Foto: Mayeli Villalba.

Una secuencia de golpes a los tambores abre la pista. De un momento a otro, entre un amarillo, naranja y blanco brilloso, esa escena se convierte en una verdadera fiesta. Es el Ballet Kamba Kuá de Paraguay luciendo orgulloso su identidad afro en la celebración de cada 6 de enero, homenaje a su patrono San Baltazar. La danza y la música -sus elementos de expresión históricos-, protagonistas de esta celebración a la cultura negra, que año tras año reivindican ante la sociedad lo que les es propio: el reconocimiento a sus orígenes.

Cuando Mayeli Villalba (31), fotógrafa e investigadora social paraguaya, los conoció por primera vez entre el 2010 y 2012 – trabajando por una política pública de educación popular del MEC (Ministerio de Educación y Cultura) -, se encontró en ellos. “Formaron parte de un grupo focal que hicimos para saber cuál es la idea que tienen los afrodescendientes en relación a la educación”, recuerda. Y agrega: “Y como tienen la cuestión de la identidad tan visible, al instante me reconocí en ellos”.

Mayeli heredó los rasgos de su abuela Anabella, pero no fue hasta entonces que empezó a hacerse preguntas, a investigar sobre su historia. Esa búsqueda de información la llevó, en el 2016, a crear Afroparaguay, un ensayo fotográfico que aporta a la lucha por la visibilización de los afrodescendientes del país.

Es un aporte a los esfuerzos que realizan las organizaciones afro por visibilizar esa identidad”, explica.

En Paraguay hay tres comunidades afroparaguayas: Kamba Kuá, ubicada en Fernando de la Mora; Kamba Kokué, en Paraguarí y Emboscada, territorio registrado como de mayor concentración afro del país. Sin embargo, el ensayo muestra – hasta el momento – el retrato de los pobladores de Kamba Kuá y Emboscada, donde además se agrega un tercer grupo: los afrodescendientes que viven separados de estas comunidades.

En esa categoría estamos los afros que andamos superdispersos por la ciudad. Es posible que muchos de ellos no sepan del porqué de sus rasgos. La piel no es el único determinante de la afrodescendencia, hay otros elementos como la nariz o el pelo que pueden reconocer esa identidad”, reflexiona la investigadora.

Y agrega: “Lo que pasa es que hay un montón de características físicas que pueden perdurar más que otras, resistiendo los niveles de mestizaje histórico por los que pasó la familia”. Por eso, para incluir este tercer grupo al ensayo, identificó los rasgos afro de quienes había conocido por el camino. Se acercó hasta ellos y, con mucho respeto, les propuso ser parte, sin antes indagar sobre la posible historia que podía vincular a cada uno con la cultura negra.

Acá, la palabra ‘negra’ se cree que es una ofensa. De niña, cuando me señalaban por algunos elementos afros que tenía, sentía que ese término tenía una carga negativa. Hoy me doy cuenta de que no es así”, señala.

Uno de los relatos fotográficos de Afroparaguay lo protagoniza Hugo Rojas, un bailarín del Ballet Nacional del Paraguay que empezó a investigar sus orígenes afros en el arte que lo vio crecer: la danza. De esa búsqueda nació El llamado de los tambores, obra donde comparte escenario con los Kamba Kuá.

La siguiente narración del ensayo pertenece a Roberto Cardozo, otro seguidor del arte, quien se destaca por su notable labor en el teatro nacional. “A él le dicen luego el negro”, comenta a modo de anécdota. “Después está Almi – continúa -, es violinista. La conocí en la universidad. En su familia hay una mezcla entre afro e indígena, ella tiene el pelo muy lacio pero en su rostro hay facciones de negra”.

De hecho, su abuelo paterno era súperafro, además de músico, tocaba en una orquesta como bandoneonista. Sin embargo, Almi no lo conoció porque falleció el mismo año en que ella nació.

En la serie visual le sigue Danilo o Negri (como lo apodan), un activista LGBT -movimiento que lucha contra la homofobia-, quien “en una sociedad racista y patriarcal como la nuestra, es un blanco continuo de doble discriminación, por negro y gay”, explica Mayeli.

El ensayo también recoge las historias de Ivanna Castillo, una dirigente juvenil del Bañado Norte, y Claudia Galeano, una estudiante de Contabilidad a la que Mayeli encontró en el Paro Internacional de Mujeres, del 2017. “Ambas tienen rulazos”, recuerda.

En Afroparaguay todos son identificados con sus nombres y alguna frase o elemento que tenga relación con su identidad. “Roberto, por ejemplo, tiene escrita la oración que le decían de niño: ‘negro carbonero’. Y sobre eso, recuerdo que a mí me decían ‘virulana’, por mi cabello”, cuenta la fotógrafa.

Asegura que uno de los señalamientos con los que creció es la pregunta – afirmación “¿pero, vos sos paraguaya? porque parecés extranjera”. “Considero que es una actitud de negación, porque si te dicen que sos negra y de otro país es negar que en Paraguay existen afrodescendientes. La negación en un efecto de la discriminación, del no reconocimiento a una cultura y a un sector de la sociedad”, agrega.

Ser mujer y afro

Una de las actitudes machistas hacia la mujer afro es la que está vinculada a la presión estética. “Es la presión que está en todo el género femenino, pero en las negras está racializada. Es como que si sos negra, tenés que cumplir el requisito de ser exóticamente hermosa para ser aceptada: ‘es negra pero tiene un cuerazo, una piel súperlinda, un cabello precioso o ¡baila como las diosas!”, analiza sobre cómo se manifiesta.

Y añade: “Que esté racializada implica que la imposición de estereotipos se vincula directamente a cuestiones específicas de la negritud. Prefiero usar el término ‘racialización’ antes que ‘raza’, porque el primero es un proceso de construcción y, el segundo, denota casi una naturalización estática de la cuestión”.

La importancia de la identidad

En la fotografía Mayeli encontró el componente más importante para aportar al reconocimiento de la cultura afro: la estética. “La idea es mostrar a los afros como lo lindos y lindas que son (y somos todas las personas). La fotografía tiene la capacidad de embellecer las cosas. Y con el ensayo comparto no sólo mi historia, sino la de un país, de una población que influyó en la construcción de la identidad nacional”, expresa.

Además, la fotografía es arte que no excluye. “El arte tiene una capacidad empática asombrosa y también tiene formas muy democráticas, porque todos de alguna manera tenemos formas de disfrutarlo. En ese sentido, es mucho más democrático que un texto académico”, aclara sobre su elección.

Sobre la exclusión del derecho a la identidad afro en la Constitución Nacional, opina y concluye: “Es un documento importante cuando se lo usa como herramienta de exigibilidad. Pero creo que hay que hacer trabajos en las escuelas, sobre todo. La educación tiene que tener un componente científico de identidad, y no sólo afro sino de todos los pueblos indígenas. Me parece discriminativo decir ‘raza guaraní’, cuando en realidad tenemos influencia de varias comunidades indígenas y no únicamente de los guaraníes”.

Escrito por micaela cattaneo

Periodista. Redactora en revista VOS. Blog en Tierra Mojada. Asunción, Paraguay.

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