Nunca pude pronunciar el apellido de Dolores O’Riordan. Es más, nunca lo recordaba, siempre que hablé de ella lo hice como: la cantante de Cranberries. Qué ingratitud. Lloré y me emocioné con las canciones de la banda pero bueno, no soy la única que ha levantado las manos como querer volar cuando escuchó Dreams. Pero no es de eso de lo que quiero escribir hoy. Cuando apareció la noticia del fallecimiento de Dolores, medio mundo (por lo menos en mi Facebook) posteó la noticia y canciones de The Cranberries. Siempre las mismas. Linger, Ode to my Family, Zombie…etc. Uno que otro más enterado publicó alguna canción de los discos más resientes.

Sin embargo, me dio un poco de tristeza que la mayoría de personas parece ignorar algo muy particular en ella, que tiene su firma personal…con dolor y lágrimas. Dolores O’Riordan tuvo una profunda sensibilidad con el sufrimiento humano durante la guerra… durante las guerras, sobretodo de las niñas y niños. En 1996, cuando yo tenía 15 años salió al mercado el tercer álbum de la banda “To the Faithful Departed”. No podía dejar de escuchar canciones como Bosnia o War Child. Me dolían y a la vez me sanaban. Quizá por el sufrimiento que yo misma sentí cuando niña, la soledad. Dolores me acompañaba y despertaba aún más la sensibilidad y esa desesperación de hacer algo por alguien que estuviera sufriendo.

Todas las letras de este álbum son de ella. Los críticos no le tuvieron mucha fe por ser un material “demasiado experimental”. Pero había un sentido que era demasiado poderoso: el disco refleja la necesidad de esta mujer de gritarle al mundo que la guerra solo trae sufrimiento y venganza. “I was moved by Bosnia and that morning in my hotel room I wrote the song in about 10 minutes – children suffer most of all whether it’s Bosnia or the Bogside. It’s sick. They’re so vulnerable”. (Dolores O’Riordan)

¿Quién recuerda a Aylan Kurdi? El niño de tres años que apareció ahogado en una playa de Turquía, tratando de huir de la guerra siria. Quién se acuerda de sus zapatitos o su pantaloncillo azul, su camiseta roja. Quién se atreve a cerrar los ojos y recordar la soledad, el silencio y el shock de Omran Daqneesh, en aquella ambulancia tras el bombardeo de Aleppo…Estoy segura que Dolores sí.

Y qué hace uno, que nunca ha vivido una guerra, que no puede dimensionar el sufrimiento, el miedo, la pérdida, el shock, el trauma. La sensación de que la vida no vale nada. Qué haces con el sentir de que de alguna manera, te miras al espejo y ves algo de todo eso en ti… Dolores escribió y cantó. Yo me pregunto: ¿qué pasa en cada ser humano después de la indignación?… No se por qué, no se cómo pero en mí, un pedazo muere con cada noticia de estas y no se me olvidan las piernitas frágiles de Aylan o los ojos de Omran, que son los niños que yo conocí… porque sí carajo, sí los conocí. Así que yo escribo, humildemente, tristemente, escribo.

Aquí dejo un poema que salió con rabia, escupiendo las palabras que me envenenaban. Un poema sobre la guerra.

 

Esta tierra es mía

Algún día
descansará
esta tierra
de tanto cuerpo inerte

Algún día
sólo quedará el polvo
y la niebla
en el eco de su nombre

Los años
se cuentan por segundos
y así el final
parece inalcanzable

la paz
parece inalcanzable

La tierra de la muerte
abraza la pólvora
que seguirá alumbrando
el dolor
de incontables generaciones

Esta tierra
descansará
sus seres
descansarán
será entonces
que la canción de cuna
abrazará al hijo
también a la madre

y sanarán

algún día

Se podrá sentir el silencio
el crisol
el florecimiento
de la vida por la vida

Y ella
tendrá tiempo de ser
de regenerar
de envolver el espíritu
de cuantos pisen
su membrana infinita

Hasta entonces
se confundirán
vivos y muertos
se mezclarán y amarán
hundiéndose
en las grietas
en el odio
que dejan
las bombas

y los escombros

(M.A.S., inédito)

 

Escrito por Melissa Allemant

Soy poeta, actriz y comunicadora social y he logrado desarrollarme en mis tres pasiones simultáneamente. He publicado dos libros. La noche abundante (Lustra editores, Perú 2011) y Siembra (Lustra editores, Perú 2015). Como actriz he trabajo en Perú, Guatemala y Costa Rica donde actualmente resido. La sensibilidad social me acompaña desde que tengo memoria y me ha permitido trabajar con personas en condición de vulnerabilidad en varios países del mundo. Soy la feliz mamá de Eva, de cuatro años.