Desde hace más de un siglo la palabra Feminismo empezó a ser usada en México.

El auge se dio gracias a las mujeres de Yucatán entre 1915 y 1919. Maestras de primaria se dieron a la tarea de crear  diferentes clubes feministas que empezaron como pequeñas llamas por todo el territorio mexicano.

Fue en este mismo estado que la maestra y poeta, Rita Cetina Gutiérrez, en cooperación con otras maestras militantes en el movimiento crearon la asociación, escuela y revista feminista Siempre Viva, el cual fue uno de los grandes proyectos de la época.

Otras feministas importantes de la época, y que varias académicas etiquetan como “la primera ola”, fueron  Hermila Galindo, Elena Torres, Elvia Carrillo Puerto, Rosa Torre González y Atala Apodaca, las cuales lucharon por el derecho a voto de la mujer, su reconocimiento como ente social y el reconocimiento de la sexualidad femenina, y su educación sexual, entre otros.

Como apoyo a estas ideas revolucionarias en el campo conservador y religioso que imperaba en el México de la época, Hermila Galindo creo el semanario ilustrado La mujer moderna, mismo que fue publicado durante cuatro años.

 

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En los sesenta, durante el período del movimiento del ’68,  las mujeres tuvieron una amplia apertura para estudiar en universidades, lograron ser aceptadas en distintos niveles laborales y empezaron a cuestionarse más a fondo los roles de género y la violencia que imperaba hacia la mujer en los hogares, las calles, los medios masivos de comunicación, el trabajo, entre otros.

Debido a ello se formaron grupos feministas para analizar las relaciones personales y el sexismo en la vida cotidiana: Mujeres en Acción Solidaria (MAS, 1971), Movimiento Nacional de Mujeres (MNM, 1972), Movimiento de Liberación de la Mujer (MLM, 1974), Colectivo La Revuelta (1975), Colectivo de Mujeres y Lucha Feminista (1978).

Sus debates y reflexiones giraban en torno a temas como la maternidad, la doble jornada de trabajo, la sexualidad, la subordinación, la discriminación y se caracterizaban por tener una concepción radical de la autonomía, rechazaban los liderazgos y se negaron a dialogar con el Estado y los partidos políticos; sin embargo, y en opinión de la investigadora Ana Lau,  el movimiento en sí era muy disperso y no dialogaba con las teorías exteriores.

En los ochentas, hubo un tercer intento de unificación de los grupos feministas por parte del cuerpo de académicas de la UNAM. Lo llamaron Red Nacional de Mujeres, en 1982. La Red pretendía lograr el intercambio y la comunicación de las mujeres a nivel nacional; tuvo como metas lograr la integración de los grupos feministas , dándoles el apoyo y la información que requirieran.

En la llamada segunda ola, las feministas más representativas en el país eran las académicas, periodistas, escritoras como Marta Lamas, Alaíde Foppa y Margarita García Flores, Elena Poniatowska, Carmen Lugo y Elena Urrutia, por citar algunas.

Paralelo al auge de los estudios académicos de género fue el surgimiento de publicaciones especializadas que  buscaban  dar  a  conocer  los avances en la teoría y en la crítica cultural feminista.

La primera en su tipo fue la revista semestral debate feminista aparecida en 1990 bajo  la dirección de Marta Lamas, con la intención de ser un puente entre los  aspectos políticos y teóricos del feminismo. Centrada en los estudios de género, apareció en 1995 La ventana, editada por la Universidad de Guadalajara bajo la dirección de Cristina Palomar.

 

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La composición social del movimiento feminista fue, fundamentalmente, de mujeres de clase media con altos niveles de educación formal.

El feminismo no se arraigó entre mujeres obreras; este objetivo no pasó de ser un buen deseo surgido de la concepción organizativa marxista de las primeras activistas.

Sin embargo, a principios de los ochenta las luchas emprendidas por mujeres de sectores populares por obtener servicios urbanos (luz, drenaje, abasto) y mejores salarios y créditos adquirieron matices feministas.

Entre 1980 y 1987 se efectuaron diez encuentros nacionales y sectoriales amplios, de trabajadoras, campesinas o colonas, con una asistencia promedio de 500 mujeres, y cuando menos 50 reuniones locales o regionales. Conocido como “feminismo popular”.

