguaje parecido a la muerte del milenio y es tu muerte.
Mi cuerpo es una locomotora que sigue su rumbo sin saber aún sobre los pasos del deseo. Continúa una ruta etérea. Desprovisto de nervios y tendones, anochecía más todas las noches en mí. Era como un ruidito resfriado de sirena con su garganta apretada, la alarma inconsciente de una conexión primera. Imagino la carga del carbón en los vagones, más negra que la vastedad del infinito sin luz, donde resuena tu deceso en mis dientes mordiendo el frío tubo cuando acabaste con tu vida. Quisiste tragarte la bala, pero la pólvora se disipó en miles de estrellas que salieron disparadas. Soy, al igual que tú, un pedacito más de materia en el universo que creaste cuando partiste de este mundo.

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De niños quisimos disfrazar la materia: borronear lo concreto con crayones de colores invencibles. Pero a la fuerza nos metieron aquello que se considera bueno, noble, bello. Normas de un rompecabezas moralista, burgués, idealizado. Entonces quisimos escupir sobre esos conceptos: corroer su composición metálica hasta una natural oxidación. Nos dijimos malditos, pero sólo nos dijimos porque ese mundo no cabía más que en las palabras; cada vez nos fuimos perdiendo en el autoconsuelo del fracaso, de la destrucción, donde creímos nunca perder. La verdad es que escribimos largos poemas a nuestros amores con el desahogo de una soledad sin retorno.
Mi fuego negro no fue tu fuego negro. Mi fuego fue rosa, azul, rojo, violeta. Mi fuego fue de un multicolor violento que nacía en la posibilidad de su propia extinción: hubo miedo al comienzo de la chispa. Mi fuego arcoíris de cualquier comienzo fue el fuego negro de tu final.
Un niño con miedo a amar porque su amor no aparecía en las películas, las postales, ni en las múltiples canciones románticas en español. Mujer contra mujer era una lucha que no comprendía en el camuflaje lírico de mi infancia. Juan Gabriel le cantaba a una mujer y me cabeceaba por ello. Mi razonamiento inferencial infantil me hizo sentir más sólo de lo que debí. Más tarde tampoco comprendí ciertos códigos. Códigos que aprender de memoria ¿Para qué?

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Diecisiete millones, cuatrocientos veintiocho mil, ochocientos trece, guion cinco. Cada respiro numeral es un tempo, una pauta que aplana mis latidos como pulsiones tímidas dentro de las arterias. Es importante comprenderse en la irrealidad. Mi madre me dice que es importante saber el RUT de memoria. Importante identificarse dentro de la existencia. ¿Podré ser ante los ojos de nadie si no? Repito diecisiete millones, subiendo la entonación en cuatroscientos veintiocho mil , bajando levemente en ochoscientos trece, para volver a enfatizar en el guion cinco, sin concienca, la primera y última canción que canté sin sentimiento alguno. Cada línea vacía un sentido que intento comprender, pero se escapa en el aire de mi voz. Nacen imágenes en la sinrazón numeral, pequeños atisbos de amor futuro que activan los nervios de mi médula cubierta por las treinta y tres vértebras que sostenían mi pequeño mundo de ese entonces, que resisten el peso del miedo:
Diecisiete millones de compatriotas futuros
cuatrocientos veintiocho mil saturninos clamando por agua
ochocientos trece bases interespaciales dentro de un cuerpo para la salvación de un organismo completo
el guion del universo que jamás será teatralizado
los cinco elementos que perdió mi memoria antes de ver la tierra, el aire, el fuego, el agua.

Seis, cuatro, uno, dos, uno, cero, dos. Mi madre me dice que saberse el número de teléfono es imprescindible. La comunicación la asocio a la imagen de la gran antena incrustada al centro de la ciudad.
Pero el aire se me corta entre sílaba y sílaba, el espacio entre ellas son enormes habitaciones, gélidas, vacías, con esquinas que no tienen fin. Se intercomunican unas con otras y el chirrido que se escucha es la velocidad de los lamentos, las risas, los juegos y todo aquello que vendrá:
Seis. [Corte] La geografía del abismo son los abismos de los números que se supone nos unirán algún día.
Cuatro [Corte] Piezas de agua marina sumergen en su oleaje cientos de civilizaciones que algún día conoceremos enmohecidos los vestigios.
Uno [Corte] Un agujero negro se torna azul y serpentea con fuerza entre las piernas de los invitados al asado que se tambalean borrachos en un cemento azabache.
Dos [corte] el cielo rosa del atardecer de hoy se entremezcla con otros grisáceos en un país en guerra…

