TOMA CORRIENTES

Parkinson mental; era esa desigualdad de opinión entre los flexores y los extensores de su creatividad. Se levantaba temprano e ignoraba la agenda que él mismo había fijado sobre la nevera. Perdía el tiempo. Caminaba, divagaba; escribía, dibujaba, contemplaba el retrato de su amada. No concluía nada. Leía un rato, fumaba un poco, preparaba algo de comer y luego rompía el dibujo, borraba el documento y cerraba el libro. Él mismo se regañaba por inestable, desde niño no recordaba una actitud diferente a la de todos los días. Un médico graduado de Internet le dijo que el parkinson se curaba con electricidad. Miró a la izquierda y encontró un toma corrientes.

 

LETRA COMESTIBLE

Podía perderse en setecientas horas de lectura o escritura. No era suficiente, buscar aumentar las dosis de un alimento tiene dos significados excluyentes: glotonería o carestía. Las letras podían ser comestibles y digeribles, incluso asimilables. El problema era metabolizarlas. ¿Qué es la letra si no se convierte en duda y la duda en pensamiento?

 

CRUZ NÚMERO NUEVE

Elijo mostrar la pintura que cubre la sangre en la acera; la carcajada del niño descalzo y barrigón; la hermandad de los azotes de barrio; el vientre hinchado de vida, que sonríe con una cicatriz bélica; la poesía que supuran las calles después de las balas y lo kafkiano de una de ellas: las nueve cruces de los vecinos asesinados.

 

CARTUCHOS VÍRGENES

Se miraban entre los granos de luz y sombra que formaba la caja contenedora: la generación más joven de cartuchos de bala. Esperaban la iluminación al abrir la caja, como símbolo inequívoco; la prueba reina de su vocación de servicio. En el interior reposaban años de teoría sesuda y prácticas manidas, que poco o nada decían a los vírgenes entusiastas de trabajo. La putrefacción de sus conciencias era la enfermedad laboral inmediata al actuar, por única vez, como un cartucho de la patria.

 

EL RECICLAJE

Porque tenemos el primer puesto en la estadística latinoamericana de países con alimentación balanceada y suministro eficiente de rubros. – Escuchaba el abogado y padre de familia que, con bolsita en mano, rebuscaba en la basura algo de comida que reciclar.

 

LOS CORCHOS

Cada fecha merecía champán, cada corcho era un testigo del llanto y la risa. Guardaba un bolígrafo dentro del cofre negro sobre el buró; el corcho que abandonó a la botella de turno sería marcado con una frase, una fecha o un signo. Y así las experiencias se hicieron inmortales: RETORNO A CASA; OTRO CUMPLEAÑOS SIN TI; ESTE TAMPOCO ERA EL INDICADO; EL ÚLTIMO DICIEMBRE DEL SOCIALISMO-COMUNISMO; ¡YA NO IMPORTA, QUE SEA LO QUE DIOS QUIERA, SALUD!

 

TECLADOS

Se agotó la existencia de teclados mágicos; aquellos que infundían en sus usuarios la soledad, la duda y el hambre de comunicación silente y simbólica que embruja a cualquier escritor auténtico y salvaje.

 

CABLES DE TRAPO

A nosotros nos hablaban de cableado ascendente y descendente para designar los nervios. Cosas de la medicina. Mientras escuchaba los términos en boca de mi profesor, recordaba la vara de madera con la que mamá nos pegaba hasta sangrar. Concluí que con el tiempo mi cableado dejó de conducir electricidad. No se, quizás era el antídoto ideal frente al desprecio de quien más te ama.

 

 

Escrito por Verónica Vidal

Verónica Vidal (Coro, 1995) es editora adjunta de la Revista Literaria Awen (revista-awen.webnode.com.ve) y asesora de investigación intercultural del Instituto Pachayachachiq de Cusco, Perú (pachayachachiq.org). Escritora, locutora y actriz de teatro; actualmente cursa estudios de Artes Plásticas mención Fotografía. Ha publicado el poemario La Danza de los Mares (Palíndromus, 2017) y la plaquette Cartuchos Vírgenes (Ediciones Awen, 2018); forma parte de la antología de poesía venezolana ANT[ROP]OLOGÍA DEL FUEGO y es jurado del II Certamen de poesía venezolana Ecos de la Luz de la editorial Palíndromus.