En los noventas se dio el auge de distintas ONG en pro de la mujer gracias a los esfuerzos de diversas militantes del feminismo en México. También se empezó a reconocer la pluralidad de militantes, quienes a su vez apoyan diversas corrientes: feminismo liberal, socialista, radical, ecologista, de la igualdad, de la diferencia, entre otros.

Marcela Legarde en el libro Feminismo en México, Revisión Histórica-Crítica del Siglo que Termina, del año 2000, dice: “El feminismo se ha constituido en una crítica deconstructiva del humanismo patriarcal y ha permitido develar esa deuda del humanismo con las mujeres y, desde luego, con una humanidad compleja e incluyente de todos los seres humanos”.

Ahora, gracias al auge de las redes sociales, y al diálogo continuo entre culturas por Internet, podemos encontrar muchísima información acerca de un movimiento que se ha expandido por casi todo el mundo en pro de los derechos de la mujer.

En México han aparecido en la escena jóvenes feministas que han formado alianzas para continuar con el apoyo a las mujeres, hacer acompañamientos y seguir en la lucha por logros en seguridad personal en materia penal y legislativa.

Una de ellas es Dahlia de la Cerda, oriunda de Aguascalientes. Es activista, militante feminista, escritora y licenciada en filosofía. Desde su trinchera hace acompañamientos, siendo activista en Morras Help Morras la cual es una red de mujeres que acompañan a mujeres que enfrenta un embarazo NO deseado.

A continuación una entrevista sobre el nuevo panorama del feminismo en México, sus ramas, los sitios en donde convergen, dialogan y se enfurecen esta nueva ola de mujeres que luchan por un mundo diferente:

¿Qué ocurrió en tu contexto para que pensaras en el feminismo como una nueva forma de vida?

Desde pequeña no me he sentido identificada con la construcción occidental de lo que es “ser una mujer” a mí nunca me gustó jugar con barbie, ni el color rosa, ni me llamó la atención la feminidad occidental. Tampoco me percibía a mí misma como una criatura tierna, delicada y femenina.

Me gustaban cosas de “niño” andar en bici, los playmobil’s y los kits de juguetes mi alegría, en mi casa me daban libertad para desarrollar mi personalidad de forma libre pero en el colegio las monjas les decían a mis papás que mi poca feminidad era preocupante, y mis compañeras de clase no me hablaban porque decían que mi comportamiento no era el de una señorita, que nunca iba brillar en sociedad.

Desde entonces esa división entre cosas de “niña” y  cosas de “niño” me parecía absurda, arbitraria y violenta, pero era demasiado pequeña para verbalizarlo, sentía la opresión del “género” en mi cuerpo, pero no sabía explicarla.

Luego, de forma violenta, como casi todas, me di cuenta que tener ciertas características físicas, como tener una vulva, me ponían en situación de vulnerabilidad, sobre todo sexual. Sentía la opresión encarnada en este cuerpo de hembra humana, sabía que el problema tenía una base materia, es decir lo que tengo entre las piernas.

Sabía que esas miradas lascivas y comentarios sexuales tenían que ver esos datos biológicos, pero no sabía cómo verbalizarlo.

El feminismo me dio la posibilidad de verbalizar todo eso que me hacía sentir incomoda.

Pero creo que lo determinante para asumir el feminismo como una forma de vida fue haber crecido en una burbuja de privilegios, por ejemplo, en mi casa jamás hubo varones, jamás hubo carencias económicas, jamás hubo violencia, pero crecí en un barrio donde mis mejores amigas eran morritas víctimas de violencia física, sexual económica, del despojo y  la marginación.

Aunque estuve varias veces en riesgo de ser agredida sexualmente, mi casa era un lugar seguro. Para mis amigas, no había lugar seguro. Eso se me hacia terriblemente injusto y desde siempre quise hacer del mundo un lugar más habitable para todas. No solo para las que más tienen.

 

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¿Por qué te volviste feminista?

Siempre estuve en contra de la dicotomía y la jerarquía del sistema sexo/género y siempre estuve involucrada en movimientos de rebeldía. Cuando era adolescente me mamaba el movimiento riot grrrl y mis amigos me decían que mi meta en la vida era imponer un culto vaginal.