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El mapa no es el territorio. Mi territorio era una casa de madera donde vivíamos, la reja de madera también era nuestra casita cayéndose hacia nuestra casa más grande. El mapa no es el territorio.
El olor a humedad de la tierra era nuestro suelo, mi silencio otro cielo. No sé combatir contra las nubes. Nunca se sabe en qué se convertirán. Pero yo sé que mi casa es un despeñadero. Sus paredes son un laberinto que encierran fantasmas. Hay muertos en mi casa. Yo jamás los conocí ni vivos ni muertos. Pero hay muertos en mi casa.
El olor a humedad de la tierra era nuestro suelo, un jardín gigante y una huerta. Tenía esperanza de los frutos. Cosechábamos papas y no sabía de las tarjetas de crédito. El mapa no es el territorio.
Hundí mis pies en el charco del huerto. Un charco negro me consumió hasta los hombros. Estaba inmóvil. Un suspiro me miraba, en su azul una mariposa naranja contrastaba burlándose de mi jardinera de tela de jeans que ahora estaba dentro de la tierra. Pero se burlaba, se burlaba de lo que no veía,
Trazaba mapas en la tierra, como un último recurso. engarrotando mi mano surqué la forma de Latinoamérica, desde allí que la conozco de memoria, pensé. Comprendí la belleza del otoño comiéndome el barro con los que embetunaba mis dedos. La gordura de toda Americalatina en su forma era hermosa. Pero el mapa no es el territorio
Vi las nubes como oráculos que cambian. Desde entonces supe que el destino siempre sería incierto. En las noches odiaba la luz que opacaba las estrellas. M e hubiera estrellado yo mismo contra todos los postes para hacer mi cuerpo una constelación, donde mis padres hubieran encontrado un sentido a sus vidas. Ellos pusieron mucha esperanza en mi cuerpo, para ellos era un nuevo signo zodiacal fruto de la conjunción de su ADN. Ellos quisieron convertirme en una nueva fuerza, una nueva era, quisieron hacer de mí la historia con sus propias carencias. Ellos nunca supieron que el mapa no es el territorio.

*****

A discreción del infinito
Firmes como atando cada cabo de la Vía Láctea
Puro Chile es un país al fin del mundo
Puro chile que les picará en el culo cargado de deudas

Pase a tomar leche que es su beca en los infiniticemales de la discordia
A discreción de las batallas de galaxias muy muy lejanas
Acá escuche al carabinero retirado que a los 40 años se hizo profesor
Que vendió su alma militar a las cuarenta horas pedagógicas
Las pura jódicas que estremecen tu corazón de poeta pagando el precio del sentimiento

Fórmense que sino las órbitas van a dislocarse
No va a acabarse el mundo sino el universo
No va a acabarse el uniforme sino su jueguitos ridículos donde tienen poderes

Todos son hombres
Como todos los asteroides son astros masculinos

Arriba, que el abajo es un mal innecesario y no le permitirá competir
Adelante, que si retrocede terminará viviendo con sus padres toda la vida
Abajo, que si mira arriba soñará mucho y una lluvia de asteroides le pegará un guate en la nuca
Atrás, que si se adelanta mucho los planetas no podrán seguir su curso

Su curso es el peor curso del colegio
Por eso deben quedarse en la sala
Como quien se queda en la habitación del tiempo
Mirando como todos los demás entrenan para no hacerse mierda el corazón
Y usted se hace mierda el corazón y cree en el amor romántico ese que tiene fecha de vencimiento para quince años más
Cuando una aplicación reemplace las necesidades carnales
El amor no será necesario

Saquen la libreta y anoten
Estimado apoderado de sus propias emociones
Comunico a usted que deberá drenar su sangre y reemplazar los glóbulos rojos por descargas electromagnéticas de mielina

Se dice mi amada y no mi amado
Se dice al abordaje muchachos y no al abordaje chiquillas
Se dice el himno que está en la libreta celeste y no por qué te vas porque no importa el porqué
Porque no importan las persecuciones por amor
Sólo las importaciones que sacan excedentes

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Vivimos en un sueño. Los dibujos animados eran el sueño. La soledad era el precipicio perfecto. Pero nunca caímos. Sólo en la mirada frágil de un alma que se parecía a nuestra aura. Y el aura ¿Qué es el aura? Aún me lo pregunto, como un niño incierto. Como un fusil que se escapa entre los gritos de la noche. Soy un niño-fusil, Gavroche me llamaban, era un niño-grito, un revolucionario. Y hoy Qué queda de ello? Sólo el referente de los sentidos. Sólo los sentidos de la referencia. Hay un cometa que se acerca al sol. Desaparece. Lo consume. Es parte de un nuevo fuego, más grande que él , infinito como los desvelos angustiosos de una noche que no acaba.

Y hoy qué acaba? Tal vez la redención o la rendición de los enemigos. Aunque espera, yo no tengo enemigos, sólo amigos que juegan con su propia muerte y se esconden entre sus propios escombros queriendo llamar mi atención. Y ahí estoy yo, ahí voy yo, con mi risita insensible, con mi risita que sabe de la mentira.

Escrito por Javier Ossandón

Javier Ossandón (1990, Santiago) Poeta, profesor, bibliotecario y gestor cultural. El 2012 obtuvo la Beca de Creación de la Fundación Pablo Neruda. Ha participado en antologías, revistas impresas y electrónicas de Santiago, Valparaíso, Córdoba, Lima y Francia, donde fue traducido. Ha participado en diversos encuentros y recitales poéticos entre los que destacan el "Seminario Nueva Poesía Chile" (2014) y el "Festival de Poesía La Chascona" (2017). El 2015 libera el poemario "Mejilla Ceniza" (Fuego y Rizoma) en la web. El 2016 publica su primer libro impreso, "Christi" ( Alarido Ediciones). Actualmente tiene otro proyecto en proceso de edición que lleva por título "Continente Aureal" e imparte talleres de poesía.

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