Pero asumirme feminista, con conciencia política, fue hasta que aborté y me di cuenta que, aunque estaba cometiendo un delito, había mujeres trabajando para cubrirme las espaldas.

Aborté en 2005 cuando el abortó todavía era ilegal en México y lo hice gracias a la información de Mujeres Sobre las Olas. Entonces fue cuando leí la palabra feminismo.

¿Cómo fue tu proceso?

 Cuando leí la palabra feminismo en la página de Mujeres Sobre las Olas empecé a investigar por mi cuenta, me leí todos los libros que encontré en las referencias sobre feminismo.

Leí el Segundo Sexo, la Mística de la Feminidad, Contrato Sexual, todos los clásicos del feminismo gringo y europeo y aunque entendía a lo que se referían como “opresión común”  (porque tengo una vulva y sé lo que es vivir en un cuerpo sexuado, por mi experiencia de vida, por haber crecido en un barrio periférico donde mis hermanas eran mujeres empobrecidas y racializadas), no me sentía identificada del todo con esas feministas.

Ellas decían: las mujeres estamos recluidas al ámbito privado, y yo pensaba en mi madre, en mi nana, en las mamás de mis amigas y ninguna de ellas pertenecía a esa clase de mujeres aburridas de estar en casa cuidando al marido.

Las mujeres que yo conocía eran trabajadoras, guerreras, que se levantaban a las cuatro de la mañana para vender ropa de segunda en el tianguis; mujeres fuertes, sexualmente poderosas.

Fue hasta que encontré el feminismo chicano, negro, decolonial y del tercer mundo que dije, ahora sí nos vamos entendiendo. Y me asumí feminista, pero eso fue hace poco, será en 2013.

Háblanos un poco acerca del feminismo. Mucha gente cree sólo hay UN feminismo pero sabemos que esta es la generalidad. ¿Podrías hablarnos de sus particularidades y cuántos (o cuáles) feminismos existen?

Qué complicado. Desde mi apuesta epistemológica dividiría el feminismo en dos grandes grupos: el feminismo que versa que el “feminismo es un internacionalismo, y que por lo tanto nos unamos todas en torno a la misma opresión que es el género”.

A esto lo llamo feminismo blanco y occidental y el feminismo que teoriza, genera agendas y alianzas a partir del concepto de matriz de opresión; es decir, aquel que considera que la clase, y la raza, no se pueden separar del género/sexo.

El feminismo radical por ejemplo, es una rama del feminismo blanco occidental.

El feminismo negro o indígena del feminismo que se produce a través de la compresión de la matriz de opresiones.

Muchas feministas, si no es que todas, compartimos algunas  “luchas feministas”. Todas queremos que no nos maten, que no nos violen, que no nos golpeen hasta matarnos, o que no nos casen siendo niñas, pero la forma en qué vamos a resolver estos problemas depende de a qué feminismo te suscribes.

El feminismo blanco occidental generalmente propone soluciones que refuerzan otros sistemas de opresión porque al no considerar las opresiones de clase y raza, carece de perspectiva, soluciones como el sistema carcelario; o bien, herramientas que desde lugares de privilegio como el separatismo.

El feminismo desde la matriz de opresiones propone herramientas comunitarias, como acompañar a los varones a que desaprendan sus violencias, esto porque para muchas luchas anti-racistas y anti-coloniales son aliados necesarios.

¿Cuáles son las teóricas que a tu parecer recomendarías a nuestras/os lectores?

Recomiendo antologías. Feminismo Negro, una Antología: Escucha Mujer Blanca, Las otras in-apropiables, Descolonizando el feminismo: Teorías y practicas desde los márgenes, Esta puente mi espalda: Voces de mujeres tercermundistas en América Latina, Tejiendo de Otro modo: epistemologías y apuestas des-coloniales en Abya Yala y Feminismo y pos-colonialidad: Descolonizando el feminismo desde América Latina.

 

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¿Qué tipo de feminismo practicas?

No lo sé. Me siento más cercana al feminismo negro, de color, decolonial, chicano y del tercer mundo. No sé qué tipo de feminista soy, pero sí sé qué clase de feminista NO soy.

Yo no creo en eso de unirnos todas en torno a la opresión de tener una vulva. Creo que es importante visibilizar las violencias que vivimos por nacer en un cuerpo de “hembra humana”, pero creo que un feminismo que se centra sólo en la opresión por “sexo/género” es blanco y burgués y, por tanto, carece de potencia transformadora.

No sé qué clase de feminista soy. Tampoco sé si soy buena o mala feminista. Lo que sí tengo claro es que prefiero hacer alianza con una morra trans que se posiciona como anti-racista, que con una señora que tiene una panocha entre las piernas y que se suscribe al feminismo radical.

Estas últimas son las que dicen: ser cortesana no es ser puta,  ser puta es chingarte cliente tras cliente para pagarle a tu chulo.  Mi alianza no es con mujeres que piensan que dejar un tampón ensangrentado, en los baños de un gimnasio de lujo, para que un señor de la tercera edad lo limpie, es un acto feminista.

Yo estoy con las trans que decidieron venirse a este lado de la resistencia, no con las que les dicen señores con falda. Yo estoy con las putas, no con las señoras de la buena conciencia que quieren salvarlas y son cómplices del Estado padrote y de los policías violadores.

Yo estoy con las negras, con las empobrecidas, con las racializadas, no con las señoritas que creen que saber usar todos los cubiertos de una mesa es una cualidad.

¿Cómo ha sido tu vida de militante?

Mi militancia política ha sido muy diversa. En Aguascalientes he dado acompañamiento a familiares de personas desaparecidas, fui, junto con mis compañeras, asesora externa en la iniciativa de incorporar el feminicidio como delito autónomo, en ese momento sólo se logro incorporar como agravante, pero fue una victoria en nuestra lucha.

Di la información sobre el tipo penal a la familia de una mujer asesinada y lograron la primera orden de aprensión por el delito de feminicidio.

He dado acompañamiento a mujeres en situación de violencia, sobre todo aquellas que son sometidas al escarnio por abortar o por videos sexuales.

Fui asesora externa en la iniciativa de considerar el acoso callejero como falta administrativa.

Pero finalmente encontré mi tema en los derechos sexuales y reproductivos de mujeres en situación de vulnerabilidad, mujeres que viven en barrios peligrosos o que están en prisión. Y en el tema del aborto al margen de la ilegalidad. Lo mío es vivir al borde del abismo.

¿Qué opinas sobre las feministas de la vieja guardia y las “jóvenes furiosas” de hoy?

Estoy agradecida que las feministas que abrieron camino, gracias a ellas pude estudiar filosofía, gracias a ellas pude aprender sobre feminismo pero también estoy encantada con las morras furiosas que rayan anti-monumentos.

¿Crees que ya estamos en una cuarta o quinta ola?

No sé. No me gusta dividir el feminismo por olas porque creo que es una genealogía que solo considera a las teóricas europeas, y la invisibilización también es racismo.

Pero si tuviera que hablar de una ola, esta es la cuarta y sin duda es: Escuchen mujeres blancas. Considero que los aportes teóricos más importante de nuestra época los están haciendo mujeres de color del sur global.

No te puedo mencionar una sola feminista blanca contemporánea cuyos aportes me parezcan imprescindibles, pero de color sí hay muchas.

 

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¿Cómo ves el panorama feminista en México?

Veo una fuerte avanzada del lesbofeminismo separatista radical, y del ala más reaccionaria del Radfem, y me parece muy triste.

Desde mi perspectiva el lesbofeminismo radical separatista y el feminismo radical reaccionario es un ala más del feminismo hegemónico blanco y, por lo tanto, es ajeno a nuestro contexto.

Me preocupa que esta línea de pensamiento se coloque como lo “más ético”; “lo más congruente”; “lo más lucido”; “lo único verdaderamente feminista”, cuando en realidad es pura supremacía blanca y mujeres que hablan y accionan desde contextos privilegiados.

Me preocupa que estemos demasiado sobrepasadas por el discurso. Al grado que tu “valor” como feminista depende de cómo te refieres a las mujeres trans.

Si les dices “hombres con falda” aunque seas una clasista, pusilánime, culera y sin praxis feminista radical, ya tienes el carnet de feminista de verdad. Y, si dices: “las mujeres trans son mujeres” eres el enemigo, un cerebro de glitter, una cómplice del patriarcado, una traidora de la causa.

Cuando en realidad, si te pones a investigar, la gran mayoría de feministas radicales lo único que tienen es su discurso reaccionario, y que dan talleres en espacios de seguridad a otras feministas.

En realidad, no hacen nada por hacer el mundo de las mujeres menos privilegiadas un lugar más habitable. Creen que con teoría dizque radical, e ideas reaccionarias, van a cambiar al mundo.

Además tiene razonamientos teóricos erráticos. Hacen análisis estructurales muchas veces muy complejos pero terminan proponiendo soluciones individuales y por tanto liberales.

Dicen que el problema de la violencia hacia las mujeres es el régimen heterosexual, ¿solución? Dejar de relacionarte con hombres, plop.

Dejar de relacionarte con hombres como una apuesta de seguridad personal es liberal, porque reduce a una decisión personal un problema que es estructural.

La estructura patriarcal no va cambiar por apostar por el separatismo. Y si las cuestionas y les dices que el separatismo no es una opción para todas las mujeres, sacan a flote a la liberal individualista que llevan dentro y te contestan: es una apuesta personal para ponerme a salvo a mí y a las que amo.

No, pos qué perrón su cotorreo.

 

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Cuéntanos sobre Morras Help Morras,  ¿a qué se dedican?

Morras Help Morras somos un grupo de mujeres feministas preocupadas por las muertes maternas causadas por abortos inseguros, y por los altos índices de embarazos NO deseados en  adolescentes que existen en la República Mexicana.

Radicamos en el Estado de Aguascalientes, el cual presenta el primer lugar en embarazos adolescentes. Así pues, trabajamos por dar información sobre derechos sexuales y reproductivos a mujeres en situación de vulnerabilidad a través de talleres didácticos y damos asesoría sobre interrupción legal del embarazo en casos de violencia sexual, peligro materno y malformación fetal.

También brindamos información logística sobre acceso a interrupción legal del embarazo en la CDMX. Administramos un proyecto sobre la reducción de muertes maternas por aborto inseguro dando información sobre protocolos recomendados por la Organización Mundial de la Salud. Nos basamos en el trabajo de Mujeres Sobre las Olas.

 

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Eres Pro Aborto, ¿cómo llegaste a esa decisión de apoyar y ayudar a mujeres que necesitan ayuda médica y apoyo emocional?

Porque yo aborté, hubo quién estuvo ahí para mí, y desde esa herida y esa resistencia quise hacer lo mismo.

Qué opinas sobre la prostitución y el feminismo, ¿se pueden mezclar?

Soy la enemiga publica número uno de Feministlán por decir que el trabajo sexual es un trabajo y por posicionarme por los derechos de las trabajadoras sexuales. No sé si el trabajo sexual sea empoderante, emancipador o feminista porque, aunque sí he considerado el trabajo sexual, no soy una trabajadora sexual en activo y no me corresponde hablar a mí sobre la subjetividad de otras.

Pero sí sé que es una opción de trabajo para muchas mujeres. Sé que no se elije libremente, ¿qué elegimos libremente? NADA. No elegimos ser madres, ni heterosexuales, ni estudiar, ni trabajar.

Nada se elige libremente, somos nosotras, el sistema y nuestras circunstancias y, en ese contexto, el trabajo sexual es una opción que muchas mujeres consideran la menos jodida.

Yo creo que el trabajo del feminismo es no decidir si el trabajo sexual es o no un trabajo. Nuestra labor, como feministas, es preguntar a las putas en qué podemos ser útiles. Aunque debo confesar que la obsesión de ciertas feministas por luchar contra lo que llaman “recibir dinero por ser violadas” me parece aberrante.

Me parece aberrante que le digan a otra mujer que sí y que no es una violación, qué sí y que no violenta, y que sí y que no es un trabajo.

Es aberrante pisotear la subjetividad de otras con nuestras ideas morales. Me parece vergonzoso que vean violencia en el trabajo sexual y crean que limpiar mierda ajena está lleno de poesía.

Ellas dicen que no es una postura moral, pero si revisas el #SoyAbolicionista te darás cuenta cómo todas sus opiniones son más cercanas a la limpieza social, el populismo de derecha, y el feminismo blanco protestante de EU, que a una crítica profunda contra los sistemas de explotación.

No hay argumentos, hay falacias y puritanismo. Leí “veo a las putas casi desnudas y lloro porque podría ser yo, o mis hijas.” NO MAMES

“No es lo mismo usar mis manos para escribir un poema que para hacer una chaqueta” , ¿qué clase de argumento teto es ése?

Ante el debate originado por el movimiento #MeToo, Catalina Ruiz Navarro y  Marta Lamas expusieron sus puntos sobre la mesa, ¿qué piensas de lo dicho por Lamas?

No vi el debate. Pero he leído muchas críticas interesantes al #MeToo y me quedo con una que señala, de forma muy pertinente creo yo, que parte de la autodefensa es aprender a dimensionar y sobre todo a elegir que batallas luchar y cuáles no.

Por ejemplo, yo tengo muy poco tiempo y fuerzas. Si mañana voy por la calle un albañil me grita, ¡La carne pegada al hueso es la más rica! Me regreso, y le digo no mame don, no es divertido, ni agradable, se siente culero, no sea ojete.

En lugar de llevarlo ante los tribunales, o hacer un call-out en redes sociales, prefiero invertir esa energía en acompañar a mis amigas que están en riesgo de feminicidio porque tienen ex parejas con antecedentes de violencia.

Te llaman Feministar, cuéntanos más sobre ello

Ser feministar es como ser rica en el turista. Nos llaman feministars a un grupo de mujeres que somos muy visibles en redes sociales, que nuestras opiniones son escuchadas, se viralizan y son valoradas.

Somos como tipo influencers, pero es un término que se usa desde el insulto, y creo que es misoginia interiorizada.

A las mujeres todavía nos cuesta mucho trabajo ver que otras brillen, sean exitosas, lucidas, queridas y admiradas.

 

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¿Qué es Feministlán, dónde se ubica, quiénes viven en él, porqué se llama de ese modo?

Feministlán es la “aldea virtual” o isla del drama donde las feministas mexicanas interactuamos a través de las redes sociales.

Creo que fue Fátima la que le puso Feministlán, antes le decíamos Femitroya pero era un nombre muy occidental y en el giro descolonial quedo como Feministlan.

¿Por qué arde Feministlán?

Feministlán antes ardía por diferencias teóricas y políticas irreconocibles. Ya sabes, debatíamos de forma muy combativa por temas como la maternidad, la heterosexualidad, el trabajo sexual, pero la altura del debate siempre estaba bien cabrona, los argumentos eran sólidos, había respeto, y siempre aprendíamos un chingo.

Ahora, cuando arde Feministlán es por chismes, ataques, y pendejadas.

Hace poco tuviste una polémica con distintas feministas radicales, las cuales te atacaron por tu fìsico, ¿es eso viable en el feminismo? ¿No es para todas la sororidad?

Me llamaron “Fea”, “lisiada”, “niña teletón”, “piel deforme” y “cerda”. Un feminismo que no apuesta por una forma distinta de nombrar, incluso desde el insulto, no es feminismo. Es usar la lucha de las mujeres como excusa para sacar a flote tu bajeza ética y emocional.

Miles de mujeres cada año mueren por trastornos de la conducta alimentaria, por intervenciones estéticas, o se suicidan por no cumplir un ideal de belleza, por sentirse feas.

Mientras haya mujeres que al verse en el espejo lo quieren romper, llamar a otra fea no solo es misógino, es ser cómplice de la violencia. Ser cómplice de la violencia no es feminista.

En ese contexto ellas son unas mujeres poco éticas, y llenas de miseria emocional. Y poniéndonos patriarcales, a mi lo fea se me quita con dos cirugías estéticas. A ellas lo ojetes ni volviendo a nacer.

Por otra parte, recurren al insulto patriarcal porque no tienen argumentos. Las he leído bastante y ninguna tiene la pulcritud ética, la praxis radical, el compromiso intelectual o el marco teóricos para debatir conmigo, están bien pendejas, la verdad.

No hay excusa hacer uso sexista, clasista o racista del lenguaje. Lo que decimos en nuestros momentos de rabia, y cómo externamos nuestros odios, habla de quienes somos.

Cuando decimos: Hijo de su puta madre, necesitamos revisar nuestra misógina. Cuando decimos pinche naco, necesitamos revisar nuestro clasismo. Cuando decimos simios, necesitamos revisar nuestro racismo.

Somos lo que decimos cuando estamos enojadas. El lenguaje es importante y deconstruir, y buscar forma, incluso de sacar la rabia que no reproduzcan sistemas de opresión, sí es tarea del feminismo.

No se trata de que no me cuestionen. Ellas dicen que me siento intocable y que me encabrona que me cuestionen. No me enoja que me critiquen, ni que señalen cuando reproduzco misógina, clasismo o racismo en mis críticas.

Tampoco que me confronten. Yuderkis Espinoza críticó con dureza uno de mis textos más virales, y en su momento me enojé, pero aprendí. Pero ella jamás me dijo fea, me dijo racista. Y se lo agradezco. Porque pude revisar mi racismo.

La crítica sí. Ofensas no. Ellas jamás han lanzado una crítica concreta. ¿Dónde está la crítica en decirme fea, lisiada, pro-puteros? Que no mamen.

Dos de las mujeres que me ha dicho lisiada son servidoras públicas. Una de ellas es la Secretaria de Salud de Pachuca, la otra del Instituto Nacional de Rehabilitación.

¿Te imaginas el escándalo si pongo una queja porque una servidora pública de un centro de rehabilitación usa lisiado como insulto? Está como para hacerse viral en los medios.

Inicié la denuncia pero no la continúe. Porque entonces no habría diferencia entre ellas y yo. Y a mí la sororidad sí me alcanza para ser culera pero no tanto. Pero si abusan de mi deconstrucción, le atoramos, no hay pedo. Porque la sororidad tampoco debe ser el amor romántico de las feministas.

A parte de militar en el feminismo y estar en Morras Help Morras, ¿a qué otras cosas te dedicas?

Soy escritora. Escribo cuentos sobre la situación de las mujeres en México, sobre todo sobre la vida de las mujeres en la periferia.

Trabajo como editora de Noticias Internacionales, ayudo en un gimnasio que es un negocio familiar, y soy ama de casa.

¿Qué le dirías a las jóvenes que apenas están en la etapa de “feminismo para dummies”?

Que le apuesten a la praxis radical. A tirar paro a las mujeres que abortan, a ir a acompañar víctimas de violencia a los ministerios públicos, que vayan con las doñas a escarbar a las fosas clandestinas en busca de sus hijas e hijos.

Que no dejen que el discurso las rebase y le apuesten a la praxis transformadora.

¿Qué autoras o cosas les recomendarías para adentrarse en el movimiento?

Les recomiendo que le peguen duro al feminismo negro, de color, chicano y decolonial y del tercer mundo.

 

 

tumblr_oeip61ZmX91sjn7hto1_400.pngAquí los enlaces a redes, blogs y páginas de Dahlia de la Cerda:

En dahliadelacerda.tumblr.com/  están algunos de mis cuentos, en organizandolarabia.tk/  algunos de mis textos sobre feminismo

Twitter: @Dahliabat En facebook administra www.facebook/ecardsfeministas.

También pueden conocer el trabajo de Morras Help Morras en la página web: www.necesitoabortar.tumblr.com y en la Página de Facebook: Morras Help Morras.

 

 

 

 

 

 

Escrito por Esther M. García

Esther M. García (Cd. Juárez, Chihuahua, México, 1987) Radicada en Saltillo, Coahuila. Licenciada en Letras Españolas. Ha publicado cinco libros de poesía, uno de cuentos y una novela juvenil. Ganadora del Premio Nacional de Cuento Criaturas de la Noche 2008, Premio Estatal de cuento Zócalo 2012, Premio Municipal de la Juventud 2012, Premio Nacional de Poesía Joven Francisco Cervantes Vidal 2014, Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen Estrada 2017, Premio Estatal Chihuahua Cambiemos el cuento 2018, y Premio Nacional de Literatura Joven FENAL-NORMA 2018. Fue finalista del Premio Internacional de Literatura Aura Estrada 2017. Ha sido becaria del PECDA Coahuila y del FONCA JC. Sus poemas han sido traducidos al inglés, francés, italiano y portugués.